Vía: ProDaVinci | Por Willy McKey

La Deutsche Grammophon fue fundada en 1898. Desde entonces, cada decisión tomada la ha convertido en la casa discográfica con los mayores estándares de calidad en el universo de la música clásica. El único trompetista solista que había estado en su catálogo fue Maurice André, el francés que revolucionó el repertorio del instrumento. André, más que un protagonista, fue un momento de la música. Pudo juntar en las salas de conciertos su indiscutible virtuosismo con los amantes de la música del barroco. Nadie más pudo haber sido el primer trompetista de la Deutsche. El segundo se ha incorporado apenas este año. Se llama Pacho Flores y es venezolano. Nació en San Cristóbal en 1981. Si usted está leyendo esto es porque tiene la dicha de coincidir en el tiempo con su música. Tenemos suerte.

Francisco Pacho Flores

Francisco Pacho Flores

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En la mesa está una copia de Cantar, su disco. En el repertorio escogido, Flores interpreta una variedad de piezas que están unidas por dos elementos: que cada una de ellas se vincula de alguna manera con el barroco y que ninguna fue escrita originalmente para trompeta. Es él quien recuerda cada título de memoria. No los lee directamente porque todo (excepto las palabras Cantar, Pacho y Flores) está escrito en japonés.

Y es que Pacho acaba de volver al país tras dos meses y medio en los que ha sido jurado de competencias, conferencista, docente y un concertista capaz de cumplir con una agenda casi imposible: siete conciertos en ciudades de Japón y Corea en apenas siete días. Es un crack.

“Fue una gira bastante larga y con muchas actividades. Todas vinculadas con la música, pero muy disímiles. Estuve, primero, como jurado en un concurso internacional de trompeta en Rumania, donde también di clases magistrales y un concierto con la Orquesta Filarmónica de Transilvania. Y, antes de ir a Japón, fuimos a España, donde me invitaron a dar unas clases en la Universidad Internacional de Andalucía: ellos acaban de abrir un estudio de postgrado que ha juntado a ocho trompetistas para compartir con los alumnos inscritos en el máster, hablando de música ahí en pleno Jaén, el corazón de Andalucía”. El paso era obligado por esa razón y alguna otra. En España está Stomvi, una de las marcas constructoras de instrumentos de metal más respetadas y la que hace las joyas que Pacho utiliza para su música.

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“En España hay un movimiento importante a nivel del brass, tanto en el asunto de la técnica como en la interpretación. Y eso es gracias a que hay instrumentos que quieren permitirle a la música evolucionar. Con la trompeta hago música, así que no puedo ver a mi instrumento una extensión de mí mismo y del arte. Pero los metales, que siempre están creciendo, no tenemos una referencia histórica, como tienen las cuerdas en un Stradivarius, que son instrumentos que han planteado una noción clara de perfección basada en una madera específica, cortada en una época y en una región particular que forma parte de una tradición especializada y hermosa. En los metales estamos caminando hacia la creación de esos referentes. Y es ahí donde entra un constructor como Stomvi y su mente maestra, Vicente Honorato, con quien tengo una relación muy especial. Fue campeón mundial de matricería y, antes de incorporarse a este mundo, era joyero. La intensidad de trabajo y la conexión que hemos logrado es bárbara, pues en ningún otro lado yo habría podido trabajar así de cerca de la construcción. Hemos hecho trompetas en apenas veinticuatro horas, pero no se trata sólo de los aspectos técnicos: Vicente es una persona con un oído privilegiado que, sin ser músico de estudio, me ha dado las mejores lecciones de trompeta de mi vida y eso tiene que ver con su manera tan singular de disfrutar la música. Hay mucha confianza y trabajo detrás de cada instrumento: debo ser muy específico sobre qué añadir o qué quitarle, pues hemos hechos trompetas para lograr un solo efecto… un matiz específico para sólo una obra. En el disco para Deutsche Grammophon grabé con nueve trompetas diferentes, cada una con sus características particulares”.

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Quienes se ocupan de un instrumento de viento, esos tronadores de los metales, tienen un desempeño distinto a otros solistas. Anatómicamente distinto. El compromiso físico que demandan los instrumentos como la trompeta obliga a su ejecutante a descansar, a entrenarse, a cuidarse el aire. Por eso la gira por Corea y Japón fue tan demandante: aviones casi a diario y ensayos y conciertos cada día durante siete días.

