Vía: ABCdeSevilla.es | Por jesús garcía calero

El gran tenor habla con ABC de la superación de su embolia y de cómo le ha impresionado la solidaridad de los españoles ante la tragedia de Santiago

Plácido Domingo

Plácido Domingo

Nunca se detiene: Plácido Domingo sigue fiel a su lema: «Si descanso, me oxido» y solo ha dejado de cantar unas semanas por prescripción médica, después de sufrir una embolia pulmonar el pasado 8 de julio. Aunque estos días no cantaba, ha acudido al Teatro Real como espectador, a una audiencia con el Rey, ha viajado por España y Portugal y también ha visitado al Real Madrid de sus amores. En Valdebebas se le vio con sonrisa de niño e ilusión intacta mientras saludaba al nuevo entrenador y a los jugadores, especialmente a Cristiano Ronaldo. Habla de ellos con gran admiración.

Su llegada agita la calma matinal y casi lacustre del lujoso hotel madrileño donde concertamos la entrevista. La directora acude a comprobar que encuentra todo perfecto y su presencia en el lobby atrae a un grupo de conocidos empresarios que le saluda y le pregunta por su salud. El tenor es muy querido, se muestra afable con todos. Se preocupa por todo: «¿No molestamos aquí?», dice al posar junto a una puerta para las fotos.

Con Domingo se rompió el molde: es un caso único, un músico que ha pulverizado estadísticas con una carrera admirable. Domina papeles de 150 óperas, ahora estudia personajes de barítono ciñendo como un guante las posibilidades que la edad ha regalado a la tesitura de su voz, un instrumento prodigioso de fuerza expresiva y verismo sin parangón que ha emocionado ya a varias generaciones: «He cantado ya diez años más de lo que nunca pensé», nos dice, con 72 años. Mirándole, está claro que la famosa Marca España debería tener su cara y su voz. La actividad de los viejos roqueros palidece ante su agenda. Es su lema: «If I rest, I rust».

–¿Se encuentra bien del todo?

–Creo que sí. No siento dolores, siento de nuevo que la voz está ahí. La cuestión es el apoyo, claro, porque siendo una afección de pulmón, que es la máquina nuestra… para un cantante es fundamental.

–¿Retoma ya una actividad normal?

–Sí, reinicio en Salzburg. Haremos Giovana D’Arco, de Verdi, en versión de concierto. Es una buena prueba. No es una obra escenificada, es todo concentrado en el canto. Los últimos dos o tres días he estado cantando bien. Es como cuando te estás entrenando en deporte. Ha ido bien, pero ahora…

–La competición.

–…El próximo examen. Dos ensayos con piano. Dos más con orquesta. Después el ensayo general y después las tres funciones.

-¿Qué tal vio «Il postino» desde la butaca?

–Ha sido muy frustrante. He ido al teatro mientras convalecía porque quería estar con mis compañeros, y ver el debut de mi nieto. Estuve incluso en la última función para despedirme. La gran alegría es que al público le ha gustado. Y el teatro está contento.

–Su vitalismo parece una decisión.

–Por supuesto, lo es. Es fundamental el entusiasmo y la pasión, es lo que me mueve.

–Pero, ¿usted funciona con la misma gasolina que los demás?

–(Risas) Yo creo que llevo la misma. Siempre digo que el peso lo llevas en tus espaldas y parece ser que las mías aguantan más que las de otros.

–¿Hasta que punto le ha hecho pensar el bache de salud? ¿Va a frenar?

–He pensado bastante. Ahora mismo tengo en Verona mi concurso de Operalia. Allí cantaré Nabucco, y tengo comprometidas dos galas: una de Wagner y Verdi y la gala de Operalia. Pero es que además tengo que dirigir dos Rigolettos y una Aida. Pues mire: estoy pensando en dejar los Rigolettos, porque en primer lugar viene muy pegado a otro concierto y el tiempo para ensayar hace que todo sea muy intenso. En situaciones normales lo habría hecho, pero creo que debo de concentrarme a lo que sea más importante. Además tengo dos viajes largos, de muchas horas, en esos días. Y por eso estoy tratando de rehacer este periodo, pero después seguiremos igual, lo mismo que hasta ahora.

–A usted le dará risa si le comparan con Bob Dylan y su gira continua.

–(Risas) Vamos a decir que la única diferencia es que ellos hacen un concierto en un lugar y luego viajan y lo repiten en otro lugar. Descansan un día y hacen dos más. Eso no lo podemos hacer nosotros, porque el cantante de ópera no puede –y aunque pueda no debe– cantar dos días seguidos. La voz necesita descansar. Pero no creo que haya en el mundo artístico otro trabajo que marque compromisos con tanta antelación.

