Vía: www.larazon.es | Por Gonzalo Alonso

El 8 de octubre de 2005 se inauguraba el Palau de les Arts con un concierto protagonizado por Alagna, Gheorghiu, Álvarez y otros muchos cantantes. Se había preparado a toda prisa, ya que Helga Schmidt no había obtenido permiso político para inaugurarlo hasta muy pocos meses antes. Era un gran día: se inauguraba la sala principal, con capacidad para 1.600 personas, de un edificio del siempre personal Calatrava con 37.000 m2 construidos y más de 250 millones de coste declarado. Sin embargo, se abría sin taquillas, sin ascensores, sin plan de emergencia o sin esas otras licencias obligadas para cualquier particular. Diez años después sabemos los problemas que planteó el edificio. Tras un cierre de un año, llegaría «Fidelio», su primera ópera, con una producción propia que dirigió Mehta, en la que cantó más tarde Kaufmann y que giró por varios teatros del mundo. Schmidt había querido contar con López Cobos como director musical, pero el teatro Real se cruzó en medio de las indecisiones políticas valencianas. Mehta y Maazel se pusieron al frente de una orquesta recién creada que, en poco tiempo, se convirtió en la mejor de la península a juicio unánime de la crítica. Pero en noviembre de 2005 ya se quejaban sus músicos de que no cobraban lo prometido.

Intrigas y cobardías

Han pasado diez años de aquel día y el jueves se recordará con un concierto especial. En él no estarán ni Maazel ni Mehta. Será dirigido por Fabio Biondi y cantarán Jessica Pratt, Antonio Siragusa y Manuela Custer. Tampoco estará Helga Schmidt, sino su sucesor Davide Livermore. La ex intendente recordará el día desde su casa en la Toscana, recuperándose de su grave enfermedad y esperando el juicio en el que quede absuelta de todo aquello de lo que se le acusa a causa de ambiciones, intrigas y cobardías de políticos que ya han desaparecido del mapa.Por su mente pasarán todos esos espectáculos que durante diez años colocaron al Palau de les Arts a nivel internacional como el teatro más importante de España. Así se reflejaba en los programas de mano del Metropolitan, Covent Garden, Scala o Múnich, cuando los artistas incluían en sus biografías haber actuado en Valencia. Chailly, Pretre, Jurowsky, Davies, Noseda o Gergiev bajaron a su foso, mientras que en sus escenas trabajaron Miller, Herzog, Vick, Ali, Fura dels Baus, Del Monaco, McVicar, Lepage, Saura, etc. En el recuerdo de aficionados y crítica permanecen títulos como: «Boheme», «Anillo», «Fidelio», «Parsifal», «Turandot», «Troyanos», «Cyrano», «Boris», «Oneguin», «Carmen», «Esponsales en el monasterio», «Ifigenia en Tauride», «Salomé», «Arbol Diana» o la mejor «Vida breve» que jamás se haya visto en el mundo. Fue un sueño, algo irreal para un país que no considera a la cultura en el lugar que merece y de él quizá hubo que despertar, pero no de la forma en que se hizo.