“El trabajo de un trompetista es muy físico. Es un instrumento con el cual uno debe prestarse especial atención. No podemos tocar la misma cantidad de piezas que un pianista o un violinista, por ejemplo. Entonces, luchar con una dinámica de ensayos por la mañana y conciertos por la noche es algo muy demandante, que requiere de mucha cabeza fría y estar en condiciones que obligan a salir del concierto e irse a descansar. Piensa en que al otro día tienes que tomar un vuelo a Tokio, a Hiroshima o a Corea para volver a tocar. Siete días seguidos. Es bastante fuerte, pero estoy muy contento con esa gira”.

Y el paso de Pacho Flores por Asia ya había emocionado a muchos más: Japón fue el primer país que organizó una gira, incluso desde antes de que el proyecto estuviera grabado. Aunque el disco no ha sido lanzado oficialmente, para estos conciertos se hizo una suerte de pre-lanzamiento, con una edición especial. Es así como un trompetista formado por el Sistema Nacional de Orquestas es capaz de hacer que en Asia se adelanten los sonidos del barroco europeo.

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“Con Cantar, me han permitido el honor de ser el segundo trompetistas solista de una disquera tan importante en la historia de la música. Eso es algo que durante décadas a cualquier trompetista venezolano le habría parecido imposible. Uno desde niño nace con algún talento, pero el talento de cada quien merece un apoyo de las condiciones externas. Y ahí entra en mi vida el Sistema Nacional de Orquestas, que ya tiene casi cuarenta años formando seres integrales a partir de la música. Hemos demostrado que dar los conciertos es tan importante como los ensayos y eso ha transformado la manera de enseñar música en el mundo. Antes un niño pasaba por un proceso de lecciones, exámenes, luego por el conservatorio y no era sino hasta que se graduaba que empezaba a buscar lugar en una sinfónica. Ahora ese mismo niño agarra la trompeta a los siete años, cuando ya tiene los dientes mudados y está anatómicamente listo, y a los meses ya está incorporado en una orquesta infantil, con profesores que tienen las responsabilidades paralelas de formarlo técnicamente y con la orquesta. ¡Por eso nuestro nivel ha subido tanto y tiene bases tan sólidas! Cuando estaba en París especializándome porque quería ser concertista, pude hacerlo porque en Venezuela tuve mi formación orquestal. Todo lo que un estudiante adquiere en cuatro, cinco y hasta seis años, los nuestros lo tienen en un año. Hay quienes aún no se lo creen, pero también hay países que quieren copiar el Sistema. ¿Y cómo dudar? Veo niños con doce años en orquestas infantiles que tocan como lo hacía yo a los dieciocho. ¡Y dirigidos por un Dudamel! Soy director fundador de la Academia Latinoamericana de Trompeta, en el Sistema, y cuando tenemos clases magistrales es tan bonito lo que sucede… ¡es mucha música! Hay talento, posibilidades y oportunidades. Todos las tienen. Por supuesto, llegan más lejos los más constantes, pero estoy seguro de que la música transforma la vida de todos, así como este nuevo disco ha venido a cambiar la mía”.

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Desde hace casi treinta años el sello más importante de la música clásica no tenía un artista de la trompeta. Tuvo a Maurice André y conseguir al próximo no fue sencillo. La vara estaba puesta bien arriba. Pero cuando Pacho Flores tocó por primera vez —en Táchira, con ocho años y bajo la tutela de su padre, Francisco Flores Díaz—, la música del mundo no sabía que estaba mudando de maestro, así como un niño debe mudar su dentadura antes de enfrentarse a la trompeta. En la historia de Pacho están la Escuela de Música Miguel Ángel Espinel, el Instituto Universitario de Estudios Musicales y el Conservatoire National de Region de la Ville de Rueil-Malmaison. Cada una de las Orquestas Sinfónicas regionales venezolanas lo han tenido como sonido protagónico al muchacho que tocó con todas las bandas importantes del Táchira y, a la vez, sedujo al exigente público del Festival Internacional de Bronces (organizado por el mítico Ensamble Epsilon) con el Simón Bolívar Brass Quintet. Maestros que empiezan por Carlos Cárdenas y llegan hasta Eric Aubier lo condujeron a su Premio de Virtuosismo, una de las rarísima decisiones unánimes de un jurado. Es el único latinoamericano en sumar galardones en concursos internacionales de trompeta como el de Pilisvörösvár, el “Philip Jones” o el Cittá di Porcia. En París ganó el Premio “Maurice Andrè”, donde también obtuvo el mérito de la mejor interpretación de una obra nueva con una pieza de Salvador Chuliá Hernández. Enseña en experiencias como el Conservatorio Andino Itinerante o la Academia Nacional de Trompeta, que ya se ha redimensionado hasta ser Latinoamericana.

Pacho Flores es lo que cualquiera puede entender como un maestro.

