Vía: caracol.com.co | Concha Barrigós

Madrid, 13 ene (EFE).- El mundo, más que “templado”, está “caliente”, sin tiempo para la reflexión “que precisa cualquier decisión que afecta a la gente”, asegura el pianista francés Pierre-Laurent Aimard, que llega ahora a España en su gira mundial de presentación de “The Well Tempered Clave. I”, dedicado a Bach.

“La civilización sufre un problema recurrente, siempre en tensión con su parte menos ‘desarrollada’, que a veces gana y a veces pierde. Lo importante es saber si el mundo tiene directrices claras, si está preparado espiritualmente para afrontar esos vaivenes”, asegura el lionés en una entrevista con Efe.

Aimard lleva desde julio de gira por el mundo con el repertorio de su nuevo disco, un doble CD con el repertorio icónico de Bach, que hoy presentará en el Auditorio Nacional de Madrid y el día 15 en el Palau de la Música de Barcelona tras pasar por el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo (norte) y el Kursaal de San Sebastián (norte).

“Es necesario que, después de cosas como la sucedida en París -Charlie Hebdo-, el mundo vuelva de nuevo a tomar conciencia de lo importante que es el valor común de la civilización, de su trascendencia esencial”, propone.

El pianista (1957) decidió tomarse un año sabático -en realidad, siete meses-, para tener “el tiempo preciso” para hacer este disco, muy esperado tras el éxito de “El arte de la fuga” (2008).

“Si yo me lo he tomado, no sería mala idea que los políticos, los líderes económicos y, en general, todos aquellos que tienen que tomar decisiones que afectan a la gente, pararan para pensar y concentrarse en el trabajo que tienen por delante. Hay que reconquistar el poder de la reflexión antes de la acción”, se ríe.

Su tiempo sabático, precisa, fue “funcional, necesario y deseado para la buena nutrición” de su “mente musical”.

No solo quería salirse del torbellino de las giras y los conciertos, tanto por carga de trabajo como por su exigencia emocional, sino porque necesitaba “comprender el tiempo de Bach, absorberlo”, adaptarse a su latido compositivo.

En la grabación para Deutsche Grammophon del primer volumen de “El clave bien temperado”, de Bach, Aimard, con elocuencia imaginativa, visión poética y la pureza y profunda comprensión de la obra que le caracteriza, abarca el “microcosmos” del compositor, desde la quietud sublime de su “Preludio en Do mayor” hasta los giros laberínticos de la fuga final en Si menor.

“Hay una sola verdad: Bach es un hombre rico en su complejidad. Con una obra como esta, hay muchas formas de codificación, de capas. A pesar de todo, de esa gran dificultad, Bach da un mensaje totalmente natural y lo hace con facilidad. Nutre, de forma unificada y constructiva, todas las dimensiones humanas, espirituales, intelectuales, sensuales… Es extraordinario”.

Tiene, sostiene, un registro incomparable, que se enriquece a sí mismo, humano en la mayor parte, con una técnica muy exigente, porque requiere “mucha versatilidad y flexibilidad para no bloquear toda su riqueza, para que emerja naturalmente”.

Son 48 piezas de color y carácter diferentes, una suma emocional y artística en la que, asegura, cada noche de concierto encuentra matices y “sorpresas” y para las que “no sobra” tener ya “una cierta edad”, porque así se comprende aún mejor la arquitectura y la pedagogía del trabajo de Bach.

“Su música siempre es diferente, una aventura de gran gestualidad. Se dirige a todos los seres humanos, de todas las edades. Es una música para el desarrollo del individuo y por eso -propone- escucharlo debería ser obligatorio”.

Encuentra “extraordinario” que Bach haya escrito toda clase de obras, desde las religiosas o sociales, a las familiares o “divertentes”, “o las destinadas al placer de la composición por la composición”.

Aimard es un caso “raro”, porque es casi tan conocido por sus interpretaciones contemporáneas como de música clásica.

“No comparto la idea de que la música contemporánea sea más difícil, pero es verdad que todo lo que no se conoce, lo que nunca se ha oído requiere más esfuerzo. En el fondo, lo que ocurre es que el mundo está acostumbrado a no hacer esfuerzos por nada y menos intelectuales”, lamenta. EFE