Este sábado 10 de julio una actividad de protesta pacífica tomó por sorpresa a los habitantes de Petare, la populosa y temida barriada asentada en el municipio Sucre de Caracas. Desde las 9:00 am, cerca de la principal redoma de dicha “república independiente”, justo debajo de los desgastados murales alusivos al Libertador Simón Bolívar, comenzaron a aglomerarse un grupo de músicos, periodistas, escritores, productores de eventos, arquitectos y hasta politólogos, todos pertenecientes a la iniciativa “Alza tu Música”.


Por Roberto C. Palmitesta R. | @rpalmitesta


Algunos con sus cabellos largos, peinados y arreglados de diferentes maneras, además de su vestimenta bohemia, hippie, rastafari, deportiva y hasta rockera, empezaron a llamar la atención de los habitantes de Petare, uno de las barriadas o “favelas” más grandes de Latinoamérica.

Poco a poco iban colocando en la acera parales, cornetas, cables e instrumentos musicales. Algunos transeúntes cuando pasaban por el lugar se preguntaban: “¿qué está pasando aquí” o “¿Qué grupo va a tocar?”. Cerca de las 10:55 am comenzaría el evento y el despliegue de una enorme pancarta de 25,5 metros de largo por 1,24 de ancho, construida con tres mil billetes de Bs 2 unidos por cinta plástica, que llamó poderosamente la atención de los petareños. Tenía en letras rojas “= 1 $”, queriendo decir que esos tres mil billetes son necesarios para poder comprar uno solo con el valor equivalente a un dólar americano.

Bajo un cielo parcialmente nublado y una vez desplegada la enorme insignia azul y blanca que abarcaba casi 30 metros cuadrados, comenzó la acción de protesta musical con “Las piloneras”, una agrupación de damas vestidas con coloridos delantales que entonaban tradicionales cantos de pilón, pero con letras adaptadas a la protesta; sus voces fueron acompañadas por varios maraqueros encabezados por María José Castejón. No podía faltar el cuatro, el instrumento nacional, para amenizar las melodías. El mensaje iba impregnando el ambiente, rompiendo con la rutina de la zona:

Dale duro a ese pilón, que se acabe de rompé pa’vivi en democracia nos tenemos que mover… Ya me duele la cabeza de tanto darle al pilón orando por Venezuela pa’que vuelva a ser Nación…”

Mientras todos cantaban, los autobuses bajaban la velocidad para escuchar y para ver la enorme pancarta, inclusive algunos pasajeros se asomaban por la ventana; lo mismo hacían los motorizados que hasta paraban sus motos “pa’ ve que es lo que es”. Los transeúntes se acercaban y algunos de los integrantes del movimiento “Billete Alzao” les explicaban que con semejante cantidad de billetes no se podía ni comprar un paquete de arroz o de harina.

Al otro lado de la calle quedaba la parada de autobuses que van hacia Guarenas y un joven que iba abordando una de las unidades de transporte asomó su cabeza diciendo: “todo ese poco e’billetes no alcanzan para comprar el pasaje”.

Al principio un motorizado pasó gritando “Viva Chávez”, pero luego, otros diestros de las dos ruedas más bien se acercaban a los integrantes de Alza tu Música para decirles: “¡Qué bueno que están aquí! porque hay mucha gente que no entiende lo horrible de la situación de este país”.

La letra de Las Piloneras caló en algunos transeúntes, por ejemplo dos amas de casa que cargaban bolsas con productos recién comprados comentaban el mensaje: “Es verdad lo que dice la canción: No hay harina, no hay arroz, se acabó la producción, no tenemos las empresas…dale duro a ese pilón…” y su compañera la interrumpió agregando: “les faltó decir que no hay agua y no hay luz”.

Le tocó el turno a Marieva Dávila quien interpretó a base de piano y voz, con mucha ternura y sentimiento el tema de su autoría titulado “Subversivos”, que contiene una lírica emotiva, alusiva a la realidad de las acciones de calle:

La oscuridad recrea el miedo a lo invisible, visiones de balas perdidas que dejan sin remordimiento a los corazones vacíos. Las almas se las lleva el viento y esperan que en algún momento el recuerdo domine al olvido…”

Después su hermana Prisca, tomó el piano y el micrófono para entonar el “Pikirillo”, un tema similar a un pajarillo pero con toques de jazz y una letra colorida que aviva en la mente la identidad venezolana. Mientras cantaba, el sol ya brillaba y algunos peatones caminaban moviendo sus hombros como tratando de entrarle al ritmo.

Al lado izquierdo de donde se desarrollaba la actividad quedaba la cola para tomar los autobuses que cubren la ruta Petare-Mariches, donde una joven le decía a su pareja “quédate aquí cuidando la cola que voy a ver qué está pasando”; mientras otro señor de edad más avanzada con vestimenta de obrero profirió “¿qué hacen esos escuálidos aquí”; otra señora se quejaba del sonido: “no se escucha” y sus niños le decían “vamos a ver, vamos a ver la música”.

En la desordenada fila un joven de alta estatura y ropa deportiva dejó su puesto para ver desde más cerca comentando a su compañero de apariencia similar: “¡Qué bolas esa pancarta! y la música suena bien… pero oye mira esta chévere esa catirita”. Indudablemente y de una u otra forma, la actividad llamó la atención.

Cercano el medio día la gente seguía circulando, unos indiferentes otros curiosos. Un adolescente que vendía café y cigarrillos detuvo su paso, anunciando en tono animado: “vamos a ver qué es esto”, instalándose brevemente, mientras un hombre de edad avanzada le compraba un café para acompañar su disfrute del “show”.

Tras una breve pausa le tocaría el turno a Onechot, quien interpretó dos canciones muy propicias para la ocasión: “Postales de Caracas” para rendir tributo a la metrópolis que se puede recuperar y “Ciudad podrida”, un némesis al tema anterior para hacer un llamado de conciencia. Un adolescente lo escuchaba atento y decía: “eso es verdad, tiene razón”, refiriéndose al contenido lírico.

Las motos y los autobuses seguían bajando la velocidad para echar una mirada, algunas motocicletas se estacionaban para escuchar, de repente había varias aglomeradas y un policía de tránsito les pidió circular; tratando de evitar que la acción perdiera foco, uno de los organizadores se acercó al funcionario para decirle: “déjalos que escuchen, esto es importante, ya va a terminar”. Los carros que venían en sentido contrario también disminuían el paso observando los acontecimientos.

Al terminar la actividad algunos lugareños se quedaron parados esperando por más música, luego entendieron que se había terminado y siguieron su camino. Varios minutos y más de 10 personas fueron necesarios para doblar y guardar la enorme pancarta que siguió captando las miradas.

Acto seguido el equipo de Alza tu Música comenzó a recoger los instrumentos y a discutir los resultados de su trabajo. Falta esperar a que anuncien en sus redes sociales cuál será el próximo lugar donde realizarán una nueva protesta.

Dato curioso:

La pancarta elaborada por “Billete Alzao” con sus tres mil billetes de Bs. 2 equivalentes a 1 $ es la segunda más grande del mundo, superada solo para la confeccionada en Zimbabue con sus 8 mil billetes que equivalen a 8 $.