A punto de cumplir 35 años de edad, el músico chileno se convierte en director asistente de Gustavo Dudamel. Aquí, analiza este desafío, defiende una educación que genere más preguntas que respuestas y alerta sobre los peligros del esnobismo a la hora de renovar las audiencias.

Vía: www.economiaynegocios.cl
Por Romina de la Sotta Donoso
El Mercurio

El 25 de septiembre, Paolo Bortolameolli cumplirá 35 años. Y justo al día siguiente Gustavo Dudamel dará inicio a la temporada 2017-2018 de la Filarmónica de Los Angeles. Ese día, además, el joven músico chileno asumirá como director asistente de esa orquesta a la que todos llaman LA Phil. Lo eligió directamente Dudamel, y el cargo dura un año renovable.

La estrella venezolana premió así el trabajo que Bortolameolli hizo entre enero y mayo, en el programa “Dudamel Fellowship”, pasantía que lo convirtió en el primer chileno en dirigir a la Filarmónica de Los Angeles, nada menos que en el Walt Disney Concert Hall.

Esto sucede, además, en el mejor momento de la Filarmónica de Los Angeles. The New York Times la acaba de calificar como “la orquesta más importante de Estados Unidos”, y la revista New Yorker decretó que su importancia y su influencia son “el hecho más relevante de los últimos 25 años de la vida orquestal estadounidense”.

El nombramiento solo tiene un precedente en nuestra historia musical: cuando Juan Pablo Izquierdo se convirtió en director asistente de Leonard Bernstein en la Filarmónica de Nueva York, en 1966.

Bortolameolli está consciente de la oportunidad que tiene entre manos: “Ser parte de unas de las orquestas más importantes de la actualidad es un escenario soñado. Se aprende de todo. De repertorio, de trabajar con artistas excepcionales y con una orquesta de lujo, de estar en un ritmo de trabajo muy exigente, de ver cómo una orquesta se reinventa cada día, de cómo enamoran a su público una y otra vez, pero además de estar en una ciudad muy activa y diversa”.

Esto sucede, además, en el mejor momento de la Filarmónica de Los Ángeles. The New York Times la acaba de calificar como “la orquesta más importante de Estados Unidos”, y la revista New Yorker decretó que su importancia y su influencia son “el hecho más relevante de los últimos 25 años de la vida orquestal estadounidense”.

En su pasantía ya vivió por dentro ese ritmo: “Los ensayos pueden comenzar un miércoles y, dos días después, la función sale increíble. Y son programas muy difíciles, uno distinto cada semana”.

Junto con tener estudiado y preparado todo el repertorio que la orquesta programe, para cumplir su rol de cover -de Dudamel y de las batutas invitadas-, Bortolameolli también tendrá responsabilidades exclusivas: preparar a la orquesta en “Mass” de Bernstein, para celebrar en 2018 el centenario del compositor estadounidense, y en “La Canción de la Tierra”, de Mahler, que se presentará con una puesta en escena de Teatro Cinema. También acompañará a la LA Phil en su gira a Europa del próximo año y, además, dirigirá algunos conciertos, con desafíos tan atractivos como preparar con el propio Esa-Pekka Salonen una obra del finés.

El gran salto

La Filarmónica de Los Angeles hoy está en el centro de la cultura norteamericana. Gracias a las titularidades previas de André Previn y Esa-Pekka Salonen, Dudamel recibió en 2009 una orquesta que funciona como reloj, se adapta a todo repertorio, y se vincula con el arte actual, comisionando y estrenando obras.

Dudamel, por su parte, ha revitalizado el romance con el público californiano con su carisma y personalidad musical. Y siendo él mismo el mayor fruto de “El Sistema”, está replicando en pequeña escala el milagro venezolano a través del Programa YOLA, que ya cuenta con 800 jóvenes músicos. Bortolameolli también participará en ese programa estrella.

 

Los números de la LA Phil son tan buenos que hace poco la Filarmónica de Nueva York “levantó” a Deborah Borda, su CEO (directora ejecutiva).

La clave del éxito y la trascendencia que está logrando la Filarmónica de Los Angeles está en su mirada temeraria respecto de la innovación y el riesgo. Toman una idea y la hacen. Prueban, experimentan, desarman formatos y ofrecen alternativas. Hace poco, por ejemplo, presentaron un recital de Lieder de Schubert intercalado con lecturas escenificadas de Samuel Beckett. ¡Y funcionó! Y lo mismo se hará con ‘La Canción de la Tierra’; la creatividad, innovación y talento de los conceptos visuales y poéticos de la compañía chilena Teatro Cinema complementarán la música de Mahler”, dice Bortolameolli.

