Vía: www.lanacion.com.ar/

MUNICH.- La legendaria bailarina rusa Maya Plisetskaya, integrante del ballet Bolshoi y una de las figuras más importantes de la danza clásica de todos los tiempos, falleció hoy a los 89 años de edad en la ciudad de Munich, Alemania, víctima de un paro cardíaco, según confirmó la agencia Tass.

La noticia fue difundida por el director general del Bolshoi, Vladimir Urin, a la cadena de televisión Rossiya-24. “Ella murió de un paro cardíaco. Los médicos lucharon para salvarla, pero no pudieron hacer nada”, dijo Urin a la cadena de TV rusa, al tiempo que adelantó que los restos de Plisetskaya serían trasladados en las próximas horas a Moscú para ser inhumados.

En tanto, el servicio de prensa del Kremlin comunicó que el presidente ruso, Vladimir Putin, envió sentidas condolencias a los familiares y allegados de la célebre artista.

Bailarina grandiosa
Plisetskaya desafió el tiempo y las costumbres de la época, escandalizó al régimen soviético con interpretaciones eróticas y se apasionó con coreografías modernas a la edad en que sus colegas estaban retiradas.

Con sus ojos vivarachos que no envejecían, una sonrisa triunfadora y un porte real, Plisetskaya nunca dejó de sorprender al público. Casada con el compositor ruso Rodión Shcherdin, Maya Plisetskaya falleció este sábado en Alemania por una crisis cardíaca pero será enterrada en Rusia, según el director del Bolshoi, Vladimir Urin.

En su 80 cumpleaños, en 2005, interpretó en el Kremlin el “Ave Maya” que le dedicó el coreógrafo francés Maurice Béjart, coronando una gala mágica con bailarines clásicos del mundo entero, los monjes Shaolín, la orquesta del ejército ruso Alexandrov y el rey del flamenco Joaquín Cortés.

Un homenaje que resumía bien la carrera y el carácter de la “Prima ballerina assoluta”, una distinción suprema que el Bolshoi sólo ha concedido dos veces en su historia.

“Maya Plisetskaya asimiló una gran tradición, la digirió y la recicló, alcanzando la libertad. Independientemente de lo que baile, siento en ella una fuerza vital enorme, la sensualidad, pero sobre todo, la modernidad”, dijo de ella Maurice Béjart.

Hija de un ‘enemigo del pueblo’

Nacida el 20 de noviembre de 1925 en Moscú, Plisetskaya conoció el destino trágico de millones de soviéticos. Su padre, ingeniero, fue fusilado bajo el régimen de Stalin en 1938 y su madre, actriz de cine, fue enviada a un campo en Kazajastán como “miembro de la familia de un traidor a la patria”.

La pequeña Maya, “hija de un enemigo del pueblo”, fue acogida por su tía, bailarina, y su tío, profesor de danza. Estaba “feliz” porque aprendía a bailar. Le encantaba la danza española, “tan diferente de lo que nos rodeaba”, escribe en sus memorias.

Un amor que le retribuyó España, concediéndole la nacionalidad, y en 2005, el premio Príncipe de Asturias de las Artes. El jurado entendió que Plisetskaya había “convertido la danza en una forma de poesía en movimiento, al conjugar la exquisita calidad técnica con la sensibilidad artística y humana”.

Plisetskaya entró en el ballet Bolshoi en 1943 donde bailó casi 50 años. Sobresalió rápidamente. Con una perfecta formación académica, adornaba sus interpretaciones con desafíos y sensualidad inimaginables en la danza soviética.

Una noche, Stalin decidió celebrar su cumpleaños en el Bolshoi. “Tenía miedo. Los nervios me atenazaban y el piso parecía una pista de patinaje. Miraba sin parar al público, buscando al responsable de la desgracia de mi familia”, recordaba en sus memorias.

Hasta estos últimos años recelaba del poder soviético. En 2000 no ocultaba su “aversión” a la decisión del presidente Vladimir Putin de restablecer el himno estalinista con nueva letra.

Consagración mundial

Había ingresado al mundo del ballet con sólo tres años de edad, en la Escuela de Danza de Moscú y recibió la influencia de sus tíos Asaf y Sulamith Messerer, ambos bailarines del Bolshoi, a cuya compañía se unió Plisetskaya en 1943, convirtiéndose en primera bailarina con sólo 18 años, cuando inició su carrera profesional interpretando La muerte del cisne.

Después de padecer años de veto gubernamental por sus antecedentes familiares, fue autorizada a emprender giras internacionales durante las que bailó en los principales teatros de Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia (entre muchos otros) siendo incluso en éste último directora del Ballet de la Ópera de Roma.

También deslumbró en la Argentina donde actuó con gran éxito de crítica y público en el Teatro Colón entre 1975 y 1976.

Entre sus logros se cuenta al de haberse atrevido a romper las rutinas soviéticas de ballet, incorporando danza moderna y trabajando con coreógrafos como Alberto Alonso, Maurice Béjart y Roland Petit, que crearon varias piezas para ella como «Carmen», «Isadora» y «La rose malade».

Cuando Plisetskaya cumplió 80 años, en 2005, se celebró en Moscú una semana completa de actividades relativas a la danza y el arte en homenaje a su trayectoria.

Grandes clásicos en su legajo

Bailarina consagrada y brillante en los grandes clásicos, como el Lago de los Cisnes o Don Quijote, Maya Plisetskaya soñaba con Balanchine y Béjart, “inaccesibles” por su hostilidad a la tradición del “realismo socialista”.

La bailarina empezó a realizar su sueño en 1967 gracias a un encuentro en Moscú con el coreógrafo cubano Alberto Alonso, autorizado a crear para ella Carmen-suite porque venía de un país comunista.

Su gitana, que exuda seducción por cada poro de su piel, fue un escándalo. El poder tiene miedo. “Fue la guerra: me acusaron de haber traicionado la danza clásica. El ministro de Cultura dijo que Carmen moriría. Yo sabía que la que moriría sería yo y que Carmen sobreviría”, solía repetir Plisetskaya.

Svetlana Zajarova, la estrella ultra-técnica del Bolshoi y la “divina” Uliana Lopatkina del Mariinski de San Petersburgo intentaron recuperar el rol estos últimos años, pero solo pudieron confirmar que Plisetskaya no tenía igual en la danza rusa, según los críticos y amantes de la danza.

Después de Carmen, que la pudibunda sociedad soviética tuvo problemas para digerir, vendrían otras provocaciones de Maya, coreografías eróticas de Béjart o de Roland Petit y ballets que su marido había creado basándose en obras de clásicos rusas.

Estos últimos ballets le valieron también a “la reina del aire” furibundas críticas de los entornos conservadores para quienes los personajes de Anna Karenina de Tolstoi y la Dama del perrito de Chejov no fueron escritas para ser bailados.

“Maya es la máxima tecnología de la naturaleza y su principio fundamental es el movimiento eterno”, dijo de ella el modisto francés Pierre Cardin que la vistió en los escenarios y en la vida.

Agencias AFP, EFE y AP