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Barquisimeto, 12 Nov. AVN.- El guitarrista Alirio Díaz es uno de los patrimonios vivientes más importante del país y del mundo, especialmente de la guitarra clásica y la música popular venezolana.

Uno de los más importantes legados de este músico radica en incorporar al repertorio guitarrístico mundial piezas del folclor venezolano, armonizadas y transcritas para ser llevadas a los escenarios mundiales.

Su hija Isabel Díaz, quien preside la Fundación Alirio Díaz, aseveró que el maestro Antonio Lauro (1917-1986) y otros autores venezolanos “se han dado a conocer por todo el mundo, en buena parte por esa labor de mi padre y de muchos otros guitarristas. Gracias a estos, las piezas de Lauro han sido incorporadas a la enseñanza en los conservatorios de música de diversos países”.

Indicó que su padre tuvo conciencia del alto valor de las manifestaciones musicales populares venezolanas y latinoamericanas. De estas quedan decenas de grabaciones discográficas e investigaciones críticas, analíticas y musicológicas en el libro Música en la vida y la lucha del pueblo venezolano, así como en otras publicaciones especializadas.

Este jueves 12 de noviembre, el extraordinario guitarrista y músico nacido en el estado Lara cumple 92 años de vida y de pasión por la guitarra, luchando, tocando, amando y enalteciendo la música venezolana.

Una vida hecha guitarra

Alirio Díaz nació en 1923 en el seno de una familia campesina de ocho hermanos, en el caserío La Candelaria (cerca de Carora), y desde niño mostró aptitudes por la música y curiosidad por la cultura.

A los 16 años viajó a Carora para hacer sus estudios académicos.Tres años más tarde se fue al estado Trujillo, donde comenzó formalmente sus estudios de música y de guitarra. Viajó con una carta de presentación de su principal mentor, el periodista e intelectual caroreño Cecilio “Chío” Zubillaga Perera (1887-1948).

En esa ciudad andina es acogido por el renombrado maestro, compositor y director de banda Laudelino Mejías. Allí le tocó trabajar los oficios más disímiles para ganarse la vida, como tipógrafo, mecanógrafo, corrector de pruebas periodísticas y guitarrista popular.

En 1945, a los 22 años, se trasladó a Caracas para continuar estudiando guitarra. Ingresó a la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, en la que tuvo como tutores a Vicente Emilio Sojo, así como otros destacados músicos y autores de la época.

También trabajó con Pedro Elías Gutiérrez, el autor del Alma Llanera, canción considerada como el segundo himno venezolano.

En esta época, Alirio se dio a conocer en el ámbito nacional como un guitarrista de brillante futuro a través de recitales públicos, privados y en la radio, el medio de comunicación del momento.

En 1950 viajó a Europa. Inició estudios de postgrado en España con una beca del Estado. A la par de su preparación en el Conservatorio de Música y Declamación de Madrid, realizó exitosas presentaciones en el ateneo de esa ciudad, así como en el Palacio de la Música de Barcelona, la Alhambra de Granada y el Teatro principal de Valencia.

También llevó su música a otros países de Europa, siempre con los acordes de la guitarra de músicos clásicos de ese continente y de la música popular latinoamericana y venezolana.

Viajó por varios países como solista o acompañado de grupos sinfónicos bajo la dirección de reconocidos directores, como Sergiu Celibidache, Leopold Stokowski, Andre Kostelanetz y Rafael Frühbeck.

Vivió largo tiempo en Italia, país donde se casó y tuvo hijos y que siempre consideró como su segunda patria.

El maestro de la guitarra supo dejar el nombre de Venezuela y su tricolor en lo más alto del firmamento artístico mundial.

Este 12 de noviembre, celebra 92 años de vida, de fecunda obra y de sublime pasión por la guitarra clásica y la música venezolana.