El pasado viernes por la noche, el fenomenal trompetista venezolano Pacho Flores (San Cristóbal, 1981) se presentó en Bellas Artes con la Orquesta Sinfónica Nacional y la batuta de Carlos Miguel Prieto, para tocar el Concierto de Johann Baptist Georg Neruda y el Concierto Mestizo de Efraín Oscher


Vía: www.jornada.unam.mx | Juan Arturo Brennan

Unas horas antes, este músico cálido, amable y luminoso habló para La Jornada sobre la trompeta en Venezuela y otros asuntos afines.

–¿Se puede hablar de una escuela venezolana de trompeta?

–Sí, creo que sí. Para mí, puedo decir, creo que el fundador de esa escuela venezolana de trompeta es el propio maestro José Antonio Abreu. Aunque él no es trompetista, es una persona que conoce a fondo las posibilidades del instrumento. Es un amante de la trompeta, y públicamente ha dicho en repetidas ocasiones que su instrumento favorito es la trompeta, por las muchas connotaciones que tiene, incluso bíblicas, en la historia cultural de la humanidad.

“Él ha hecho de estos jóvenes trompetistas que fueron maestros míos, como Jairo Hernández, Dino Pronio, Alexander Barrios, Eduardo Manzanilla, músicos que entendieron lo que es tocar en una orquesta. Ese es el legado que aprendí desde pequeño, a tocar junto con los demás, a entender que dentro de un colectivo hay que funcionar de una manera y que cuando uno es solista, funciona de otro modo.

“Para mí fue muy importante esa formación que recibí de parte de todos esos profesores, y otros como Alfredo D’Addona, Orlando Paredes en Táchira, estado de donde soy originario, y mi primer maestro de trompeta, mi padre Francisco Flores Díaz.”

Discípulo de Eric Aubier

–Es bien sabido que el Sistema venezolano proporciona a sus músicos la tutoría de grandes maestros internacionales. En el caso de los trompetistas, ¿quiénes han sido esos tutores?

–Estuvieron en Venezuela Maurice André y su alumno más destacado Guy Touvron; Rolf Smedvig, del quinteto Empire Brass, quien falleció el año pasado; el maestro ruso Vladimir Kafelnikov, primera trompeta del Teatro Mariinsky; Eric Aubier, con quien estudié en Francia y es un trompetista que me gusta mucho, y Frank Puccini.

“Después de las visitas de todos ellos y a mi regreso de París, el maestro Abreu me encargó la responsabilidad de crear la Academia Latinoamericana de Trompeta. Había en Venezuela movimientos muy importantes con el clarinete, el violonchelo y la flauta, muchos de cuyos maestros y alumnos se han internacionalizado.

“Para organizar esa academia conté con la ayuda de un grandísimo amigo, Gaudy Sánchez, quien también es del estado de Táchira.

“Hemos tenido grandes resultados, porque hemos reclutado a los mejores trompetistas de las orquestas de todos los rincones del país. Estos jóvenes intérpretes han obtenido becas para estudiar con nosotros y, después de dos o tres años de recibir clases intensivas, multiplicamos y multiplicamos para incorporar más y más personas a la Academia Latinoamericana de Trompeta.

“A la vez incorporamos clases de virtuosos de generaciones más recientes, como Allen Vizzutti, Antonio Martí, Luis González, Gábor Tarkövi –de la Filarmónica de Berlín– y Thomas Clamor, todos grandes instrumentistas que todavía están activos.”

Admirador de Wynton Marsalis

–¿Qué resultados ha dado hasta ahora la academia?

–Fantásticos. La fundamos en 2007-2008, y en nuestros seminarios hemos tenido más de 200 alumnos que vienen de todo el país. Cuando murió Maurice André hicimos en Venezuela el Festival Grande Maurice, organizado por el Sistema venezolano de orquestas.

Fue una semana entera de conciertos de mañana, tarde y noche, con orquesta; recitales con piano, con órgano, cameratas, es decir, cualquier cantidad de configuraciones para resaltar la trompeta y rendir homenaje al maestro Maurice André. Y todo lo hicimos con solistas nacionales, y logramos un altísimo nivel internacional.

