Xian Zhang vive en Italia, tiene un marido que cuida a los hijos y lleva las riendas de dos conjuntos: la Sinfónica de Milán y la New Jersey Orchestra. Es una directora china que mide apenas 1,50 y quiere comerse el mundo. En abril debutará al frente de la Orquesta Nacional de España

Vía: www.elcorreo.com/ Por ISABEL URRUTIA

Quería ser pianista pero se lo quitaron de la cabeza en cuanto cumplió los 16 años. En China no hay tiempo que perder. Los minutos son oro y saltaba a la vista que ella no daba la talla. Demasiado frágil y diminuta según los cánones del Conservatorio Central de Pekín. «Todos mis profesores eran muy altos y grandes», puntualiza entre risas Xian Zhang (Dandong, 1973), cada vez que se le pregunta por las razones que la llevaron a dejar el teclado.

Ninguno de sus tutores tenía como modelos a pianistas de las dimensiones de Daniel Barenboim (1,68) o de nuestra Alicia de Larrocha (1,45). En la patria de Mao Zedong se preferían las hechuras rusas, al estilo de los portentosos Sviatoslav Richter o Tatiana Nikolayeva, que con el debido entrenamiento muy bien podrían haber sido campeones de lucha grecorromana. ¿Qué alternativa le quedaba? Era demasiado tarde para retomar otro instrumento. Con poco más de 1,50 de altura y escasa fuerza en los brazos, se le aconsejó que se limitara a llevar el compás con la mano derecha. Y para los matices, ya estaba la izquierda. A nadie le importaba que lo que de verdad le apasionara fuera la arquitectura. Su camino ya estaba trazado y no podía permitirse el lujo de perder el compás.

Xian Zhang había empezado a tocar el piano con apenas tres años, en el regazo de su madre. No concebía mejor manera de mostrar todo su cariño que obedecer. Practicaba delante del teclado más de ocho horas al día. Todo fuera por alegrar la vida de sus mayores. La Revolución Cultural (1966-1976) hizo añicos los sueños de gloria de la madre pero ahí estaba la chiquitina para compensar las amarguras de una pianista frustrada. Máxime porque las circunstancias históricas se aliaban para que se volcara en el estudio. Más todavía.

Tenía cinco años cuando el Conservatorio Central de Pekín reabrió sus puertas, en 1978, al poco de la muerte del ‘Gran Timonel’ y la consiguiente pérdida de influencia de su última consorte, Jiang Qing. El mundo respiró de alivio con la desaparición de esta pareja tan marcial y expeditiva. A rebufo de la locura de ambos, en 1966 se habían cerrado los centros de enseñanza musical y en los auditorios se proscribió la interpretación de obras occidentales. En aquellos tiempos, cuando la Revolución Cultural campaba por sus respetos, solo se admitía la interpretación de óperas de corte revolucionario como ‘Destacamento femenino rojo’ o ‘La toma de la montaña del tigre’. Y en lo tocante al repertorio puramente instrumental, se tocaba hasta la saciedad el Concierto del Río Amarillo, una adaptación para piano de la cantata de Xian Xinghai (1905-1945) que -todo hay que decirlo- no carece de méritos musicales.

No estaría mal que Xian Zhang se planteara dirigir la Cantata de Xian Xinghai (o la adaptación para piano) en alguna de sus próximas visitas a nuestro país. De momento, viene en abril para debutar con la Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional. Ha elegido la Misa Glagolítica de Janácek y el Concierto para violín de Chaikovski, que ejecutará su compatriota Ray Chen, con gran expectación entre los aficionados de la capital. No se ve todos los días a una directora que tiene nacionalidad china. Son bien conocidos los pianistas como Lang Lang, Yuja Wang y Li Yundi pero la pujanza del llamado Imperio del Centro no se constriñe al teclado. El dragón asiático no ha hecho más que remontar el vuelo, musicalmente hablando.

Actuación de Lang Lang y el pequeño Marc Yu (Fantasía D940, de Schubert), buen ejemplo del estilo y maneras de las nuevas generaciones en China.