–¿Por qué?

–Un actor, por ejemplo, cuanto termina una obra de teatro acaba un periodo largo de trabajo diario y después tiene que buscar si hace una película, otra obra, televisión… Eso le puede llevar meses. Lo nuestro es ir de un lugar para otro. He estado tres semanas en Madrid, ahora voy dos a Salzburgo, y luego Verona otras dos semanas.

–¿Podemos soñar con venga más a Madrid? Hay a quien le encantaría que Domingo dirigiera el Teatro Real…

–Vengo más que nunca a España. A pesar de que este año no he podido cantar en Madrid por mi afección, sí lo he hecho en Valencia y en Sevilla. Y el año que viene tendré actuaciones en Valencia, en el Liceo y, claro, en el Real. O sea que cada día estoy viniendo más.

–Ya pero, ¿dirigiría el Teatro Real?

–Me entusiasmaría, pero hay una cosa… Yo acepté dirigir dos teatros, primero en Washington y ahora en Los Angeles. En Washington, como no tiene nada que ver con algo gubernamental, yo he sido director del teatro en las administraciones de Clinton, Bush y Obama. O sea que no hay ningún cambio.

–¡Qué envidia da eso desde España!

–Es que en España ser director de un teatro te puede conllevar que esté manejado políticamente. No tienes la seguridad de lo que puedes hacer. En EE.UU. la gente se entusiasma de que estés ahí y la misma sociedad se reúne y organiza contigo, y tienen buenas desgravaciones fiscales, ayudan al teatro, ponen fondos para una producción nueva, o para hacer algo en televisión. Es un mundo diferente

–Promoviendo el mecenazgo la sociedad civil se implica más, se hace más creativa. ¡Aquí hasta esa ley se ha retrasado con la crisis!

–Exactamente. Y no quisiera yo toparme con algo, que empiezas a ser director de un teatro y resulta que a los dos años ya no lo puedes hacer.

–En España tenemos ese problema de la invasión de lo político en casi todos los ámbitos de la vida. ¿Es especialmente nocivo en la cultura?

–Ese es el problema. Todo resulta dudoso, no hay nada fijo y no puedes hacer cosas.

–Parece que solo nos une el fútbol. ¿Tiene la impresión de que la política tiñe la ópera en España actualmente?

–Tiene una explicación lógica. Cada partido que llega al gobierno toma sus decisiones. Ahora, en el caso del Teatro Real, también los gestores toman decisiones: ahí está Gregorio Marañón. Pero tampoco se puede saber mucho qué pasará, porque si viene un ministro de Cultura con otras ideas las va a realizar. Cada quien tiene sus ideales y esta es la razón por la que yo creo que sería difícil implicarme en ese papel. Pero yo vengo a cantar encantado y quiero al Teatro real con toda el alma, como antes al de la Zarzuela. Como si fuera mi casa. No he tenido problema con ninguno de los directores, siempre nos hemos puesto de acuerdo para hacer las cosas. No hay nada que no me hayan dejado hacer. Artísticamente estoy muy contento. Pero de lo otro, Dios dirá. Porque existe ese problema.

–Cosecha mucho cariño por donde pasa. Siempre ha estado abierto a otros ámbitos, hizo discos con John Denver y otras figuras, y además de teatros le ha gustado siempre llenar estadios. ¿Qué le ha aportado esa inclinación a no cerrarse en la ópera?

–En todas las épocas ha habido un cantante que ha querido, y se lo han pedido, estar en otras actividades, como Caruso, como Fleta, como Tito Schipa, Chaliapin… eran muy populares y les pedían hacer algo más. Esto empezó en una época en la que había programas como el de Johnny Carson, cuando se empezaron a interesar por cantantes como Beverly Sills o Luciano Pavarotti, y nos empezaron a pedir cantar. El público empezó a escuchar ópera y a interesarse. Además se ha hecho mucha ópera por televisión. De hecho todavía me piden los promotores que cante de vez en cuando con alguna figura popular, lo que se llama “cross over”. Yo estoy encantado.

–…Y los Tres Tenores cambiaron la percepción de la ópera en el mundo.

–Fue extraordinario, fue algo que ganó mucho público. En aquellos días si hablabas de los Tres Tenores te reconocía gente que le gustaba la ópera. Hoy dondequiera que vas te reconocen, no solo en tu país, en todas partes.

