Vía: abc.es | PABLO MELÉNDEZ-HADDAD

El Teatro Real celebra el próximo martes la carrera de la soprano catalana recordando los papeles que cantó en Madrid

Cuando se llevan más de 50 años sobre los escenarios hay mucho que celebrar, y así lo entiende el Teatro Real, que el próximo martes le rendirá un homenaje a Montserrat Caballé, una intérprete legendaria que lo ha dado todo por el arte lírico llegando a entronarse como una de las sopranos más influyentes de las últimas décadas. Conuna trayectoria imparable, siempre está de actualidad, aunque últimamente a sus triunfos artísticos se le han sumado diversos problemas relacionados con Hacienda, afortunadamente ya aclarados y subsanados.

Reinó en los escenarios tanto como en los estudios de grabación: pieza fundamental de la «Donizetti renaisance», del «bel canto» romántico, de la vocalidad verdiana, del «verismo», del repertorio francés y del pucciniano, del canto straussiano, de la zarzuela… Su aportación, además, se ha reflejado desde siempre en su interés porrescatar obras olvidadas, «algo que hice mucho en Madrid, ya que gran parte de las 23 o 24 óperas que canté en la capital del reino eran novedades», recuerda la cantante a ABC.

Dice sentirse «emocionada y muy agradecida» por este homenaje, «que en realidad no me esperaba, aunque por mi edad entiendo que me quieran hacer algo después de tantos años cantando. Considero que es un honor inesperado, aunque supongo que el nuevo director artístico [Joan Matabosch, quien estuviera 16 años al frente de la dirección artística del Liceo barcelonés] habrá tenido algo que ver con todo esto».

–Supongo que ante situaciones como esta serán muchas las sensaciones…

–Muchas y muy bellas, más allá del agradecimiento. Además la persona que entiendo que presentará la gala [el director de escena Emilio Sagi] es un gran amigo, a quien admiro mucho y que me ha dirigido en muchos de los 24 títulos que hice en Madrid. A él también le estoy muy agradecida.

–En el Real han tardado en dar a conocer algunos detalles del espectáculo que se ha preparado para usted, que lo seguirá desde un palco. ¿Sabe quiénes actuarán en el homenaje?

–La verdad es que me han pasado algunos de los nombres que participarán, pero no conozco a nadie aparte de mi hija [la soprano Montserrat Martí]. La idea es que los invitados canten arias de esas 24 óperas. Yo ya los llamo «ilustres desconocidos», ya que los nombres que me han enseñado nunca han compartido escenario conmigo: no hemos sido colegas, algo que puedo comprender teniendo yo 81 años, porque los que fueron mis colegas o están retirados o ya no están. Por eso me hace tanta ilusión este acto, porque veré y conoceré a gente de otras generaciones.

–El homenaje se hace en el Real, pero usted en Madrid lo cantó todo en el Teatro de La Zarzuela.

–Sí, menos un título que hice en el Real en los años en que era sala de conciertos y que tenía tapiados los accesos a la caja escénica. En esa época la ópera y la zarzuela se hacía en La Zarzuela y por eso fue una novedad que cantáramos «Norma» en el Real, en forma de concierto. Marcó el regreso de la ópera a ese hermoso teatro. Después, cuando el Real ya funcionaba como teatro lírico, en 2004, hicimos la «Cléopâtre» de Massenet. Me gustó mucho, ya que el título iba en la línea de lo que me gustaba hacer en Madrid: llevar novedades y ampliar el repertorio. Como decía, casi todas las obras que canté en Madrid normalmente no se habían representado antes allí, eran como estrenos, y eso me hacía mucha ilusión.

–Los recuerdos serán muchos…

–Recuerdos de esas épocas tengo muchos, y muy hermosos, aunque hay algunas noches inolvidables: pienso especialmente en un «Don Carlo» con Boris Christoff en 1976; la verdad es que me impresionó mucho cantar con él, siendo un cantante legendario. También fue inolvidable esa «Norma» en el Real por lo que significaba en cuanto al regreso de la ópera al Real, como también la novedad que significaron en Madrid obras entonces desconocidas de Donizetti como «Roberto Devereux» o «Maria Stuarda», además de otras rarezas como la «Hérodiade» de Massenet o la «Armida» de Gluck, sin olvidar«Tristan und Isolde» y «Die Walküre» que tuve la suerte de cantar para el público madrileño. Es que siempre me hizo mucha ilusión presentar títulos nuevos y el público siempre me lo agradeció.

–En esos años también participó en los conciertos que celebraban en cumpleaños del Rey.

–Sí, fueron conciertos muy bonitos y que también tenían algo de la Navidad al coincidir con una fecha como es el 6 de enero, el día de Reyes.

–Y cantando junto a Plácido Domingo en una época en la que se decía que ambos estaban enfadados.

–Nunca estuvimos enfadados Plácido y yo, todo lo contrario, siempre nos hemos tenido una admiración mutua. Yo siempre lo he no solo respetado, sino admirado mucho como músico completo que es y como artista. Él es de esos cantantes que se entrega por entero en el escenario y que te hace vibrar. Ahora está dirigiendo «Manon Lescaut», de Puccini, en Valencia, un papel que tuve la suerte de cantar con él en varios lugares del mundo y que también grabamos juntos. Siempre hemos tenido un gran «feeling» artístico. Hasta el día de hoy es como un ejemplo para todos, ya que artísticamente consigue siempre lo que se propone.