 

Y da fe de la pasión que viven Los Angeles y su orquesta. Lo grafica con una anécdota: estaban tocando la Sinfonía “Trágica” de Schubert, cuando al terminar el primer movimiento se oye desde la galería un grito muy entusiasta. “Era un grito de concierto de Rock. Dudamel se salió de protocolo e hizo un gesto en el aire con el puño apretado en señal de aprobación. Los más puristas dirán que todo esto es una falta de respeto, pero yo lo rescato: la música clásica es sublime, pero lo que la enaltece no es nuestra actitud altiva y parsimoniosa, sino el cómo la vivimos intensamente. Cómo dejamos que este lenguaje entre y nos afecte sin que el proceso se acerque más a lo restrictivo que a la exultación”, asegura.

 

-¿Cómo es trabajar tan cerca de Hollywood? ¿Van estrellas a los conciertos?

“Sí, van y es de lo más natural. Por ejemplo, Chris Martin, de Coldplay, que es amigo de Gustavo Dudamel. Él se comporta como un espectador cualquiera, fascinado con la música clásica. Le preguntó a la violinista Lisa Batiashvili cómo memoriza las notas del Concierto de Tchaikovsky, y también habló conmigo”.

El problema del elitismo

El debut profesional de Bortolameolli fue con la Filarmónica de Santiago, a fines de 2013. Dirigió “La Consagración de la Primavera”, de Stravinsky, para celebrar los cien años de esa obra capital. Como hubo un incendio en el Teatro Municipal, los conciertos se hicieron en el Teatro Caupolicán y el resultado fueron más de 3.500 asistentes, en su mayoría jóvenes.

Un mes antes, y mientras era estudiante en el Conservatorio Peabody, en Baltimore -previamente también estudió en Yale-, el chileno lideró el innovador proyecto “Rite/Now”. Les encargó a ocho compositores nuevos episodios musicales inspirados en “La Consagración”, que luego ensambló y estrenó con cien músicos en vivo.

Después de la Filarmónica, Bortolameolli fue invitado por cada orquesta del país: Sinfónica U. de Concepción, Orquesta Usach, Sinfónica de Chile, Orquesta de Cámara de Chile, Sinfónica Nacional Juvenil, Sinfónica Estudiantil Metropolitana, Filarmónica de Temuco, Clásica del Maule, Sinfónica U. de La Serena y Solístico de Santiago, en ese orden. Y con la mayoría ha repetido, varias veces.

“Una de las cosas que más contento me tienen de mi relación musical con Chile es la relación con los músicos de cada orquesta. Tienen gran energía y son muy colaboradores, algo que es impagable, porque la música se hace con los músicos. Esa premisa parece tan evidente, pero en el mundo profesional existen carreras que se mueven en la órbita de lo administrativo, de los agentes, de la venta de entradas. Es cierto que la música también es un negocio, ¡pero por sobre todo, y primero que nada, es música! Todo lo demás es secundario si no existe esa entrega artística, esa búsqueda de la belleza. En la dirección de orquesta lo sabes cuando logras la comunicación; cuando eres uno más en un gran grupo que busca hacer música de cámara; escucharse, leer entre líneas de una partitura. No puedes plantearte tu rol como una especie de jefe, sino como alguien que despierte en todos los demás esa voluntad de ir hacia la misma meta. Y eso lo siento en Chile con todos los músicos con los que he trabajado, y por eso solo siento agradecimiento y entusiasmo por seguir colaborando juntos”, dice.

-¿Cómo ve la escena orquestal chilena?

“Creo que vive un excelente momento. Hay una nueva generación de músicos ávidos por oportunidades. Jóvenes, muy talentosos y cada vez mejor formados; con más repertorio en su cabeza y conscientes de estar persiguiendo un resultado artístico. Han sido de suma trascendencia para eso los aportes de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles, los Amigos del Teatro Municipal y la Fundación Ibáñez-Atkinson. Me siento honrado de ser parte de esta generación. Talento hay, y de buen nivel; ahora deben sumarse más apoyos para dar un paso cuantitativo en el desarrollo cultural y musical de Chile”.

Es cierto que la música también es un negocio, ¡pero por sobre todo, y primero que nada, es música! Todo lo demás es secundario si no existe esa entrega artística, esa búsqueda de la belleza

-¿Y qué destacaría de David del Pino, quien hizo el primer curso de dirección orquestal y además de haber sido profesor suyo también lo fue de Víctor Hugo Toro, que es titular en Campinas, y Francisco Núñez, titular en La Serena?

“David del Pino ha sido un nombre fundamental para toda una generación de directores chilenos. En ese momento era una locura intentar esto, y él nos ofreció un excelente camino. Es un gran formador, entusiasta y entregado a sus alumnos”.

-¿Cuáles son sus referentes internacionales?

