EFE | No es malo ser pequeño, eso te hace especial, auténtico, más cercano a un diamante que a un “big mac”, y lo dice Kent Nagano, el director de orquesta de una de las mayores y mejores orquestas del mundo, la de Montreal, muy seguro de que su debut este fin de semana frente a la OCNE será “muy especial”.

Kent Nagano

Kent Nagano

Nagano (Berkeley, California, 1951), uno de los mejores directores del mundo, está “orgullosísimo” de su trabajo frente a la Orquesta Sinfónica de Montreal (OSM), de la que se hizo cargo en 2006 y con la que acaba de renovar hasta 2020, un puesto que compatibilizará a partir de 2015 con el de titular de la ópera de Hamburgo.

Con la OSM, formada por cien músicos, acaba de estar en España, en Madrid y Oviedo, poniendo al público en pie con su elegante forma de dialogar con los músicos y el público y de comunicar una energía que el describe como una corriente eléctrica “de belleza”.

“Es una orquesta muy ambiciosa, pero nada interesada en frivolidades como el glamour o el poder”, asegura en una entrevista con Efe.

El viernes, sábado y domingo volverá al Auditorio Nacional para dirigir por primera vez a una orquesta española, la Orquesta Nacional, y espera el momento deleitándose con lo que será, presume, “una velada muy especial”.

Relajado, muy cómodo con sus vaqueros, camisa de cuadros y chaleco de lana, una imagen muy distinta a la elegantísima que luce en el podio, y tomándose largo tiempo para cada respuesta, Nagano explica que su objetivo es conectar con la orquesta y establecer con ella un diálogo en el que el público se sienta “más que espectador, partícipe”.

“Eso -precisa- es lo que hace especial cualquier representación, que sea cien por cien corazón. Se trata de ser generoso y compartir. Cada público es diferente y cada noche es especial y debe notar esa entrega total, meterse en ese proceso de descubrir la gran música. Es lo que le quedará después y lo que nos hará feliz”, subraya.

Interpretará la Quinta de Mahler y estrenará una obra que ha encargado la OCNE, “Al di là degli alberi”, de Arnaldo de Felice, un concierto para violonchelo, que el compositor ha dedicado al solista, Yves Savary.

“Arnaldo tiene mucho talento. La composición me parece lo más difícil porque debes crear de la nada, tener inspiración, escribir y luego… que la toque una orquesta. Cuando me propusieron estrenarla solo pude decir que sí porque es muy emocionante no saber nunca qué va a pasar por muchos ensayos que haya”, afirma entusiasmado.

Le encanta tener ocasión de dirigir a la OCNE en una ciudad “tan inspiradora” como Madrid, “con tanto arte y belleza”, y se asombra de la expectación que despierta su actuación.

“Esto no es Nueva York o Los Ángeles ni sus sinfónicas, es verdad. Esto es un diamante, no una ‘big mac’ de consumo rápido. Me pone triste que no se valore como merece lo que es más pequeño. Eso no es malo, es ser especial. Hay tantos sitios sin personalidad y sin conexión con su pasado… Lo pequeño es verdad y calidad”, afirma.

No le gusta la rutina, sino el riesgo y por eso se embarca, por ejemplo, en giras en las que cambia mucho de programa en pocos días, como ha sucedido con su tour de once días con la OSM por Europa.

“La música clásica es importante especialmente ahora. Es un problema cómo comunicamos los contenidos al público. Todo el mundo intenta un mercado nuevo en todos los campos, pero de hecho lo que te enriquece es cómo comunicas los contenidos y cuando lo haces pones en el centro el trabajo de una orquesta sinfónica”, apunta.

A Nagano, cuyo principal mentor fue el compositor Olivier Messiaen (1908-1992), le parece “muy equivocada” la idea de que dedicarse ahora a la música clásica es más difícil que nunca: “de lo que hay que preocuparse es de que las instituciones continuarán trabajando para su pervivencia”.

“La música -añade- continuará, es una parte esencial de la Humanidad pero es verdad que nuestra vida social, nuestra forma de relacionarnos con los demás ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años. No es decir si es bueno o si es malo. Simplemente es y lo que hay que hacer es adaptarse”.