Vía: www.notediclassica.com | Traducción: Jhon Isaac Requena N

En vísperas de la Semana Mayor la Orquesta Gran Mariscal Ayacucho en su V Temporada de Música Sacra, nos presenta en Caracas una joya de la Música del Ottocento: “Messa Di Gloria” de Pietro Mascagni, en fa Mayor para tenor y barítono, coro y orquesta y que estará bajo la batuta del Maestro Ángelo Pagliuca.

En esta oportunidad serán las voces de Gaspar Colón (Barítono) y Juan Luis Domínguez (tenor) como solistas, el Coro de Ópera del Teatro Teresa Carreño, Kelvin Aponte, concertino y Alejandro Morales quienes ejecutaran el solo de violín y 80 músicos le darán vida a esta bellísima messa.

Podrán disfrutarla en dos únicas funciones, primero a las 6:30pm del sábado 19 de marzo en el Templo Don Bosco de Altamira acompañando la liturgia y la segunda función en la Sala José Félix Ribas del Complejo Cultural Teresa Carreño a las 4pm del Domingo 20 de Marzo, con entradas a la venta en las taquillas del teatro.

La “Messa di Gloria”, compuesta en Cerignola en 1888, está en la línea de la buena tradición “ottocentesca” de la música sacra italiana, antes de la reforma operada por Don Lorenzo Perosi.

Esta “Mesa” juvenil demuestra el talento arrollador y enérgico de un compositor capaz como pocos de dar forma a la meditación patética en el sentido de una emoción religiosa más que litúrgica e espiritual, en tanto es intrínseca al apasionado compromiso íntimo y humano.

La polifonía esta casi del todo ausente: domina en la partitura coral una masiva homofonía, en parte declamatoria. En los grandes solos (las voces son aquellas del Tenor y Barítono) se despliega una partitura vocal en la cual la mágnifica invención melódica proporciona elementos de una gran riqueza expresiva, raramente retórica. A menudo hay lugar para amplios interludios; entre el Sanctus y Benedictus, como sorpresa, aquí una verdadera y original “romanza” para solo de violín, con una cadencia virtuosísima para concluir.

Para la época de los primeros montajes, entre 1888 y 1891, no faltaron criticas severas las cuales subrayaban la ausencia de un estilo sacro y la persistente presencia de una escritura dramática de gusto operístico. La critica moderna habla de ingenuidad, en realidad la Messa es un producto absolutamente original, impregnada profundamente del estilo mascagniano.

Con esa misma frescura melódica que se extiende en toda la partitura; así mismo decidió inventarse una música para iglesia que fuera popular y eficaz. Las exigencias de la liturgia aquí están distantes, sin embargo no comprende un tono “profano”, la autentica inspiración garantiza la “contemplación espiritual” que Mascagni había teorizado a partir de 1900

No hay tal vez una devota oración en esta misa, pero sin duda hay una expresión de fe verdadera, muy humana y vibrante de emoción.