“Me gusta Andris Nelsons, admiro su natural musicalidad. Admiro también a Gustavo Dudamel. No es solo su carisma; tiene una sabiduría natural al enfrentar un ensayo, maneja a la orquesta con gran inteligencia emocional y comunica sus ideas musicales con soltura. Se aprende mucho de él. Y en un plano muy distinto admiro mucho a Roger Norrington, por su concepto del sonido y del fraseo, ¡que es tremendo! Eso con respecto a los vivos, porque como gran referente tengo a Nikolaus Harnoncourt, por su concepto de la música, su pensamiento y su aporte como artista”.

-¿Y entre los chilenos?

“Siempre he admirado y respetado a los maestros Juan Pablo Izquierdo y Maximiano Valdés. Crecí escuchando sus conciertos, sus óperas; son carreras que servían de inspiración y guía. Y de la generación más nueva me entusiasma pensar en lo que llegará a hacer la nueva camada de Sebastián Camaño, Eduardo Browne Salinas, Christian Lorca y Leonardo Carvajal. Son muy talentosos”.

-¿Cuál cree que es la mejor herramienta para frenar el envejecimiento del público y generar nuevas audiencias?

“Necesitamos conectarnos con el público, derribar murallas y entusiasmar desde nuestro entusiasmo. Quienes dedicamos nuestra vida a la música clásica tuvimos la fortuna de descubrir algo que despierta pasiones tan fuertes como los deportes. El problema está en que se sigue enfocando la apreciación artística desde el elitismo intelectual, y esa visión segrega. Al mismo tiempo me parece inconcebible que la educación musical ya no esté en el colegio. Claro, si miramos cómo era enseñada la música en el pasado, tocando ‘Fray Jacobo’ en una flauta dulce desafinada, es bastante pobre el aporte. Pero hoy en día, con tantos estudios neurocientíficos que prueban de forma irrebatible el aporte al desarrollo neuronal, cognitivo, motor, a la capacidad de disociación de actividades simultáneas y al desarrollo de aspectos de la personalidad como el trabajo en grupo, resulta inexplicable su exclusión o que se la considere una actividad de recreación. La música y el arte son pilares fundamentales de cada sociedad. Nadie debería sentirse un extranjero en un teatro o un museo. El arte es un lenguaje universal que está ahí, al alcance de la humanidad”.

Faceta educativa

Conscientes del gran potencial de las redes sociales y del atractivo pedagógico de los formatos audiovisuales, Paolo Bortolameolli y Gonzalo Saavedra, periodista, profesor en la UC y crítico de “El Mercurio”, han desarrollado el proyecto “Ponle Pausa”. Son cápsulas audiovisuales para entusiasmar a cualquier persona con el fenómeno musical. “Y por esa filosofía que tenemos los dos, cada guión está planteado desde ese discurso casi eufórico de alguien que te va mostrando aspectos de la música que tal vez no son evidentes de buenas a primeras. Es una suerte de: ‘¡Mira, escucha este acorde! ¡Fíjate cómo ese silencio provoca expectativas! o ¡Escucha cómo los violines se están ‘riendo’! En vez de entregar respuestas, queremos generar preguntas”, explica el director.

Las primeras ocho cápsulas están alojadas en el canal de la Fundación CorpArtes, entidad que junto con la Fundación Ibáñez-Atkinson apoyaron una primera etapa del proyecto. Actualmente Bortolameolli y Saavedra están evaluando nuevas alianzas para una nueva etapa.

Bortolameolli reside en Boston, pero acaba de dirigir a la Sinfónica de Rosario, y ahora comenzará un intenso trabajo en Chile. Conducirá la Cuarta de Mahler con la Sinfónica Nacional Juvenil y la Primera de Beethoven con la Sinfónica Estudiantil Metropolitana. “Además, con Solístico de Santiago presentaremos las dos Sinfonías de Cámara de Schoenberg y estrenos de los chilenos Luis Saglie, Manuel Segura y Aaron Pereira”, detalla. Luego será jurado en el concurso para jóvenes pianistas “Toca el Cielo”, de Radio Beethoven. En octubre y noviembre irá dos veces a la Sinfónica de Concepción, para dirigir la Cuarta de Beethoven, “Variaciones sobre un tema de Paganini” de Rachmaninov y la Quinta de Shostakovich. Y en octubre debutará en España. Su itinerario está en el sitio Paolobortolameolli.com.

“La LA Phil es una orquesta de un nivel increíble, con un sonido muy propio donde se notan el oficio, la experiencia y el tiempo tocando juntos. Además, es muy dúctil”.

“A los 15 años, cuando yo era estudiante de dirección, uno miraba para arriba a la Filarmónica y la Sinfónica, y listo. Hoy puedes ir a un concierto de la Sinfónica Nacional Juvenil y salir más contento que del Teatro Municipal. Es alucinante”.