Del libro “On Becoming a conductor” de: Frank L. Battisti | Traducción: Raumel Reyes

En 1854 el musicólogo y lexicógrafo americano John Weeks Moore (1807-1889) estableció una lista de actividades y cocimientos que él creía que un director de orquesta debía tener en la Enciclopedia Completa de Música, el primer diccionario de música en américa:

Es absolutamente necesario que el director de orquesta deba ser un compositor, en la completa aceptación del término; uno quien pueda, si fuera necesario, producir grandes y buenas obras para banda y coro; quien pueda arreglar rápidamente canciones, duetos, etc.

Debe poseer un conocimiento del mundo así como de la música. Él debe unir con gran firmeza y determinación de propósito, sin comprometer el carácter del hombre de buen sentido y al caballero.

Debe poseer un conocimiento minucioso de cada obra tocada; no solo en la práctica, sino también en el punto de vista teórico. Sin esto, no puede pretender corregir un error, ya sea en partes separadas, o en su full score; y sin esta capacidad, nunca debería, en mi humilde opinión, presumir empuñar la batuta.

Debe poseer una rápida susceptibilidad de facultad, dictada por el más alto grado de cultura, necesario para permitirle detectar el más insignificante error en el ensayo; y al detectar el error debe corregir sin ofender los sentimientos del músico. Este último punto es uno de los más difíciles para un director.

Un director debe estar investido con la más delicada percepción de la medida de tiempo y el juego de los ritmos, con la cual debe indicar los tempos con la más exacta división y decisión. Tampoco debe marcar los tempos como una máquina ni debe ser extravagante ni violento en su manera de desviar la atención de la audiencia a la música por los excéntricos giros de su espasmódica batuta.

Un buen director de orquesta debe, en todo momento estar preparado para acompañar en el piano toda clase de piezas… En cualquier momento.

Félix Mendelssohn-Bartholdy (1809-1847) además de ser compositor, fue uno de los primeros maestros directores modernos. Gunther Schuller describe el estilo de Mendelssohn como informado por una fidelidad al score, a la historia y a la autenticidad del estilo. Él se convirtió en un símbolo de objetividad al hacer música exponiendo con claridad clásica y unidad en la ejecución.

Héctor Berlioz (1803-1869) un contemporáneo de Mendelssohn es mencionado como el primer virtuoso de la dirección. Fue un líder ardiente cuya conducta ante la orquesta estaba lejos de ser refrenada. Berlioz creyó que un director de orquesta necesitaba… dones indefinibles, sin los cuales el contacto entre él y la orquesta no puede ser establecido. Al carecer de estos, no puede (el director) transmitir sus sentimientos a los músicos y no tiene poder dominante o influencia de guía. No es un director ni un líder sino simplemente un marcador de tiempo.

Berlioz sintió que el director de orquesta debe combinar “precisión, flexibilidad, pasión, sensitividad y frescura…” con un indefinible instinto sutil.

Richard Wagner (1813-1883) es acreditado con ser el fundador de la escuela interpretativa de dirección. Su estilo de dirigir era Molto Expressivo. Las presentaciones de Wagner ofrecían fluctuaciones en los tiempos y un pulso que se expresa en frases en lugar de compases. El ejercía un gran dominio sobre la orquesta.

Los estilos de dirigir de Wagner y Mendelssohn eran radicalmente diferentes. Leonard Bernstein, uno de los músicos norteamericanos más dotado y un virtuoso director, sintió que…

“…Mendelssohn es el padre de la escuela elegante, mientras que Wagner la escuela apasionada de dirección. Para Bernstein ambos fueron necesarios. Ninguna es completamente satisfactoria sin la otra… Ambas pueden ser malamente abusadas.”

Bernstein, en su libro The Joy of Music escribe que el requerimiento principal de un director de orquesta es que sea… Humilde ante el compositor; nunca interponerse a sí mismo entre la música y la audiencia; que todos sus esfuerzos, sean estruendosos o glamorosos sean hechos al servicio de las intenciones del compositor – la música en sí misma, después de todo, es la razón total de la existencia del director.

Esta declaración hecha por uno de los directores de orquesta más extravagantes del siglo XX provocó la siguiente reacción del director – compositor Gunter Schuller: “es triste y confuso que Bernstein raramente siguió su propio credo”.

Schuller castigó a Bernstein y a otros famosos directores en su libro de 1997 The Compleat Conductor por su “muy personal e insurgentes” interpretaciones y presentaciones. El declaró que la responsabilidad de un director es:

…Expresar la música con claridad, darle la forma que el compositor indicó en el score, y capturar la esencia de la expresión y estilo del compositor… y el nivel más fundamental del trabajo del director es proporcionar marco rítmico de referencia (a través de la batida) y la representación visual del contenido musical ( a través de la expresión de su batuta).

Una misión del director (y una recompensa) de acuerdo a Erich Leinsdorf es descubrir el gran diseño de cada obra del compositor:

…Los amantes serios de la música no asisten al concierto para aprender la noción del director de como Beethoven debió haber escrito su música. Ellos van a escuchar la música que el escribió tocada en la manera que el la concibió… Hoy, valentía especial se requiere para barrer los restos de malas interpretaciones y revelar la obra del compositor como la construyó por primera vez. Irónicamente, la interpretación fiel de un gran maestro desea a menudo no verse conservadora sino radical.

La palabra italiana “maestro” literalmente significa enseñar. Leonard Bernstein creía que enseñar era “…  la esencia de su función como director. Comparto lo que sea que sé y lo que sea que siento sobre la música (con el público y los músicos).” El también sentía que los directores eran… “una clase de escultor cuyo elemento es el tiempo en lugar de mármol; y al esculpirlo… (El director) debe tener un sentido superior de proporción y relación”.

El cellista-director-compositor alemán Karl Schröder (1848-1945) creía que los directores de orquesta tienen que poseer:

…Un sentido natural por el tiempo, un buen modo musical; un sentido firme por el ritmo; una buena educación en armonía, composición, de leer el score; destreza para tocar el piano, buen conocimiento de la técnica de todos los instrumentos (si es posible algunas habilidades prácticas en algunos de ellos)…

Helen Epstein, escribiendo en el New York Times (“Learning the impossible Art of Conducting” 1981) declaró que los directores… tenían que tener… la Fortaleza de la un bailarín; la expresión facial de un actor; la agudeza organizacional de un ejecutivo; las habilidades interpersonales de un sociólogo; la capacidad inspiracional de un líder religioso; y, por supuesto, una musicalidad tan sensitiva e irresistible que otros 100 músicos aceptaran su lectura de una obra como suya propia.

En conclusión, un director parece que tiene que ser un músico con presencia de líder, apasionado por la música, tener una memoria fabulosa, creatividad e imaginación, gran liderazgo, ser psicólogo, maestro, organizador y una fuente de inspiración.