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“A medida que fuimos armando el repertorio del disco nos dimos cuenta de que ninguna de las obras seleccionadas había sido escrita originalmente para trompeta. Y esto es interesante porque, junto al productor de la Deutsche Grammophon, estuvimos analizando la música desde su calidad y no desde la perspectiva de un trompetista. No queríamos limitarnos a escoger un repertorio que sólo le interesara al público del instrumento, sino enfocarnos en la posibilidad de acercarle estos sonidos a un público más grande. Y eso requería más compromiso y mucho más respeto. Durante los preparativos, llegué a viajar a España sólo para trabajar con un instrumento que iba a utilizar en una sola obra. Estos instrumentos son hechos a la medida, pero la intención es incorporarlos luego al catálogo. Lo que yo uso son prototipos, pero cuando ya tienen un rendimiento óptimo salen a la venta. Y para un músico es importante participar en un proceso así: ayudar a dar con un sonido que luego usarán quienes están haciendo nueva música. Ser el responsable de un sonido”.

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Cuando se le pregunta qué es lo que está más cerca de sus intereses en los sonidos que tiene cerca, aparecen dos nombres: su venerado Wynton Marsalis —el único capaz de ganar dos Grammy, uno en jazz y otro en clásico, en el mismo año— y ese fenómeno llamado Arturo Sandoval. Confiesa que la admiración por ellos también tiene que ver con su calidad humana. Habla del español Luis González, gran solista, y de su maestro en Francia, Eric Aubier, quien además de apoyarlo mucho en toda su carrera internacional es un referente perenne para él. De los músicos de Venezuela, menciona a Linda Briceño, y empieza a explicar por qué es tan importante su voz y el hecho de que sea una mujer en un universo dominado por los hombres. Y luego lista a los hermanos Chacón, Eric y Chipi, “a quienes quiero y admiro tanto por ser músicos tan talentosos y disciplinados. ¡Y claro que hay que escuchar a Christian Lindberg! Y, por supuesto, al más de los más, quien aportó tantas innovaciones a nosotros los trompetistas: Maurice André”. El francés, para Pacho, es el antes y el después de la trompeta, una especie de paladín del viento que amplió el repertorio clásico del instrumento adaptando piezas y, literalmente, todo a pulmón.

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“Le doy gracias a Dios por haber tenido la oportunidad de adaptarme a los géneros populares. Yo no soy jazzista ni pretendo serlo por una razón: le tengo muchísimo respeto a ese mundo y sé que merece especializarse. Pero he tenido la suerte de estar cerca y de ser de un país donde esa música suena como suena, lo que me ha permitido hacer mis cositas de improvisación. Indiscutiblemente, mi cercanía con la música popular ha sido una ganancia. Mientras más conocimiento tenga un músico será mejor. Yo le debo al mundo clásico, al universo camerístico, mis logros más importantes y experiencias muy intensas, estuve en la Banda Filarmónica Experimental del Táchira y mi formación académica. Y en lo latino estuve en El Guajeo, ¡con Alfredo Naranjo! Hicimos conciertos con Larry Harlow, el judío maravilloso, con Richie Rey. Además, fíjate lo que fue mi primer disco: con Jorge Glem, Roberto Koch y Manuel Rangel, con la mano y toda la experiencia de Aquiles Báez allí, fue hermoso. Yo desde niño hacía esa música con la Orquesta Fantasía, de mi papá, merengue, salsa, porro, cumbia, música cañonera, joropos, valses, merengues caraqueños… pero él también era el director de la Banda Municipal de Táriba, donde tengo acercamiento a música sinfónica y música popular para banda. Todo eso está allí. Por eso el disco lo abro con un joropo llamado “La Guachafita”: ésa fue la primera pieza venezolana que me enseñó mi papá”.

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La disquera más influyente en el universo de la música clásica ha visto en él a su nuevo solista y la firma más importante que fabrica instrumentos de viento cuenta con su experiencia y talento para enriquecer su catálogo. En su disco con la Deutsche Grammophon, con un repertorio basado en el barroco, mezcla autores fundamentales como Händel a la vez que toma riesgos como enfrentar un arreglo de Bach para trompeta o innovar con el vals venezolano de Álvaro Paiva Bimbo llamado “Soy tu ayer”. Se sabe el joropo “La Guachafita” desde los ocho años de edad y decidió que su primer disco empezara así. Es capaz de dar siete conciertos en siete días muy lejos de las montañas del comienzo. Cada vez que tiene un encuentro con los músicos de las generaciones menores que él, se alegra de formar parte de esas ventajas que le llevan. Sabe que la música hace algo con las personas. No sabe qué, pero sabe que sucede. Lo ha visto.

Es uno de los mejores trompetistas del mundo. Se llama Pacho Flores. Es venezolano.