Vía: www.abc.es | PABLO M. PITA

«Miles Davis At Newport, 1955-1975» recoge en cuatro CD’s todas las actuaciones del trompetista en el Festival de Jazz de Newport

Para un músico de jazz, un álbum de estudio es simplemente un punto de partida. Es encima del escenario donde se desarrollan y se llevan al límite las ideas que ofrecen determinadas melodías. Miles Davis es una figura a la altura de los más grandes creadores del género, como Louis Armstrong, Duke Ellington o Charlie Parker. Pero de todos ellos, fue el más versátil. Comenzó en bandas encorsetadas por el swing, llegó al bebop y a partir de ahí protagonizó sus propias revoluciones: el cool, el jazz modal, la fusión con la electrónica… Pero no iba a rebufo, sino que se ponía al frente, siempre buscando la ayuda de los mejores acompañantes. Y si eran envidiablemente jóvenes, mejor.

Ahora tenemos la oportunidad de seguir la evolución del genio donde cobra mayor sentido: en directo. La serie «Bootleg Series», de Columbia, llega a su volumen cuatro con las grabaciones -unas oficiales, otras piratas, algunas inéditas- de las ocho actuaciones de Miles Davis en el Festival de Jazz de Newport, desde 1955 a 1975. Es decir, justo antes de dar el salto del bebop al sonido cool hasta que el funk y el rock invaden su música. Tres décadas dominadas por continuos avances en el mundo del jazz.

Empezamos por 1955, en la segunda edición de este evento creado en Rhode Island por George Wein, quien tenía claras las prioridades, como se observa en la frase que encabeza el libreto que acompaña el lanzamiento: «El jazz es como un juego de cartas. Tienes ases, reyes, reinas, comodines y muchos otros números, pero si quieres hacer un gran festival, necesitas los ases. Miles era un as». El trompetista se presentó con un combinado de estrellas que incluía al pianista Thelonious Monk y al saxofonista Gerry Mulligan, debido a que por aquel entonces se encontraba en plena lucha para abandonar su adicción a la heroína y no tenía grupo propio. Esta actuación, y en especial su interpretación de la archifamosa composición de Monk «Round Midnight», con el micrófono pegado a la trompeta, le valió un contrato con el sello Columbia, en el que continuó el resto de su vida.

La segunda parte de este primer CD nos traslada a 1958, con una formación de ensueño: Cannonball Adderley (saxo alto), John Coltrane (saxo tenor), Bill Evans (piano), Paul Chambers (bajo) yJimmy Cobb (batería), todos ellos presentes, al año siguiente, en la grabación de «Kind Of Blue», un álbum que marcó un antes y un después en la historia del jazz.De ahí damos el salto al segundo gran quinteto de Miles: el pianista Herbie Hancock, el saxofonista Wayne Shorter, el bajista Ron Carter y el baterista Tony Williams, que le acompañan en sus actuaciones de 1966 y 1967. El sonido avanza hacia la vanguardia, con un frenesí que, como describe en el cuadernillo adjunto el periodista de «Rolling Stone», Ashley Kahn, parece guiado telepáticamente por el líder de la banda. Por ejemplo, el tema «So What» se alarga y se retuerce hasta límites insospechados. Y si en la actuación de 1966 todavía hay cierto recato en las formas, al año siguiente desaparecen los límites entre canciones. Todo es un torrente de energía.

Años de revolución

El tercer y cuarto capítulo incluye sus apariciones en 1969, 1971 y 1973. Entramos ya en otra dimensión. Jack DeJohnette a la batería, Dave Holland al bajo y Chick Corea a los teclados ayudan en esta crucial aventura sonora del año 69, unas semanas antes de entrar en el estudio para grabar otro hito en su carrera, «Bitches Brew». Era la respuesta de Miles al mundo del rock que todo lo impregnaba. La electrónica hace su aparición en el bajo y en el teclado Fender Rhodes. Prima la improvisación, la libertad. El trompetista crea una revolución y una polémica parecidas a las que protagonizó unos años atrás Bob Dylanañadiendo guitarras eléctricas al folk.

La estructura salta por lo aires y los músicos se dejan llevar por el torbellino nacido de su impulso creativo, que acaba tomando formas casi abstractas y más cercanas al rock y al funk en sus siguientes dos entregas, registradas en las ediciones del festival en Dietikon (Suiza, 1971), Berlín (Alemania, 1973), y Nueva York. Así llegamos al final de este impresionante viaje musical. Tras él, Miles Davis se retiró durante seis años. En 1981 regresó, pero esa ya es otra historia.