Trompetista, compositor y arreglista venezolano, egresado de la escuela Ars Nova como Licenciado en Música mención composición, y de la cátedra de trompeta del maestro José Rodríguez.

Prensa FundaMusical Bolívar / MPPDPGG

Perteneciente a la nueva generación de músicos del país, ha participado en clases de improvisación e interpretación con maestros como Nicolás Folmer, Claudio Roditi, Wynton Marsalis, James Zollar, Pablo Gil, entre otros, y acompañado a grandes exponentes del género como Gerry Weil, Biella Da Costa, Alberto Naranjo y Saxomanía.

Actualmente dirige la Venezuela Big Band Jazz, destacada agrupación que forma parte del programa de expansión hacia géneros musicales populares implementado en el Conservatorio de Música Simón Bolívar, la cual interpreta arreglos de temas fundamentales dentro de la historia del jazz tradicional y contemporáneo, arreglos originales de miembros de la Venezuela Big Band Jazz y de compositores latinoamericanos y venezolanos.

¿Qué trompetista fue el primero en influirte? ¿Algún venezolano? 

El primer trompetista de jazz que recuerdo haber escuchado en mi vida fue Clifford Brown. Mi mamá tenía unos LP’s de él en la casa, y yo tarareaba algunas melodías que aprendía de sus solos. Rafael “el Gallo” Velásquez también me fascinó desde niño, cuando lo veía tocando en las ediciones del programa Jazz que transmitían en Venezolana de Televisión (VTV).

¿Siempre consideraste al jazz por encima de otros géneros?

De adolescente, cuando fui trompetista principal de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Chacao, quería ser como Wynton Marsalis. Me impresionaba muchísimo su versatilidad al tocar el Carnaval de Venecia o el concierto de Haydn con la Orquesta Boston Pops e inmediatamente después interpretar algún tema de jazz solo o junto a figuras como Sarah Vaughan. En ese momento soñaba con tocar así los dos géneros.

¿Qué significa encontrar un sonido propio?

El sonido es tu huella digital, lo que te identifica. Para mí, es lo más importante a la hora de tocar.

¿Cómo es la movida del jazz en Venezuela?

El jazz en Venezuela ha tenido y tiene grandes exponentes. Ha crecido el número de seguidores y esto también contribuye al desarrollo del género. Siempre hay gente haciendo cosas muy interesantes. Todavía en Caracas quedan lugares donde tocar jazz, como también en otras ciudades del país. Por otro lado, la globalización permite tener acceso a muchísima información a través de Internet: videos, literatura, audios. Eso, por supuesto, favorece la preparación de los músicos. Desde tu casa puedes ver un jam session de un club de Nueva York, por ejemplo.

¿Cuánta importancia tiene que se realicen festivales como el Jazz Venezuela?

Es una gran iniciativa, una excelente oportunidad para mostrar todo el trabajo que se viene haciendo a diario desde el Conservatorio de Música Simón Bolívar con las diferentes agrupaciones, y un gran honor que se realice en un espacio como el Teatro Teresa Carreño. Estoy seguro de que vendrán nuevas ediciones de este festival en los próximos años.

Como director de la Venezuela Big Band Jazz, ¿qué objetivos se plantea la agrupación y cómo la daría a conocer a un público por primera vez?

La Venezuela Big band Jazz, al igual que el resto de las agrupaciones de Conservatorio Simón Bolívar, cumple una función pedagógica y de formación; sin embargo, desde su creación, nos hemos establecido la meta de ser de vanguardia, de crear un sonido propio y elevar la ejecución del jazz al más alto nivel, que cada concierto sea una experiencia única, con un repertorio amplio y en constante variación, desde el jazz más tradicional hasta obras de música académica para orquestas de este formato.

Ahora mismo estamos enfocados en difundir piezas de compositores y/o arreglistas venezolanos, latinoamericanos y del mundo entero en la mayor cantidad de espacios posibles del país. Pero también trabajamos para poder llevar nuestra orquesta a espacios importantes del mundo como embajadores del jazz de El Sistema, del Conservatorio de Música Simón Bolívar y de toda Venezuela.