–¿Cómo es posible no perder pie cuando se vive en esta vorágine, cada semana en una ciudad distinta?

–Por dos cosas: la gran pasión que me anima y la consciencia que tengo y de la que no me separo de que esto se puede acabar en cualquier momento. Yo llevo una carrera en la que he cantado al menos diez años más de lo que yo creí que iba a cantar. Aunque me pueda quedar boquiabierto, me doy cuenta de que en una semana todo eso se puede acabar. Vamos a poner que estoy bien de salud pero que la garganta diga «hasta aquí». Soy consciente de eso y aprovecho cada día más lo que hago.

–Es un «carpe diem». Pero, ¿le costará tomar la decisión cuando llegue el día?

–La decisión de dejar de cantar será difícil, pero hay que tomarla. En el momento de que tú no puedas cantar más tendrás que darte cuenta tú, porque si se da cuenta el público está mal. Tú tienes que ser el primero que quieras retirarte cuando el público está aún contigo y llena el teatro para verte.

–¿Y la crítica, cómo se lleva con ella?

–Siempre hay alguno en contra, no hay remedio. Es muy especial. Yo he tenido suerte con la crítica, casi siempre me ha valorado mucho.

–Una mala crítica ¿no es también un aguijón?

–Sí, eso sí, aunque no falta tampoco alguno que lo que te dice es que ya no debes cantar. Todo el mundo piensa como quiere. Aquí lo importante es la balanza, y el porcentaje de las personas que me quieren seguir oyendo es muy grande. No le voy a dar el gusto a dos o tres personas (risas) mientras yo sepa que lo que estoy haciendo al público le gusta y yo me sienta bien.

–Hay un momento muy doloroso en su vida, con el terremoto de México, cuando perdió a varios familiares. Pero ¿de aquel dolor surgió su empatía, no se ha convertido aquel dolor en el cariño inmenso que usted convoca?

–¡Ojala y nunca hubiera ocurrido aquello! Me vi dentro y es cierto que me ha acercado mucho a la gente, sobre todo en México. Aquel dolor te empuja de algún modo. Siempre quieres hacer más. El otro día, estando en España, con la tragedia tan tremenda e inverosímil que nos acaba de ocurrir. El primer impulso era haber ido a Santiago. Luego pensé: «¿Qué vas a hacer allí, Plácido, si no vas a poder ayudar y ya está todo el mundo? Igual es negativo y piensa alguien que vas para hacerte ver».

–¿Qué le impresionó más?

–Que todos los ciudadanos se han comportado de una manera tan extraordinaria. Si hubiera estado allí hubiera hecho todo lo que hubiera podido. Ha sido algo tan terrible…

–Usted nunca ha dejado de ayudar con su fama. En México hay un modelo de casas que llevan su nombre.

–Cuando el terremoto yo estaba en Chicago. Tenía que cantar, pero no me podía comunicar con nadie. Imagínese. Finalmente pude hablar con mis padres, que estaban bien, pero también supe que uno de los edificios se había caído, justo donde estaba mi familia, un sobrino y su mujer y su pequeño y dos tíos míos. En cuanto pude me fui para allá y decidí quedarme el tiempo necesario para ayudar. Y después todo un año estuve dando conciertos benéficos.

–Aquella imagen suya dio la vuelta al mundo y le puso cara a la tragedia. Qué lección no se olvida de una experiencia tan dura.

–¡Dios mío!, tendríamos que quitarle importancia a tantas cosas que no la tienen… Porque en cuestión de segundos ves la tragedia de 80 familias, como ha sido el caso en España. Es algo importante, tenemos que pensar mejor la vida, tratar de ser más generosos y menos egoístas. Vivir también y aceptar cosas. ¡Le damos una importancia a lo que no lo tiene!

–Pocas veces imaginamos que nos va a tocar.

–Pero mire las noticias, lea los periódicos todos los días. Por todas partes se cuecen habas. En el caso del accidente es importante que se establezca, que quien tenga que decir el «mea culpa» lo diga y adelante con España.

–En España tenemos experiencia de cálculos e intereses políticos tras situaciones graves como el accidente. Al menos los líderes políticos han aparecido esta vez juntos.

–Creo que tenían que estar, eso es indispensable. Lo han hecho y bien. Creo que ha sido una muestra más de lo que debería ser España. Si en España el dolor nos une así, ¿por qué no podemos estar unidos todos los días para salir adelante?

–¿Cómo nos ven desde fuera, cómo no nos vemos desde dentro?

