San Sebastián, 6 ene (EFE).- El Orfeón Donostiarra cumple el 21 de enero 120 años, una larga trayectoria durante la que se ha mantenido como agrupación amateur. Su presidente, José María Echarri, dice que el coro nunca se ha planteado su profesionalización y que, si se produjera, “perdería algo”.


Vía: www.lavanguardia.com | Por Ana Burgueño


Echarri repasa en una entrevista con Efe algunos de los hitos de esta entidad, que ha colaborado con las orquestas más importantes del mundo y con directores como Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Riccardo Muti y Simon Rattle.

Son parte de una lista de casi 60 nombres en la que figuran también Manuel de Falla, Ataulfo Argenta, Rafael Frühbeck de Burgos, Antoni Ros-Marbà y Jesús López Cobos.

Sin embargo, las batutas titulares han sido únicamente cuatro, las de Secundino Esnaola, Juan Gorostidi, Antxon Ayestarán y la de José Antonio Sainz Alfaro desde 1987, algo “tremendamente importante” para la consolidación y estabilidad del coro, según destaca.

“Cada uno de ellos le dio su impronta. Con cada uno parecía que el Orfeón había llegado a su techo y no habría mejoras, pero las ha habido. Ha cambiado la forma de preparación, por ejemplo. Ahora todos los orfeonistas saben solfeo y saben leer una partitura, algo que en otras épocas no sería tan fácil”, explica Echarri, que considera a Sainz de Alfaro “uno de los mejores preparadores de coros de Europa”.

Este empresario donostiarra preside desde hace dos décadas una junta directiva que, entre sus vocales no cantores, tiene al cocinero Juan María Arzak y al periodista Iñaki Gabilondo.

Señala que en estos 20 años se han vivido “hitos geográficos” -cita los conciertos ofrecidos en México y Venezuela y en numerosos países europeos- e “hitos artísticos”, como fue la participación del Orfeón, en 1999, en el Festival de Salzburgo con el montaje de “La Condenación de Fausto” que firmó La Fura dels Baus.

“Desde el punto de vista sentimental”, recuerda dos conciertos “verdaderamente emocionantes” dirigidos por Claudio Abbado, el primero en Berlín en 2001, con el Réquiem de Verdi, cuando el maestro italiano “no daba un penique por su vida”, y el segundo, dos años después, cuando creó la orquesta del Festival de Lucerna y llamó al Orfeón para interpretar la segunda sinfonía de Mahler, “Resurrección”.

“Si la repercusión artística del evento lo justifica no decimos no a nada, aunque cada vez es más difícil la organización de conciertos sinfónico-corales en todo el mundo. Ir a París, Madrid, Barcelona o Valencia no es tan fácil porque, habiendo coros locales, el promotor se lo piensa dos veces”, explica.

Tampoco rechazan las actuaciones que tienen fines solidarios, como las organizadas por Cáritas, el Banco de Alimentos o asociaciones de lucha contra el cáncer, el alzheimer o a favor de los refugiados.

“No solo nos buscan, sino que buscamos nosotros que las ONG que tanta labor están haciendo sepan de nuestra disponibilidad”, afirma.

El Orfeón Donostiarra lo integran las voces del coro principal, que suma 200, el joven y el “txiki”, pero también las de los alumnos que participan en los talleres y las de los coros escolares que tutela la entidad en varios centros educativos.

“La gente joven que entra al Orfeón viene educada desde abajo, empatiza con su actividad y hace que al final todo se convierta en una familia interpretativa que consigue esa excelencia que lleva a que el coro sea llamado por los mejores directores del mundo”, señala.

“Ese amateurismo del cual presumimos tiene algo que decir. Por eso creo que, si profesionalizásemos el coro, perdería algo. Además, no sé hasta qué punto estaríamos en condiciones de ser contratados por festivales y orquestas y cuál sería la relación coste-concierto que en este momento sabemos que asumimos perfectamente”, añade.

Las que están “totalmente paradas” son las grabaciones de discos, antes habituales en el Orfeón.

Comenta que sí se va a editar el concierto con el que este año inauguraron el Festival de Lucerna junto al coro de la radio de Baviera y el Latvian Radio Choir, ambos profesionales, bajo la dirección de Riccardo Chailly, pero que grabaciones de estudio “salen muy pocas en estos momentos”.

A principios de este año, el Orfeón anunciará su programa para 2017. Se espera alguna sorpresa y alguna actuación para conmemorar el 120 aniversario, pero por ahora todo se mantiene en secreto. EFE