Vía: www.elperiodico.com | Por MARTA CERVERA / BARCELONA

El músico abre la puerta a trabajar de nuevo con Chucho Valdés si se produce un cambio político en Cuba

Paquito D’Rivera, leyenda del latin jazz, desplegará el sábado su faceta como compositor e intérprete de música sinfónica con ‘Cape Cod Concert’ en el Palau de la Música. La Orquesta Sinfónica del Vallès (OSV) le acompañará en el estreno europeo de esta obra, en la que también participa el joven y virtuoso pianista cubano afincado en Madrid Pepe Rivero. Impulsado por el 47º Voll-Damm Festival Internacional de Jazz de Barcelona, el programa del recital de D’Rivera incluye también las obras de Gershwin ‘Obertura cubana’ y ‘Un americano en París’ y la ‘Conga de fuego’, de Arturo Márquez.

El piano y el clarinete son los instrumentos solistas del concierto, dividido en cuatro movimientos muy diferentes. EL PERIÓDICO es testigo del primer ensayo que comparten D’Rivera y Rivero, sin la orquesta, en el Petit Palau. En un momento, el pianista se detiene. “Esto es bien difícil”, comenta. “Ja, ja, así es”, responde el maestro de muy buen humor. Y tras seguir adelante algunos compases más, es D’Rivera quien toma aliento y admite entre risas: “Sí señor, esto está jodido. Me lo creé contra mí mismo“.

MANASSE Y NAKAMATSU

“Esta es una obra divertida y es bonito interpretarla en un sitio tan lindo como el Palau”, apunta D’Rivera poco antes del ensayo. Y explica que la compuso originalmente en el 2009 como una sonata para dos grandes músicos, el clarinetista John Manasse y el pianista Jon Nakamatsu, por encargo del Festival de Música de Cámara de Cape Cod para conmemorar el centenario del nacimiento de Benny Goodman. Después le encargaron desarrollarla para orquesta, y así nació el concierto.

Afincado en EEUU desde hace años, D’Rivera siempre ha vivido entre dos mundos, la clásica y el jazz. Su padre, el saxofonista y director de orquesta Tito D’Rivera, le imprimió la disciplina clásica desde niño. A los 18 años debutó como solista con la Sinfónica Nacional de Cuba. Pero el jazz siempre fue su pasión. De no haber nacido en la Cuba castrista, lo habría tenido más fácil, pero en su país el jazz era considerado entonces una amenaza imperialista, tal como D’Rivera relató en su autobiografía, ‘Mi vida saxual’.

MOLESTO CON CHUCHO VALDÉS

Cuando Chucho Valdés le fue a buscar para montar Irakere, grupo fundamental del jazz cubano, empezó a ver la luz. Aquello le permitió salir de la isla y viajar por todo el mundo, hasta que en 1980, aprovechando una gira europea, pidió asilo en España. ¿Le gustaría volver a trabajar con Chucho? “Bueno, si las cosas cambian como deben cambiar, probablemente sí. Pero mientras Chucho siga siendo un representante de aquello de allí -dice en referencia al régimen castrista-, es difícil para mí. Además, no tiene ninguna necesidad, porque incluso le han permitido vivir en España. Es un privilegiado”.

Y continúa: “Chucho debería tomar ese privilegio para alejarse de aquello. Pero no lo hace y eso me molesta mucho”. Pero D’Rivera también tiene palabras de reconocimiento para Valdés. “Siento hacia él mismo aprecio y agradecimiento de siempre, porque él me sacó del agujero y me puso a trabajar. Cuando le dijeron que si yo entraba en Irakere el grupo no viajaría, me contrató igualmente”. Y se deshace en elogios hacia el pianista Bebo Valdés, padre de Cucho, otra leyenda. “Bebo sí tuvo una valentía tremenda: jamás tuvo nada que ver con aquella gente que nos ha hecho sufrir tanto. 56 años son demasiados”.