Por su trabajo como fagot solista durante 31 años y su labor en la enseñanza de los jóvenes músicos, ha sido declarado Maestro Honorario por la Fundación del Estado para las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. 

Prensa FundaMusical Bolívar / MPPDPGG

Nacido en el estado Aragua, inició sus estudios en la Escuela de Música Federico Villena bajo la tutela de Martín Vielma y Miguel Zamora. Es miembro fundador de la Sinfónica Juvenil del estado Aragua y de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar. Ocupó el cargo de primer fagot en la Sinfónica Simón Bolívar. Se desempeñó como jefe de la Cátedra Nacional del instrumento y jefe de la Academia Internacional de Fagotes de El Sistema.

¿Cómo se acercó por primera vez al fagot?

Yo vengo de la Federico Villena del estado Aragua. Intenté entrar a los 14 años, aproximadamente, al Conservatorio de Música del estado Aragua y no fue posible porque ellos marcaron un tope de 12 años para los nuevo ingreso. Pero en la Federico Villena, montada por el maestro Guevara, comencé la actividad sinfónica con el instrumento. El fagot me gustó porque lo había escuchado en la televisión, sencillamente. Lo empecé a estudiar en el conservatorio y lo puse en práctica dentro de la Orquesta de Aragua, que se sumó, tiempo después, al movimiento de las orquestas juveniles impulsado por el maestro José Antonio Abreu. Fue tanto el impacto que produjo su aparición en los músicos del estado Aragua que casi la totalidad se mudó a lo que sería la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar.

¿Qué características tiene el fagot como instrumento?

El fagot es un híbrido bien complicado. Está ensamblado por varias piezas, tiene un cuerpo grande, una campana, una culata, un tudel, una caña, una guinda, todo eso lo diferencia de la flauta, por ejemplo, conformada prácticamente por dos piezas. También nosotros los fagotistas tenemos el valor de la caña, que es un agregado cuya duración es variable, pero no excede del mes, en la mayoría de los casos, lo que la convierte en un gasto continuo. Otra cosa que atenta contra los interesados en el instrumento es su costo. Es muy alto. Por suerte El Sistema ha ayudado muchísimo en este respecto, y ha contribuido en convertirnos en el país que más fagotistas tiene en el mundo.

Para todos aquellos interesados o ya conocidos del tema, ¿en qué consiste la cátedra de fagot del Conservatorio de Música Simón Bolívar? 

Yo tengo ya en el Conservatorio 39 años, desde sus inicios en La Florida. En un principio había un encargado nacional de la cátedra del instrumento, cuyo nombre era Filiberto Núñez, pero desde hace más de 30 años yo he asumido tal labor. Junto a El Sistema hemos tratado de mejorar la metodología, mejorar la enseñanza. Con el maestro Abreu emprendimos varios seminarios para perfeccionar a los maestros, e inclusive a los muchachos.

Llegamos a traer a grandes figuras como Henning Trog, Stefano Canuti, John Miller, Francis Poulet, George Sakakeeny, Giorgio Versiglia y logramos hacer el Festival de Fagot de 2011. Me complace el nivel que han alcanzado los jóvenes intérpretes del instrumento, por ejemplo los que integran la Bolívar B, e incluso en el extranjero los fagotistas venezolanos han hecho sentir su presencia. Este trabajo de especialización musical ha provocado que grandes maestros del mundo vean en los venezolanos talento de exportación, incluso por encima de las estrictas consideraciones de ingreso que mantienen con respecto a otros estudiantes, particularmente latinoamericanos.

La gran diferencia educativa, en comparación con el resto del mundo, es que nuestros muchachos ya están formados en la cátedra, tienen un buen nivel, y eso en algunas ocasiones nos ha traído problemas con maestros de afuera que se los quieren llevar apenas los descubren.  

Con su amplia experiencia docente e interpretativa, ¿cuáles agrupaciones y maestros dejaron huella en usted?

No voy a decir una orquesta en particular porque yo siento que “la orquesta” es todo un movimiento que en el fondo tiene el mismo significado. Yo comencé en una orquesta juvenil, que pasó luego a convertirse en una de mayor nivel. En Caracas replicamos la agrupación y luego creamos la Simón Bolívar. Después estuve en el Teresa Carreño desempeñándome prácticamente como director de los maestros. En fin, ayudar a la juventud fagotista, en gran medida gracias al apoyo del irremplazable maestro Abreu.

¿Qué significa para usted la música?

Han cambiado tanto los tiempos que, para mí, todas las especialidades se han convertido en un arte. Esas pequeñas labores, incluso las más cotidianas, tienen algo artístico. A lo mejor si naciera de nuevo no fuera fagotista, pero la mayor gratificación que tengo es la de haber contribuido en la formación de muchas personas. He tratado de ser un continuador de las enseñanzas del maestro Abreu, no bajo la figura del típico profesor que da clases frente al estudiante, porque en muchas ocasiones hay que moldear al muchacho, acercársele y trabajar a partir de su condición, esa es la verdadera finalidad de El Sistema como proyecto social.