Vía: elnuevoherald.com | Por: Daniel Fernández

El friecito miamense no arredró al público que acudió con entusiasmo a la nueva edición de Ocean Drive in Vienna, que presentó el domingo 19 la Miami Symphony (MISO), con su director, Eduardo Marturet, en el Knight Concert Hall del Arsht Center for the Performing Arts.

Eduardo Marturet Foto: Ivan Gabaldon

Con la temática de valses y polcas que caracteriza el popular espectáculo, el programa sin embargo presentó atractivos especiales, como la reposición de obras originales para esta orquesta y, sobre todo, el estreno mundial de Refried Farandoule, de Samuel Hyken, inspirada en parte de La arlesiana de Bizet, a su vez hilvanada con aires populares de hace siglos, que resultó un éxito total, y no solo ganó para la excelente orquesta largos aplausos, sino para el autor, compositor en residencia de la MISO.

Una vez más Marturet y sus músicos demostraron el nivel de excelencia que ha alcanzado esta orquesta a la que se suman constantemente seguidores y patrocinadores. Un largo trecho ha recorrido esta institución, desde que hace 25 años, el maestro Manuel Ochoa, contra viento y marea, la fundara con precarios recursos. La visión de Ochoa, a quien esta ciudad le debe por lo menos el nombre de una calle, criticada por muchos, ha sido llevada a buen término con el talento y el trabajo de Marturet, sin duda un maestro de talla internacional.

A propósito de vientos y mareas, es de notar que antes de comenzar la segunda parte de la noche, Marturet le entregó a la famosa empresaria miamense Judy Drucker el MISO Golden Baton of Recognition. La empresaria, al recibir el premio, se dirigió al público, aparentemente asombrada de que hubiera tantos asistentes a un concierto de una orquesta a la que ella iba por primera vez y prometió que habría muchos conciertos como este. ¿Será que va a patrocinarlos de alguna forma? Cabe recordar el comentario que publicara Drucker en un artículo vergonzoso en el Miami Herald, donde, con motivo de la visita de la MISO al Carnegie Hall de Nueva York, en el 2000, dijo que era algo “embarazoso” para la ciudad, a pesar de que nunca se había dignado a poner los pies en uno de sus conciertos. “Como cambia la gente”.

El resto del espectáculo terminó muy divertidamente con una especie de sketch humorístico con el famoso actor Christian Meier machacando el triángulo; luego la inevitable Radetzky March, coreada a palmas, y El puente sobre el río Kwai, silvado por los músicos y el público, y para el que Marturet se apareció con casaca roja, zapatos a lo Mago de Oz y un guacamayo y una cacatúa posados en sus hombros. Todo cerró en gran jolgorio que hizo reír y ovacionar al público. Una noche digna de Viena, con todo y el friecito europeo que nos toca en estos días.•

El próximo concierto de la Miami Symphony será ‘MISO at the Bass’, gratis, en el Bass Museum of Arts, Collins Park, Miami Beach, domingo 26 a las 4 p.m.