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“Han pasado 10 años, pero parece que fue ayer. Primero, porque la emoción y el dolor están muy vivos.”

Vía: www.elmundo.es | Por Darío Prieto

Y también porque Luciano era muchas cosas muy importantes: Una gran voz, una gran alma y un gran compañero de vida. Sin Luciano es todo diferente”. Nicoletta Mantovani se casó con Luciano Pavarotti en 2003. Se habían conocido en 1995 y en ese mismo 2003 habían tenido una hija, Alice. Cuatro años después, el carismático tenor murió en su ciudad natal de Módena. En este 2017 que acaba de terminar se conmemora una década de la pérdida de uno de los mayores iconos de la historia de la ópera. “Por eso, con motivo de este aniversario, hemos buscado hacer algo especial para recordarlo, continuando con sus sueños”, apunta su viuda. Así, el sello Decca ha publicado El tenor del siglo, un doble CD con sus mejores interpretaciones, de Nessun Dorma! aO sole mio, que incluye un DVD con el recital que Pavarotti ofreció en el Liceo de Barcelona en 1989 y el documental Una voz para la posteridad.

“Por encima de todo, él tenía dos sueños”, recuerda Mantovani. “El primero era el de llevar la ópera a todos. Y el segundo, el de ayudar a los más jóvenes a empezar una carrera, porque para él era muy importante pensar en el futuro de la ópera”.

Pero si hubiese que situar a Pavarotti en la Historia, su verdadera dimensión sería la de popularizador del repertorio operístico entre el gran público, en solitario o junto a Los Tres Tenores, el proyecto junto a Plácido Domingo y José Carreras que se convirtió en el mayor fenómeno comercial del repertorio clásico. “Era su misión”, subraya Mantovani. “Siempre decía que las personas que no aman la ópera es porque no la conocen. Y para darla a conocer, la llevó fuera de los teatros. Así, empezó a cantar en el Madison Square Garden, un estadio, lo cual hizo que le llovieran las críticas, como que se oía el rumor de los balones de baloncesto y cosas por el estilo. Pero él siempre decía: ‘Si queremos llevar la ópera a otras personas, tenemos que sacarla de sus lugares habituales’. Así, empezó probando con este otro tipo de recintos, para terminar cantando junto a las estrellas del pop, para intentar acercar a las nuevas generaciones a estas músicas y, al mismo tiempo, desarrollar acciones benéficas de ayuda, por ejemplo, a los niños de la guerra”. Para él, “era importante usar todas las maneras posibles para conseguir llegar a la gente. Así, quería cantar un repertorio siempre mixto, que es el que se puede encontrar en este disco conmemorativo: desde arias de ópera que él amaba especialmente a canciones populares, como las napolitanas o los duetos que hizo con Bono, Sting y tantos otros”.

Así se podía ver en su risa y en sus ojos, que siempre tenían esta luz tan especial. Él

Pero ninguno de los logros de Pavarotti hubiese sido posible, recuerda su viuda, sin “su carisma y esa manera de ver el mundo siempre en positivo. Así se podía ver en su risa y en sus ojos, que siempre tenían esta luz tan especial. Él quería muchísimo a la gente y creo que la gente podía sentir eso, a través de la emoción que transmitía su voz. Puedes tener una voz bellísima, pero si no comunicas, emocionas y tocas el corazón de las personas, no sirve para nada”.

Para entender lo que significó Pavarotti hay que volverse a su interpretación de Nessun dorma!, que él convirtió en un volcán de potencia y emociones. “Es un aria que, gracias a Luciano, hoy podemos considerar una canción, de lo popular que se ha vuelto. A todo el mundo le gusta porque te da fuerza y entusiasmo”, valora Mantovani. “Y hay una curiosidad increíble, que he descubierto hace sólo tres meses: antes de ser cantante profesional, cuando era muy joven, con 20 años, había una especie de competición en cada ciudad italiana en la que los jóvenes cantaban lo que querían. Y Luciano decidió cantar Nessun dorma! Para mí es muy significativo porque, muchos años antes de convertirse en estrella, ya sabía que con ese aria conseguiría algo especial. Estaba en su destino”.

Mantovani pasa de puntillas por la polémica que rodeó la muerte del divo, sobre todo con los cambios de testamento y la relación de Pavarotti con su primera mujer y las hijas que tuvo con ésta. “Desde el comienzo de nuestra relación, fui consciente del papel de la prensa, que tiene que escribir cosas buenas y cosas malas”, sentencia la viuda. “Tras su muerte sucedió un periodo muy difícil, pero la realidad no era como se contaba en los medios. Pero es normal, cuando tienes una persona importante como Luciano, el cotilleo forma parte de su mundo”.

Más relajada se muestra a la hora de hablar de nuestro país en una conversación que se produce en castellano. “Para él, España estaba en un lugar especial. Por ejemplo, el recital que dio en el Liceo de Barcelona en 1989 era uno de los más especiales para él y el propio teatro también, hasta el punto de que los Tres Tenores colaboraron en su reconstrucción. Por eso decidimos incluirlo en el DVD de este disco conmemorativo”, señala. “También estaba su gran amistad con Plácido Domingo y José Carreras. Y en lo culinario, su pasión por el jamón serrano. Cada Navidad, José le regalaba un jamón y siempre era un gran momento de fiesta en casa [risas]. La única cosa que le separaba de España era el fútbol. Aún así, siempre veía los partidos del mundial con Plácido y José”.

Visto lo que consiguió Pavarotti, la pregunta que surge una década después es: ¿Es posible llenar el vacío que dejó?

“En este momento, resulta más complicado llenarlo”, admite Mantovani. “No sabría decir un nombre de alguien como Luciano. Fue un caso parecido al de Caruso, que hubo que esperar una generación entera para encontrar a alguien como él. Pero confío que en el futuro alguien aparecerá”. ¿Y en lo personal? ¿Qué es lo que más se echa de menos de Pavarotti. “Lo primero sería decir: todo. Pero si tengo que decir algo en particular, diría que su forma de ver la vida con una sonrisa, con su positividad, felicidad y energía. Era una cosa contagiosa. Es lo que me falta, pero lo encuentro en Alice, nuestra hija, que tiene el mismo carácter que él”.