Por Rubén Amón | www.elcultural.com/

Si empieza usted a leer este libro, no podrá abandonar las 385 páginas de texto real hasta concluirlas. Sólo esta capacidad de “enganche”, a través de una prosa jugosa, rica y ágil, bastaría para recomendar este Plácido Domingo, y ello a pesar de ciertas rémoras en el quehacer de este otro todo-terreno literario que es Rubén Amón (Madrid, 1969), periodista de casta, corresponsal y taurófilo.

A la facilidad de lectura, claridad expositiva y riqueza terminológica, se contrapone la sensación de totum revolutum que irradia el trabajo, obviamente redactado en un tiempo mínimo. Amón lo mezcla todo sin orden ni concierto, con estilo ameno y precisión en el vocabulario, pero saltando por la historia personal y profesional de Domingo sin atisbo de rigor cronológico. Quizá peor sean las repeticiones de historias, situaciones que se producen en varias páginas, pero éste es un fallo que no cabe atribuirle tanto al autor como a la editorial.

Lo mejor del libro se produce cuando Amón entra en aquello que le es propio, el periodismo de investigación, donde el seguimiento detectivesco de las peripecias o la abundancia de datos nos revelan al gran profesional de la información que es: es el caso de capítulos/historias como el posible advenimiento de Domingo a la gerencia del Metropolitan y las reacciones internas que ello provocó, el desembarco del proteico artista en el repertorio wagneriano en general y en Bayreuth muy en particular, o el andamiaje y trastienda de los Tres Tenores, en donde Amón va desvelando todo el origen, desarrollo y personas -con datos sorprendentes y desconocidos sobre esta materia- de los doce años del mayor fenómeno mediático que haya conocido la lírica. Dígase lo mismo de la encomiable búsqueda por parte del artista de la reconciliación con aquellos a los que pudo enfrentarse en un momento dado, como Carreras, Berganza, Pavarotti o el mismo Kraus, una faceta de su personalidad que Amón va dibujando con delicadeza y afecto.

El texto deja claro, desde el inicio, que Plácido Domingo es un titán, un “Hércules” de la música -cosa que muy pocos pondrían en tela de juicio- y Amón defiende esta idea hasta la última línea, con tenacidad tal que cualquier claroscuro, debilidad o carencia del personaje -que tanto enriquecerían la imagen global del ser humano- nos es drásticamente vetado: los muy variados testimonios críticos, por ejemplo, que en el curso de los años han planteado reservas a la actividad del artista no alcanzan ni la cita en el libro que se reseña, acaso no voluntariamente hagiográfico, pero que deviene, página a página, en panegírico al borde del himno.

El recorrido por la evolución de ciertos papeles -en total, 134 personajes, algo que bordea la frontera de lo sobrenatural- incorporados por el tenor madrileño, como el Otello verdiano -en donde sale hasta Laurence Olivier-, el Parsifal de Wagner o la dualidad Javier/Vidal de la Luisa Fernanda de Moreno Torroba, constituye un fabuloso trabajo de pesquisa, erudición y hasta de repertorio anécdótico. El resumen es claro: libro de escritura modélica y certera cadencia narrativa, desordenado y brillante, con plúrimas referencias novedosas y esclarecedoras sobre el personaje de Domingo, y que se constituye en la más amena e informada hagiografía sobre el universal artista.