Esta disciplina exige a los concertadores una especialización. En México poco a poco aumentan los directores que buscan fortalecer la rama orquestal

Luis Herrera de la Fuente

Luis Herrera de la Fuente

En la novela Backstage de José Noé Mercado existe un tenor con carrera en el extranjero que acepta cantar en un teatro de su país con un director de orquesta que siempre busca la manera de “joder” al cantante “aventándole” la orquesta y no dejándolo respirar para ponerlo “en evidencia”. Si el solista, reflexiona el personaje, no tiene “colmillo”, el desastre vocal es casi inminente.

Eduardo Diaz Muñoz

Eduardo Diaz Muñoz

La historia escrita por el crítico de ópera es ficción, pero lo cierto es que el impacto de un buen o mal concertador en la ópera es real, quien no está especializado en el género suele poner a los solistas, al coro y a la orquesta en serias dificultades.

Y es que no basta que un concertador sea un gran maestro en el repertorio sinfónico para estar al frente de un montaje, necesita conocer las complejidades del género: estar al tanto de la orquesta, del elenco de solistas que van de uno a 20, del coro, de la puesta en escena, de la iluminación y de los movimientos escénicos; así como conocer las tradiciones de la disciplina artística considerado por muchos como el género mayor: en el repertorio romántico del siglo XIX, sobre todo en el periodo belcantista, hay muchas cosas que la tradición ha ido marcando, por ejemplo, que un cantante hizo famosa su interpretación del aria y después alguien más lo repitió como el Mi bemol agudo en la escena de la locura de Lucia de Lammermoor.

En México casi todos los directores han dirigido ópera alguna vez, pero son muy pocos los especialistas. Los expertos explican que las razones se deben a la poca producción que existe, así como a las reducidas opciones que tienen para formarse en las aulas y en los escenarios. Sin embargo, en los últimos años en los estados hay cada vez más ejemplos de gente interesada en hacer ópera, así como iniciativas privadas que están apostando por esta disciplina.

Hasta ahora, el único proyecto que el INBA ha anunciado es la creación del Estudio de la Ópera, que será dedicado a la formación de voces; durante la presentación de lo que oficialmente bautizaron como la “nueva época de la Ópera de Bellas Artes”, su director, el tenor Ramón Vargas, admitió que la dirección orquestal también deberá ser una rama que debe fortalecerse en nuestro país.

Mientras eso ocurre, sólo un director es, hasta hoy, una autoridad en la ópera hecha en México: Enrique Patrón de Rueda, pero existen otros nombres que vienen a la memoria de quienes, como se dice, están en el ajo, como el maestro Eduardo Diazmuñoz, aunque ha hecho carrera principalmente en Estados Unidos; Fernando Lozano, Juan Carlos Lomónaco y Luis Herrera de la Fuente.

Frente a ellos hay una nueva generación de jóvenes directores con cada vez mayor presencia en la ópera: Iván López Reynoso y Rodrigo Macías. Además, hay otros directores que con producciones independientes intentan conseguir un espacio en este reducido mundo, como Rodrigo Sierra Moncayo y Marcos Escalante.

Para Charles H. Oppenheim, editor de la revista Pro Ópera, la creación de concertadores especializados se ha dado a cuentagotas porque la única compañía dedicada a la ópera es la de Bellas Artes. “Sólo los que tienen el interés personal muy claro de querer trabajar con voces son los que procuran tener ese nivel de especialización y buscan programar ópera en sus orquestas, como Fernando Lozano, Armando Pesqueira, Rodrigo Macías y Armando Vargas, quizá no lo logran con la frecuencia que uno desearía pero es importante que lo intenten, pero también es cierto que hay otros con el fin de presentar repertorios sinfónicos”.

Básico, la pasión

La especialización en la ópera, dice López Reynoso, se adquiere dirigiendo y amando a la ópera, y formándose en el escenario por eso, advierte, es fundamental que haya oportunidades. “Quien quiera especializarse tiene que sentir una profunda pasión, o puede enfrentar muchos conflictos. Hay directores sinfónicos extraordinarios que nunca fueron buenos directores de ópera porque no estaban envueltos en el género que exige disciplina, seriedad y un gran amor”, dice.

El amor por el género es algo en lo que por más de 30 años ha insistido Patrón de Rueda. En una entrevista publicada en Pro Ópera cuando le pidieron que le explicara a los jóvenes directores y cantantes en ciernes qué se necesita para dedicarse al género respondió: “Una vocación enorme para poder sobrevivir en este ambiente, que a veces no es tan bonito y saludable. Si no tienes ese gran amor, esa vocación, mejor no te dediques a esto. Ésta es una carrera en la que siempre tienes que estar batallando, sobreviviendo, defendiéndote, incluso en tu mismo país”.

Rodrigo Macías, quien debutó en la ópera en 2008 con Tosca y que actualmente dirige la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado de México —en donde con cada vez más frecuencia dirige ópera—, está de acuerdo en que es la pasión el primer ingrediente para adentrarse en la disciplina. “La ópera cambió mi vida porque el tratamiento de la música es muy distinto, es prácticamente otra profesión, es un mundo único con todas las dificultades que te imagines y yo sentí amor a primera vista”, cuenta.

López Reynoso de 23 años, hasta ahora, se está ganando el respeto del gremio. Debutó como director de orquesta en 2010 con Las bodas de Fígaro, de Mozart en Monterrey, dos años después debutó como concertador en Bellas Artes dirigiendo a los mexicanos con trayectoria internacional Mónica Chávez, Rebeca Olvera, Javier Camarena, David Lomelí y Carlos Almaguer, y a la Orquesta de Teatro de Bellas Artes; además ha dirigido al Coro de esta institución, obteniendo críticas favorables, por eso es considerado ya una promesa de la dirección de ópera.

“En esta profesión se necesita preparación y suerte, en ese orden, pero obviamente tiene que haber gente que confíe en ti. A mí me ha ayudado que soy necio y persistente, y que tengo muy claro qué quiero y cómo quiero crecer. Sabía que quería dirigir ópera y sabía que para hacer eso tenía que cantar y acompañar a cantantes en el piano, me puse estudiar, me invitan a cantar y al año siguiente a dirigir. Todo fue parte de un proceso, así se emprende el camino y se siguen los objetivos. Han llegado más oportunidades y siempre he tratado de estar a la altura de lo que la gente espera de mí”, cuenta.

Marcos Escalante es ejemplo de que si las oportunidades no se ofrecen, se crean, así debutó como concertador con la compañía independiente L´Arte della Perla y estrenó en México la ópera Rinaldo. “Me invitaron a dirigir y ha sido muy importante para mí. La ópera abarca tantas disciplinas que tienes que amarla”.