–Tenemos una gran nación, muy grande, y yo estoy seguro por lo que oigo, por lo que se habla en Europa, gente muy importante, que a final del 2014 o principios del 2015 la economía de España va a ser tan importante como la de Alemania. Pero, claro, está la cuestión de los parados.

–Eso no será tan fácil de cambiar. ¿No cree?

–¿Qué le puedes decir a una persona que no tiene trabajo? Le puedes decir eso, que a final del 14 la economía va estar mejor, pero no tienes la seguridad, no sabes si su problema va a continuar.

–¿Es optimista informado?

–Es que vamos a tener muchas oportunidades de exportaciones y de conexiones con muchos países. Pero fíjese, creo que es necesario para muchas personas españolas ahora salir del país. Buscar oportunidades y conseguir un bagaje. Están buscando técnicos. Muchos que tendrán que hacerlo.

–La preparación no es el problema. ¿Cuál es en su perspectiva?

–Pero claro. Mire, todos estos problemas podemos superarlos. Lo más importante aquí es la frase que le decía: Lo mismo que en el dolor España se une, tendríamos que estar unidos todo el tiempo para que este país funcione de la manera más extraordinaria.

–¿No será que nos vemos peor de lo que somos, que miramos este país maravilloso con complejos?

–Es un poquito natural. A veces desde dentro es más difícil de percibir el total. Sin embargo como a poca gente al español le es difícil irse a otros lugares. El español ama su terruño, ama su región, muchos son muy nacionalistas. Es difícil decirlo. De algún modo sí aprecia lo suyo, pero luego hay cantidad de problemas y está la cuestión política. Hombre, hay un gobierno y una oposión y tiene que ser así, es difícil que la oposición esté de acuerdo.

–Pensando en Operalia, usted tiene una versión más integral del talento, ¿qué herramientas cree que deben desarrollar los jóvenes?

–El altísimo nivel que viene a Operalia es increíble. Las herramientas las tienen y lo que hace falta es darse cuenta de que el problema es diferente. Hay una cantidad de buenos cantantes impresionante y la competencia es muy grande. Pero en algunos casos no. Por ejemplo, buscar el tenor, el barítono, la soprano verdiana ya es un problema más grande. Se encuentra más fácil la voz más ligera. Sopranos coloratura no faltan, son maravillosas, pero las voces más graves no se encuentran tanto. Ahora la preparación musical, intelectual e, inclusive, histriónica que tienen los jóvenes es imbatible.

–Con ellos la ópera esta muy viva.

–Sí, lo está y lo va a seguir estando. Mientras el ser humano tenga sensibilidad, mientras no seamos máquinas o nos conviertan en robots… vivirá para siempre. ¡Lleva más de 400 años!

–Con una carrera como la suya (cantante, director, gestor, cazatalentos…) ¿cómo se contempla el error, el error propio y el ajeno?

–El error propio es lo primero que tienes que ver, casi intuir. Todos en la vida cometemos errores y nos equivocamos, y lo importante es detectarlos, aceptarlos y corregirlos. Y el error ajeno es más fácil de ver, porque todos vemos antes la paja en el ojo ajeno, pero para el error de otros hay que ser generoso.

–¿Con el halago cómo es usted?

–Estoy contento de que la gente esté contenta con lo que hago. Pero, cuando me llega, cambio de tema rápidamente. ¿Os ha gustado? ¡Qué bien, lo celebro!… y a otra cosa.

–¿Es un torero del halago?

–Sí (ríe), soy un poco tímido y cambio de tema. Y si no estoy satisfecho con lo que he hecho también se los digo. Aunque ellos no me lo digan o algunos no lo hayan detectado, yo sí, y prefiero decírselo.

–Si tuviera una máquina del tiempo para ir al estreno de la ópera que más le habría gustado presenciar, ¿cuál elegiría?

-¡Aayy! Pues iría al de Don Giovanni de Mozart, que fue en Praga. La Manon Lescaut de Puccini, en Torino, y, sobre todo, el Otello de Verdi, que fue en la Scala y tuve la suerte de cantarlo allí en la Scalla justo 100 años después. Esos serían mis tres sueños.

–Hay libros que nos dicen cosas distintas si los leemos tiempo después. A usted, que vive en la fábrica de las óperas, ¿le pasa lo mismo con los personajes en distintas etapas de su vida?

