Por Redacción LAVOZ | www.lavoz.com.ar/

La orquesta realmente me salvó la vida, porque dos amigos de mi barrio (que en Venezuela son los asentamientos marginales de acá) me invitaron a ir a robar una casa que estaba vacía. Yo les dije ‘no puedo, tengo ensayo’. Y esa noche los mataron a los dos, porque la casa no estaba vacía. Yo de la orquesta no me voy más”. Ese testimonio fue uno de los que más marcó al maestro venezolano Igor Lara y al que apela para mostrar cómo la música puede ser transformadora de un niño, de una familia, de una comunidad.

Unos 140 niños músicos de nueve provincias estuvieron anoche en el Pabellón Argentina (Pedro Castillo/LaVoz)

A eso aspira la metodología de El Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles, presente en Argentina desde 2004 y desde hace más de 40 años en Venezuela, con réplicas ya en todo el mundo. En Córdoba, la Orquesta-Escuela Mediterránea (OEM) arrancó en agosto de 2014, con la coordinación de la Fundación Pro Arte, el apoyo económico de Kolektor y el aval de Educación. OEM forma parte de la red que coordina Soijar, la entidad que en Argentina promueve la filosofía de El Sistema.

Ayer, Córdoba fue sede de un acontecimiento histórico: quedó conformada la Orquesta Infantil Nacional, que recibió el nombre Manuel Belgrano y el padrinazgo del director de la Sinfónica Provincial, Hadrian Ávila Arzuza. En el Pabellón Argentina, con la ovación encendida de las familias, maestros y amigos de los chicos, entre otros, actuó primero la Mediterránea y luego la Belgrano. Para diciembre, prometieron ejecutar el 1° movimiento de la 5ª Sinfonía de Beethoven, bien popular y compleja.

La conformación de la orquesta fue el broche de oro al trabajo de siete días del Seminario Orquestal Infantil que reunió a casi 140 niños de nueve provincias. Ensayaban en la escuela Esteban Pizarro desde las 9 hasta las 19. “A las 11 de la noche, había chicos en su cama tocando el violín: eso es señal de que les gusta”, contaba Lara. La mayoría pertenece a sectores vulnerables, donde los bienes culturales son escasísimos.

La condición es que los chicos no sepan nada de música. “Es una forma de empezar desde la igualdad”, dice María Valeria Atela, titular de Soijar. Hay más de 40 núcleos en el país.