Mariantonia Palacios

Mariantonia Palacios

Mariantonia Palacios

“Cuando el aire frío sorprende a los desprevenidos caminantes de la ciudad, este aire que baja de los más altos edificios, que sopla filosamente por los flancos de las avenidas y parece colarse por entre los surtidores como una lluvia liviana, siente uno la presencia de algo fabuloso y lejano que traen los días de diciembre… Los aguinaldos y villancicos levantan una ansiedad a medias triste y a medias jubilosa, una sensación de beatitud y deslumbre, una esperanza de alegría o un doloroso presentimiento… Así comienza diciembre. Y decir diciembre es decir Navidad.”  Con estas palabras Adriano González León describió en 1954 la navidad venezolana en su relato La Navidad entre la historia y la leyenda.

Nada es más emblemático de estas fechas que la entonación de cánticos alusivos al nacimiento del Niño Dios, a la venida de los Reyes Magos, o a las celebraciones y fiestas que rodean el acontecimiento. Cantos conocidos entre nosotros con el nombre de aguinaldos.

La utilización del término aguinaldo en Venezuela data de fechas remotas. Ya en 1777 el obispo Mariano Martí habla de las Misas de Aguinaldo celebradas en honor a la Virgen María en la población de Trujillo. Las mismas tenían lugar entre el 16 de diciembre y la Natividad en horas de la madrugada, lo cual parecía al obispo sumamente inconveniente, pues toda misa debía celebrarse ab aurora usque ad meridiem para evitar tentaciones y abusos.

Igualmente encontramos el término referido a los regalos o cuelgas que se obsequian en las fiestas decembrinas. De hecho, una de las acepciones que el Diccionario de la Real Academia da del vocablo es “regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía”.

Aguinaldo además se llama la composición musical que se canta en Navidad, no sólo en Venezuela, sino en muchos lugares de América Latina. El mencionado Diccionario también recoge este uso: “Villancico de navidad”, dejando ver la ascendencia hispana de la expresión. Wilhelm Sievers, geógrafo y geólogo alemán de visita en el país entre 1884-1885 y entre 1892-1893, menciona estos cantos que se entonan durante las fiestas navideñas. Los describe como canciones “monótonas, casi lastimeras” interpretadas por grupos que van de casa en casa deleitando a los dueños e invitados a cambio de “algunas monedas de cobre o en algunos casos grandes cantidades de dinero”.  Estos cantos no sólo los interpretaban estos conjuntos de parranderos con el acompañamiento de guitarra o cuatro, maracas, pandero y furruco.  También se entonaban dentro de la Iglesia. En 1928 se pretendió infructuosamente regular su uso permitiendo que se cantaran únicamente antes o después del Santo Sacrificio y no durante la misa, como era la costumbre.

Disco Entre Rito y Parranda, 1988 (FUNDEF).Aguinalderos

Disco Entre Rito y Parranda, 1988 (FUNDEF).Aguinalderos

Vicente Emilio Sojo, quien se dedicó a compilar, arreglar y difundir una gran cantidad de estos cantos, habla de los “antiguos villancicos venezolanos, compuestos para el Nacimiento” en contraposición al aguinaldo, “de posterior aparición, que tiene cierta complejidad característica, proveniente de la danza y la contradanza”. Entre 1945 y 1946, publicó dos cuadernos de aguinaldos que contienen los cantos tradicionales que nos han acompañado durante generaciones. Estas melodías provenían de un librillo rescatado por Juan Bautista Plaza propiedad de los cantores de la iglesia de San Pedro de los Altos, estado Miranda, y de un manuscrito perteneciente a la señorita María Moreira. Sojo armonizó estas melodías y les agregó un intrincado acompañamiento contrapuntístico para piano, publicando los cuadernos Aguinaldos populares venezolanos para la Nochebuena 1 y 2, que han sido reeditados numerosas veces a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.

Aguinalderos

Aguinalderos

Mucho antes de su publicación, estos cánticos se habían hecho muy populares, gracias en parte a la labor de Sojo como director del Orfeón Lamas. El 24 de diciembre de 1938, en la iglesia de Santa Capilla, tuvo lugar un concierto que se convertiría en tradición. Se interpretaron los aguinaldos venezolanos arreglados por Sojo. Los solistas Carmen Liendo (soprano), Teo Capriles (tenor), y Antonio Lauro (bajo), acompañados por Inocente Carreño (pandero), Julio Liendo (maracas), Manuel Piccinini (charrasca) y Evencio Castellanos en el piano, inmortalizaron estas melodías. Aguinaldos a lo divino que cantan al Niño Dios hecho carne, o aguinaldos de parranda con ritmos pegajosos y jocosos textos que invitan a divertirse, se interpretarían año tras año a partir de ese concierto. Los aguinaldos se convirtieron así en algo imprescindible en nuestras fiestas navideñas. Algo tan necesario como la hallaca, el pan de jamón, el dulce de lechosa y el pesebre.

Celebremos pues nuestra Navidad, encarnando esta tradición:

“Cantemos, cantemos / debemos cantar / esta es Nochebuena / para parrandear.” “Cantemos, cantemos / gloria al Salvador. / Feliz noche buena / nos da el Niño Dios”.

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