El virtuoso músico cubano estrenará en México su obra El elefante y el payaso

Vía: www.excelsior.com.mx | Por JUAN CARLOS TALAVERA

La música buena es una bendición y la mala, también… mientras le guste a la gente; es una bendición, porque esa mezcla de sonidos que inventó el ser humano sirve para paliar toda esa violencia y dolor que hay en el mundo”, dice a Excélsior el jazzista cubano
Paquito D’Rivera (La Habana, 1948), quien ha vuelto a México para estrenar, a escala mundial, su obra El elefante y el payaso, que resonará en la Sala
Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario, el 1 de julio, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM).

La obra está inspirada en los payasos Gaby, Miliki y Fofó, integrantes de la compañía Hermanos Aragón, quienes llegaron a Cuba por una semana y se quedaron durante 20 años. Este concierto, que se repetirá el 2 y 3 de julio, en ese mismo espacio, también tocará el estreno en México de Crónicas latinoamericanas, de Daniel Freiberg, entre otras piezas de Bernstein y Gershwin.

Autodefinido como un músico que quiere aprender distintos estilos musicales para incorporarlos a su arsenal creativo y de improvisación, Francisco de Jesús Rivera Figueras, Paquito D’Rivera, dice coincidir con Stravinsky en una idea central: que un buen compositor no imita, sino que roba, y confiesa que por hoy su más grande aspiración es que una orquesta mexicana le comisione una obra dedicada a Mario Moreno Cantinflas, uno de sus actores favoritos.

Música clásica viene del pueblo

El músico cubano dice ser seguidor del Huapango de Moncayo y de Tin Tan, además de que reivindica la música popular. Sobre su producción asegura que nunca compone cuando está triste, pues no es dramático.

ROBO Y GERMEN

Lector asiduo de Mario Vargas Llosa y afecto a conducir autos antiguos, como el Thunderbird 55 y el Bel Air 1957, Paquito D’Rivera atesora el Huapango de Moncayo, las películas de Germán Valdés Tin Tan y los boleros de Armando Manzanero, José José y Agustín Lara, se declara amante de los gatos y la Catrina de José Guadalupe Posada.

¿Cómo nació El elefante y el payaso?, se le pregunta al intérprete radicado en Nueva York, ganador de varios Grammy. “Nació de Gaby, Fofó y Miliki, tres payasos excéntricos y musicales que trabajaban para el circo de los Hermanos Aragón. Ellos llevaron mucha felicidad a mi país. Cierto día Fofó, el más bromista, le escondió su elefante al domador húngaro, así que éste fue a la estación de policía para hacer la denuncia. ¡Imagina la cara del oficial! Todo eso me inspiró”.

¿Qué características tiene? “Mucho de circo y África, con un elefante de orejas y colmillos enormes, es una pieza con elementos sinfónicos y música afrocubana: una visión nostálgica de mi vida, de aquellos años con esos payasos maravillosos”.

¿Alguna vez condujo un elefante? “¡Sí! En la portada de mi libro Ser o no ser, ¡esa es la jodienda! estoy con tres elefantes pequeños, en Tailandia. El elefante es un animal afectuoso e inteligente, dicen que es noble y mejor ni te metas con él porque tiene buena memoria, y es rencoroso”.

¿Usted es rencoroso? “Con algunas gentes sí, pero por lo regular no porque se me olvidan las cosas. ¡A los elefantes no!”.

¿Considera que el gusto por el jazz ha crecido mucho en este siglo? “Siempre ha habido aficionados al jazz. Es música para minorías, pero en un país con millones de personas alcanza para llenar un teatro. México es un sitio sumamente musical”.

¿Por qué muchos no ven al jazz como género clásico? “Eso que llaman música clásica tiene su origen en el folclor y la música popular. Ahí están las danzas húngaras de Brahms y Liszt, las danzas rumanas y la música de Béla Bartók. Todo viene del pueblo. Stravinsky se robó un montón de melodías rusas y él no lo negaba y decía que ‘Un buen compositor no imita, roba”, pero cuando él vestía esas melodías con su ropaje sinfónico… valía la pena el robo”.

¿Usted toca todo el tiempo? “A veces me dan ganas de no tocar y sintonizar el silencio. El silencio es más importante que la música porque llegó antes. Antes fue el silencio que la música”.

¿Lo asocia con memoria y desmemoria? “Esa es otra conversación. Muchos improvisadores no consideran al silencio. Cierto día, creo, el trompetista Buck Clayton dijo que las notas más importantes no son las que tocas, sino las que dejas fuera. A veces es mejor no tocar nada.

¿Dónde está la inspiración de sus piezas? “No tengo un método ni un sistema, tal como no tengo un sistema para escribir. Todo nace con una idea germen que se desarrolla, aunque hay quien tiene la genialidad de desarrollar sinfonías con tres notas, como Beethoven en su Quinta Sinfonía”.

¿Cree en la inspiración? “Un compositor americano, cuyo nombre no recuerdo y cuya música no me gusta, me dijo lo siguiente: ‘No porque usted no esté inspirado va usted a escribir una obra mala’. Lo medité y tiene razón porque tengo piezas de cámara que me quedaron bien aunque no estaba inspirado. Es cosa de la técnica y el germen, tal como hacen los escritores con la maldita página en blanco”.

¿Ve semejanzas entre escribir para música y literatura? “Sí, aunque según Bernstein la música descriptiva no existe. No estoy completamente de acuerdo, pero no lo he analizado profundamente. La música es un ente abstracto que tiene un efecto distinto en cada persona… habría que platicarlo con más gente”.

SOMOS ESTÚPIDOS

¿Alguna vez quiso ser guerrillero?, se le inquiere. “¡No!, no me gustan las balas”.

¿La música no es un poco eso? “Sí, como una guerrilla. Pero hacer guerrilla es matar gente y destruir cosas. Yo creo más en el valor de la palabra y no en la violencia. Alguna vez quisiera disparar una bazuca, pero sin matar a nadie, sólo como experiencia”.

¿Le tocó ver el 11-S en Nueva York? Ese día estaba en un programa de televisión en Miami, con Sergio Arau. Vi la imagen del segundo avión en el monitor y pensé que era una película. Fue una experiencia terrible porque la violencia no me cabe en la cabeza”.

¿Tradujo esas imágenes a música? “No. En esa época no escribí porque sentí mucha tristeza. Ahora me doy cuenta que casi nunca escribo cuando estoy triste. No soy un compositor dramático, me gusta el sentido del humor”.

¿Qué dolor sobrelleva con su música? “La violencia que hoy vemos. Admiro mucho al ser humano porque me maravillan las cosas que inventa. Cómo es posible que ese ser humano sea capaz de crear tanta cosa bella y útil, pero no pueda ponerse de acuerdo y vivir en paz. Eso no lo acabo de entender. ¿Por qué somos tan inteligentes y estúpidos?”

¿Qué opina del narcocorrido? “Eso es divertido. Casi todos los géneros musicales tienen su encanto y eso del narcocorrido es interesante, una aventura que necesita talento. Cada género tiene su encanto”.

Paquito D’Rivera se presentará los días 1, 2 y 3 de julio en la Sala Nezahualcóyotl, bajo la batuta de Carlos Miguel Prieto, donde también interpretará Rhapsody in blue de Gershwin, Danzas sinfónicas de West Side Story de Leonard Bernstein, el estreno en México de Crónicas Latinoamericanas y Fantasía Brasileña, de Daniel Freiberg