La actuación de una artista israelí de origen marroquí en Tánger levanta una tormenta de protestas

Vía: www.lavanguardia.com
Por Adolfo Ruiz Sevilla

Noam Vazana toca el piano, el trombón y canta. Y todo lo hace muy bien. Junto a su amiga Teema, a la que conoció en Ams­ter­dam, donde viven ambas, han formado un dúo con el que pretenden unir las herencias árabe y hebrea al pop y el jazz contemporáneos.

Porque Noam es una israelí de origen marroquí, y Teema, una holandesa también de origen marroquí. Con su idea de tender puentes de entendimiento, y no sólo en el mundo de la música, ambas han participado en numerosos proyectos solidarios, como West East Best (un musical donde israelíes y palestinos cantan juntos) o en el Salaam Shalom Amsterdan, que promueve la amistad entre judíos y musulmanes.

Sin embargo, Noam Vazana, de 35 años, no es bienvenida por algunos sectores sociales marroquíes. Contratada junto con Teema para participar en el conocido Tanjazz, el festival de jazz de Tánger, que alcanza ya su 18.ª edición, la cantante ha tenido que soportar un aluvión de insultos y de llamamientos a boicotear su actuación. Su delito es que ha llevado el uniforme del Ejército del Aire de Israel y actualmente está en la reserva. Como la inmensa mayoría de los jóvenes israelíes, Vazana también hizo el servicio militar obligatorio.

La revuelta en las redes sociales ha sido formidable. Liderados por Sion Assidon, un conocido militante islamista, se acusa a Vazana de “encarnar el racismo de los israelíes hacia los palestinos”. “¿Cómo se puede programar un concierto de esta cantante en Tánger, que es una ciudad ejemplo de multiculturalismo y coexistencia, mientras ella encarna y representa una cultura de racismo contra los palestinos?”, asegura Assidon.

La activista Imane Benaala llamaba a la sociedad civil, los partidos políticos y los estudiantes de Tánger a actuar para “anular este espectáculo y detener la normalización cultural con la entidad sionista”. Porque los militantes islamistas señalan que detrás de esta invitación se encuentra un intento soterrado y secreto de mejorar la opinión sobre Israel en Marruecos.

La Asociación de Solidaridad con la lucha del Pueblo Palestino de Tánger publicó un comunicado en el que critica la invitación a Vazana, lamenta el silencio de partidos como el Movimiento Unidad y Reforma (MUR) o el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), que en otras ocasiones han levantado sus voces de protesta siempre que se llama a la normalización de las relaciones con Israel. También exigen que cesen los patrocinios económicos que hacen posible el Tanjazz.

El movimiento propalestino Boicot y Sanciones llamaba a impedir la actuación de Noam Vazana “por haber servido en el ejército sionista y haber declarado que es una obligación de todo artista israelí actuar en todo el mundo con el objetivo de dar una imagen positiva de su Estado”. “Ella es un soldado que ha escogido su campo. Los organizadores deben anular su participación”, aseguraba la militante Kadhija Ryadi, olvidando el hecho de que es la tercera vez que ­Noam participa en el Tanjazz y nunca se había montado tal escándalo. La artista no se arredró y finalmente pudo dar su concierto, amparada en la premisa de que “la música une a la gente y a los pueblos y eso es lo que queremos hacer en Tánger, en Marruecos”. Su compañera de actuación, Teema aseguraba, por su parte: “Este concierto era importante para construir puentes”.

Además de insultos y amenazas, Noam y Teema también han recibido una oleada de apoyos a sus intenciones y su valentía. Una petición en Change.org firmada por un internauta y dirigida al ministro de Cultura, Mohamed Laaraj, recogió centenares de adhesiones en menos de tres días.

“En el 2017 ya no podemos admitir esta clase de mentiras, que fueron la causa principal de la inmigración masiva de ciudadanos marroquíes de origen judío en las décadas de 1950 y 1960. La Constitución marroquí del 2011 consagra la cultura hebrea en el seno de nuestra identidad nacional, y esto incluye evidentemente a la comunidad marroquí en Israel”, se asegura en una petición que ­Noam Vazana agradeció especialmente: “Estoy muy conmovida después de leer centenares de mensajes de cariño. Gracias a todos los que me habéis manifestado vuestro apoyo”.

Para el director del festival la polémica es “ridícula”. “Noam Vazana es holandesa, vive en Amsterdam, lo que precisamente no es una característica del sionismo. Es la tercera vez que viene a nuestro festival sin que hasta ahora se hubiera producido ni un solo problema. Por eso es ridículo lo que está sucediendo”, señala Philippe Lorin.