-Vamos a poner el Otello. Cuando lo canté el 28 de septiembre de 1975, vino toda la crítica del mundo a Hamburgo y fue en general extraordinaria. Pasan cinco años y sigues haciendo Otello, vas madurando y pensando en otras cosas. Te vas a 25 años más tarde y haces, como yo hice, el centenario del estreno de Otello en la Scala, inauguraciones del Metropolitan, en Munich, en Viena, en Londres o Buenos Aires, y te dices: «Aquel Otello fue muy bueno pero lo que estoy haciendo ahora es otra cosa». Con la madurez siempre se puede ir a mejor, si tienes las posibilidades vocales. Encontrando nuevas facetas dentro del personaje.

–¿Cómo las halla?

–Es lo más maravilloso del teatro, nada es repetible. Incluso dentro de una misma producción. Yo tendría que haber hecho cinco funciones de «Il Postino». Si eres parte de un espectáculo aunque repitas el mismo movimiento algo cambia. Hay que ir de un lado a otro del escenario y a lo mejor el público no lo nota, pero mi familia, personas que han visto las cinco funciones me lo preguntan: oye Plácido ¿que has hecho hoy, en qué pensabas…? El secreto es que buscamos algo que emocione más al público, que te sale un día.

–¿Surge de emociones propias?

–Exactamente.

–¿Cómo quiere ser recordado?

–Con lo que cada persona haya visto en mí, especialmente si es positivo. Que se acuerden de las horas que les he hecho disfrutar.

–¿Cuál es su desafío en estos momentos?

–Mi desafío es volver a cantar. Estoy ahora cantando el repertorio de barítono y me gustaría tener tiempo para cantar las obras que quiero hacer. Nunca he pretendido ser un barítono dramático pero estoy encontrando ahora más colorido en mi voz. Llevo cantadas cinco o seis óperas del repertorio verdiano y el público las está aceptando. Ahora haré «Giovanda D’Arco» y el «Trovador» este año. En 2014 «Hernani», «Macbeth» y «Luisa Miller». Tengo muchas obras a las que espero poder llegar. Ahora, si no pudiera porque la voz dice que no, estaré contento de todo lo que he hecho porque ha sido una carrera muy amplia.

«Seremos otra vez campeones del mundo»
«Si yo me voy mañana a Salzburgo y me doy cuenta de que todavía no estoy listo para cantar me iría a Los Angeles para ver los entrenamientos del Real Madrid y dos o tres partidos». Así de claro lo tiene el cantante. El fútbol es el bordón de su propio corazón. Allá donde esté, esta su pasión por la selección española y, sobre todo, por el Real Madrid.
–¿El momento es más de Ronaldo o de Ancelotti?
–Yo les deseo todo lo mejor del mundo a Ancelotti y a todos los jugadores. Pero Ronaldo es Ronaldo. Es el jugador más extraordinario, y más ingenioso. Va a ser un año bueno para él.
–La competencia es con Messi
–Desde luego, están los dos. Messi es genial, pero a mí me gusta ese alarde físico de Ronaldo, que de repente sale con una carrera que parece toda una manada de búfalos él solo. Y ha sido un jugador que, aparte de la cantidad increíble de goles de los dos últimos años, ha cambiado completamente. Tiene una generosidad que antes no tenía, juega con todos. Se ha dado cuenta de que no solo es la afición del Real Madrid, de que incluso a quienes no lo quieren les gusta verlo jugar.
–¿Qué le diría al nuevo entrenador?
–Nada. Es un gran técnico. La única situación que me preocupa es que yo soy un eterno admirador de Casillas, pero me doy cuenta también que Diego López lo ha hecho muy bien. Pero mire, en todo un año hacen falta dos buenos porteros. Lo que pasó cuando Arbeloa lesionó a Casillas puede ocurrirle a cualquiera y entonces se ve claramente lo bueno que es que haya otro portero ahí.
–¿Por quién apostará Anceloti?
–Creo que empezará la liga Casillas, pero hay lugar para los dos.
–También le gusta mucho la selección…
–Sí. Y me da mucha alegría ver la juventud y la cantera que tenemos. Maravillas como Isco, Carvajal, Illarramendi y tantos que van a venir. Tenemos a la Sub-19 jugando muy bien y creo sinceramente que podemos ser otra vez campeones del mundo. Yo lo creo así. Dentro de todo, que tenemos genios, necesitamos a mi entender un poquito más de fuerza física en algunas posiciones, en el medio campo. Para ir arriba, para rematar corners…
–Oiga y si no pudiera ir con la máquina del tiempo al estreno mundial de Otello, ¿a dónde iría?
–Nunca me habían hecho esta pregunta. No me lo he planteado… Pero seguramente me hubiera gustado estar, en los años cincuenta, en las 5 copas de Europa que el Madrid ganó seguidas. Yo estaba entonces en México y me hubiera encantado.