Desmarcarse de la plebe

Cuando la Revolución Cultural tocó a su fin en 1976, cerca de 18.000 alumnos solicitaron su ingreso en el Conservatorio Central de Pekín. Y no había disponibles más de 100 plazas. Entre los postulantes, nombres tan señeros como Tan Dun (futuro ganador de un Oscar por ‘Tigre y dragón’) y Chen Qigang (último alumno del mítico Olivier Messiaen y ciudadano francés desde 1992).

En la actualidad los chinos pugnan por desmarcarse de la plebe y beber las mieles de la gloria y la opulencia. El individualismo hace tiempo que se ha puesto de moda y cotiza muy alto. Los chinos quieren ser solistas, nada de compartir la fama y los beneficios; por eso no terminan de cuajar las agrupaciones de cámara y -a mayor escala- las sinfónicas se mueven dentro de unos baremos aceptables y punto. Algo que no afecta a una profesional como Xian Zhang. Hace tiempo que juega en otra liga. Lleva 18 años fuera de su país, habla inglés como si fuera su lengua materna y ha tomado las riendas de dos orquestas: la Sinfónica de Milán y la New Jersey Symphony Orchestra. Pero eso no es todo.

A esta mujer amante de la pasta (para comer) y la ropa masculina (para llevar puesta) le sobra tiempo para emprender más aventuras. También ejerce las funciones de directora artística de la Dutch Orchestra y la Ensemble Academy, sin olvidar sus compromisos como batuta invitada de la BBC National Orchestra de Gales. Puede que le haya costado aprender a gestionar su tiempo (hace ocho años dejó en la estacada a la Sioux City Symphony), pero ahora anda embalada y feliz. Tiene casa en Milán, donde su marido -un ingeniero chino reconvertido en novelista- se encarga de cuidar a los dos hijos que tienen en común.

A Lei Yang, de 47 años, no le importa mantenerse en un segundo plano. En cuanto su mujer ganó el Concurso Internacional Lorin Maazel, allá por 2002, le aconsejó que se arrimara a la sombra del director de orquesta francoamericano. Buscaban estabilidad y proyección internacional, que no tardaron en llegar: Xian Zhang fue la primera mujer en ponerse al frente de la Staatskappelle Dresden en 2008 y, poco más tarde, en 2009 hizo lo propio delante de la Sinfónica de Milán Giuseppe Verdi.

No obstante, a pesar de la distancia y compromisos en el extranjero, se niega a cortar el cordón umbilical. Mantiene una relación muy estrecha con China, ya sea con las orquestas o los compositores, aunque no todos tengan el nivel de Qigang Chen y Tan Dun. No guarda ningún rencor. Ni los métodos pedagógicos que sufrió ni la imposición de la profesión le han pasado factura. Es una de las directoras más activas, solo por detrás de la estonia Kristiina Poska y las neoyorquinas JoAnn Falletta y Marin Alsop. Ha recorrido un largo camino desde su ciudad natal, Dandong, muy conocida por la industria del lino y el ginseng. Suavidad y energía a partes iguales. Así se hace valer Xian Zhang, puño de acero en guante de seda. Como la seda y el ginseng, perfectamente exportable.

Nada que ver con Kris Phillips (o Fei Xiang), un artista sin norte que no ha conseguido hacerse valer en Occidente. De muy poco le ha servido su condición mestiza, medio chino, medio estadounidense. Es un cantante que, con 55 años, todavía agita la bandera roja y se mantiene fiel a la televisión popular de Beijing. Cada uno juega sus cartas y en el caso de Xian Zhang parece que ha salido ganando y sigue apostando fuerte. A día de hoy, disfruta enormemente con la ‘Marcha triunfal’ de ‘Aida’. No hay más que verla en este vídeo… Los ingleses la adoran.

Kris Phillips (Fei Xiang), hijo de china y estadounidense, es un ídolo pop en Asia. Entre sus muchos éxitos, el musical de Andrew Lloyd Webber ‘El fantasma de la ópera’.

‘Marcha triunfal’ de Aida, en los Proms (2013), con la Sinfónica de Milán, bajo la dirección de Xian Zhang.