El virtuoso guitarrista, que tocó y grabó con Chick Corea y Joe Zawinul, cuenta cómo concibe los distintos estilos, antes de presentarse hoy en Bebop; «soy un guitarrista en busca de melodías simples», dice


Vía: lanacion.com.ar | Sebastián Chaves

Para un músico que creció en el jazz fusión de principios de los 80, resumirse de esa manera no es poca cosa. Scott Henderson dio sus primeros pasos en las grandes ligas con músicos que nunca fueron del todo fáciles de escuchar. Chick Corea, Joe Zawinul, Jeff Berlin y Jean-Luc Ponty lo reclutaron para sus respectivos discos cuando pocos lo conocían en la escena de Los Ángeles, y esas experiencias se convirtieron en su bautismo de fuego. «Desde mi punto de vista, no era música difícil», cuenta antes de la seguidilla de shows en Bebop Club, que comenzó anteayer y se extiende hasta hoy. «De hecho, con Chick Corea me aburrí un montón, no era ni de cerca lo que a mí me gustaba». Aunque reconoce que ver al pianista en su adolescencia lo marcó para siempre, explica que cuando fue convocado estaba en una etapa que a él no le interesaba. «Estaba en su faceta smooth jazz, no me gustaba para nada», remata.

De su paso por el grupo de Joe Zawinul, sin embargo, su recuerdo es otro. «Con él sí era un desafío, y fue con el único con el que toqué lo que realmente quería», se entusiasma. «Todo el tiempo buscaba sonar simple y creativo, como si cada solo fuera una melodía nueva. Eso es un poco lo que busco desde entonces, que la improvisación tenga mucho de eso. Como si todo el tiempo quisieras crear una canción de los Beatles. Algo que sea fácil de escuchar pero a la vez novedoso, creativo». Asentado definitivamente en la escena, Scott Henderson fundó, junto al bajista Gary Willis, Tribal Tech, un grupo en el que los límites entre el blues, el jazz y el rock eran bien difusos.

A partir de allí, cuenta, su idea fue buscar siempre un balance entre la composición y la improvisación. «Ponerse a zapar diez minutos sobre un acorde no es algo que me interesa, yo no hago música para músicos», afirma. «Viene a escucharme gente fanática de ZZ Top y de Beyoncé, porque tengo un costado pop, siempre fui un músico de canciones». Alejado de lo que él denomina «los vanguardistas de las formas libres», Henderson asegura que sus composiciones pueden no tener la estructura clásica de la canción, pero que algo de eso siempre se puede detectar, que no se trata de una melodía de 20 segundos y luego un solo de guitarra eterno.

Nacido en West Palm Beach, Florida, en 1954, Scott supo que quería ser guitarrista cuando escuchó «Whole Lotta Love» en la radio. «Era una época en la que pasaban Led Zeppelin por las AM», recuerda, y se ríe. «Supongo que se fumaba más marihuana y había muchos hippies», añade. De inmediato, les pidió a sus padres una guitarra y se propuso sacar el solo de Jimmy Page junto a un vecino que también estaba estudiando el instrumento. «Aprender música siempre tuvo algo de comunitario, de mostrar lo que sacaste y que otros te enseñen algo a vos. Por eso me gusta seguir dando clases hoy en día, es el momento en el que tocás por amor a la música y sin la presión de que haya público mirando», explica.

Cuando decidió que quería ser músico de tiempo completo, Henderson entendió que tenía que mudarse. Aunque allí en su ciudad natal había visto shows que le cambiaron la vida (desde Deep Purple hasta el mítico cuarteto que había acompañado a Miles Davis en los 60), la escena era prácticamente nula. «No había sellos discográficos, esos que hoy parecen no servir para nada, en ese momento eran clave», considera. «Tenías que mudarte sí o sí a Los Ángeles o a Nueva York si querías tener una carrera en la música», dice. Así fue que decidió mudarse a la costa oeste y hacerse un nombre entre los grandes.

«Siempre hay un momento en la vida del músico en que pensás: ‘No voy a lograrlo, voy a tener que vivir de otra cosa'», cuenta Henderson, que recién a los 30 pudo conseguir sus primeras grabaciones importantes. «A mí me llevó dos años que me conocieran. Tenés que estudiar mucho y salir a tocar cuando realmente sentís que estás preparado. Si sos bueno de verdad, vas a conseguir trabajo, porque se corre el rumor, todo es de boca en boca. Alguien te ve tocar y te contrata para su disco o te lleva de gira, y así. Lo bueno del mundo del jazz es que es muy pequeño, no es algo corporativo, como en el pop», señaló. Con solo mirar la cantidad de discos que grabó con distintos proyectos a mediados de los 80, basta para entender por qué confía tanto en los procesos.

-Cuando formaste Tribal Tech, el gran momento del jazz fusión parecía haber quedado atrás. ¿Qué sentís que aportaron de novedoso?

-Que no hacíamos música solo para músicos. No nos interesaba la autoindulgencia. Es lo mismo que pasa con mi trío ahora, tocamos lo que pide la canción. Si hay que ser blueseros, somos blueseros, si hay que ser rockeros, somos rockeros. Lo importante es tener mucho vocabulario para poder tocar lo que te pide la canción y no lo que vos querés para mostrarte. Si voy a un show donde todo es jazz clásico, me aburro; lo mismo si es rock and roll y nada más. No me interesa que los shows sean monotemáticos, quiero construir una historia con distintos estados de ánimo, como en una película. Siento que hoy por hoy hay pocos músicos haciendo eso. Y por eso hay más músicos de jazz que público de jazz.

-¿Y hoy cuánto te influencia lo que pasa con la música a nivel mainstream?

-Nada. No presto atención a lo que pasa musicalmente hoy en día. Casi no escucho música de otros, no me interesa investigar ni estar actualizado. Tengo amigos en los que confío que me pasan música y a ellos sí les hago caso, pero no mucho más, soy selectivo. Admiro a Miles Davis, a Coltrane, a Hendrix y a Led Zeppelin, pero no siento que hoy haya gente a ese nivel, salvo excepciones. Cuando apareció Van Halen, fue algo realmente novedoso. Era nuevo y bueno, pero la mayoría de los que aparecieron en esa época solo tocaban rápido. No me interesa que toques un millón de notas si son todas malas, me aburren. La camada de virtuosos de los 80, esa era del shred, me parece una porquería. Escuchar rock en los 80 era algo horrible.