–¿Qué trompetistas venezolanos de tu propia generación destacan ahora?

–Para empezar, los trompetistas de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar: Gaudy Sánchez, Román Granda, Tomás Medina, quien es primer trompeta de la Bolívar B.

“Tenemos también una serie de trompetistas que son aclamados en jazz. Poseen una conexión clásica, por supuesto, pero se han orientado al jazz, como Chipi Chacón y Linda Briceño. Ellos han tenido un contacto cercano con los maestros Wynton Marsalis, Arturo Sandoval y Paquito D’Rivera, con quienes han tocado. Además, han grabado una serie de discos enfocados al jazz, y con uno de ellos Linda Briseño fue nominada al Grammy el año pasado. Entonces, sí hay una generación interesante de trompetistas en Venezuela.”

–Más allá de los venezolanos, ¿quiénes son los trompetistas que admiras, sigues y escuchas?

–Admiro a muchos; cada uno tiene su estilo inconfundible y ninguno se estorba con otro ni se hacen sombra. Están Marsalis, Sandoval, Sergei Nakariakov, y no puedo dejar de mencionar a maestros de antaño como Adolph Herseth, de la Sinfónica de Chicago, o Philip Smith, de Filarmónica de Nueva York, quienes además de pasar muchos años haciendo trayectoria orquestal impoluta, dejaron un legado importante en la manera de tocar la trompeta.

–¿Hay repertorio original venezolano importante para la trompeta?

–¡Claro! Primero, este concierto, Mestizo, de Efraín Oscher, que es aclamado en el mundo, pues lo he tocado 17 veces en un tiempo muy corto; este año me faltan cinco y lo llevo por muchas lattudes.

“El maestro colombiano Sergio Bernal me escribió un concierto fantástico que ya he tocado tres veces; Giancarlo Castro, trompetista que tocó muchos años conmigo en el quinteto, está escribiendo para mí un concierto de trompeta que tiene muy buena pinta. Siendo él trompetista, maneja una información especial sobre al instrumento, y le va a sacar un partido tremendo a la trompeta, así como a mis posibilidades de intérprete. Y el flautista venezolano Raymundo Pineda me terminó un concierto que todavía no he tenido oportunidad de estrenar, pero pronto lo haré.

“Volviendo a Oscher, él ya me ha escrito tres conciertos. Mestizo es uno con full orquesta; también me escribió una Fantasía para dos trompetas, que estrené con Luis González en el ITG (International Trumpet Guild) en Filadelfia, hace tres años, y las Barroqueadas venezolanas para orquesta pequeña, cuyo primer movimiento es una joya musical.”

–Con el antecedente del merecido éxito del cedé Cantar, ¿qué proyectos discográficos tienes en puerta?

–Para 2017 hay un proyecto muy lindo de música de cámara y para 2018 estamos en la producción de otro que será con un gran director y una gran orquesta europea. Por el momento, no puedo decir más, tú sabes…

Unas horas después de tan grato coloquio, Pacho Flores tocó de manera magistral el repertorio mencionado. De lo mucho destacable en su ejecución, por ejemplo, tocó la obra de Neruda en un moderno corno da caccia, y que ahí donde la mayoría de los trompetistas se parten los labios para ver quién toca más agudo, Flores se dio vuelo mostrando el enorme control que tiene en su registro grave, asunto por demás insólito cuando de música barroca se trata.

En su ejecución del Mestizo de Oscher hizo gala de una engañosa facilidad para pasar de una trompeta a otra, de una gran intuición para graduar los matices dinámicos y, en particular, tocó con gran sensibilidad y delicadeza un atractivo episodio para trompeta con sordina Harmon, auténtica filigrana sonora.

Fuera de programa, Pacho Flores abordó dos obras de Ástor Piazzolla, Invierno porteño y Oblivion, en ejecuciones de amplios, expresivos y controlados arcos melódicos, usando expertamente su flugelhorn para comunicar toda la agridulce melancolía de estos nuevos tangos. Respecto a de su cedé titulado Cantar, lo reseñamos en este espacio el pasado 10 de septiembre y lo recomendamos de manera rotunda para la discoteca de cualquier trompetómano que se respete.