Madrid • Daniel Barenboim solo se ha cuestionado una vez su profesión: tenía 17 años, una pieza se le resistía y se preguntó si quería seguir adelante. La respuesta fue que era músico no porque quisiera sino porque “necesitaba serlo”. Ahora, a punto de los 70, duda mucho pero, bromea, no precisamente sobre “eso”.

Daniel Barenboim

Daniel Barenboim

Daniel Barenboim a la edad de 13 años

Daniel Barenboim a la edad de 13 años

Al pianista y director le quedan apenas tres meses y medio para cumplir “uno de esos números redondos” que él, al teclado, y su amigo Zubin Mehta dirigiéndole, gustan de celebrar juntos en un escenario.

Mehta, director vitalicio de la Filarmónica de Israel y desde 2005 presidente del Festival del Mediterráneo de Valencia, cumplió los 75 en abril del año pasado al ritmo de Beethoven y será, “probablemente”, el compositor al que vuelvan cuando el 15 de noviembre el argentino-israelí-español llegue a los 70 en Berlín.

Entre tanto, Barenboim se aplicará a cumplir su frenética agenda, con “hitos” como su reciente participación en los Proms de Londres dirigiendo la integral de las sinfonías de Beethoven con la West-Eastern Divan, su actuación de hoy mismo en la Waldbühne (Berlín) o la del 2 de agosto en Salzburgo.

“Siempre supe que quería ser músico y me acuerdo perfectamente de un día, cuando tenía 17 años, en Río de Janeiro en mi primera gira sudamericana, que sentí dificultades al piano con una pieza musical y me hice la pregunta ‘¿quiero seguir con esto?’ y me tuve que contestar que sí, que era pianista y músico no porque quería sino porque necesitaba serlo”, detalla en una entrevista.

Nunca más en todo este tiempo ha sentido dudas sobre la profesión que eligió y en la que debutó internacionalmente con solo 10 años tocando el piano y con 25 dirigiendo -a la Philarmonie Orchesta-, aunque sí sobre muchas otras cosas que, dice riéndose, prefiere reservarse.

Director vitalicio de la Staatskapelle de Berlín, principal director invitado de la Scala de Milán y fundador de la West-Eastern Divan Orchest (WEDO o Divan, como él la llama) junto al filósofo palestino Edward Said, Barenboim siente una “atracción fatal” por “lo imposible”.

“Lo imposible es más fácil que lo difícil porque si fracasas es lo esperado y con que consigas una pequeña parte ya parece mucho. No pierdes gran cosa por intentarlo”, revela, por eso, “y porque es mas divertido”, se ríe de nuevo, eso es lo que le pide a sus “muchachos” de la Divan.

Daniel Barenboim

Daniel Barenboim

Cree que tiene “mucha paciencia” con la gente joven, con los miembros de su orquesta que están formándose, pero, admite, tiene “muy poca” con la gente que no se concentra, que no está atenta o que no da el máximo de sí.

“Una orquesta no está solo para que cada uno de el mínimo, para que se limite a cumplir, hay que crecer”, determina.

El año pasado por estas fechas decía que su mayor proyecto era precisamente alcanzar el punto de que la orquesta pudiera tocar la integral y culminar su proyecto Beethoven for all y ahora asegura que como conjunto “son capaces de todo, aunque ellos no lo sepan”.

Le da rabia que se haya vinculado la continuidad de su proyecto de la Divan en España -su sede está en la localidad sevillana de Pilas- con el resultado de las últimas elecciones andaluzas y que un portavoz del Partido Popular, en la oposición en el parlamento regional andaluz, anunciara que si ese partido ganaba las pasadas elecciones se cerraría la Fundación West-Eastern Divan Orchestra.

“Me presto a muchas cosas, pero no a ser un juguete de política partisana, sea de centro derecha o izquierda o abajo. El Divan existirá siempre pero de la Fundación no se habla, de todo lo que se hace. No se puede hablar en términos populistas”, lamenta.

Además de formar a músicos que ya están en grandes orquestas, se ocupa, por ejemplo, de un proyecto de educación en Palestina. “¿Lo van a cerrar también?”, se pregunta el músico, Premio Príncipe de Asturias de la Concordia (2002).

“Decir que el Divan se va a terminar es una tontería -afirma-. El Divan es independiente. Andalucía es el sitio ideal y natural para ser su sede porque permitió a judíos y a musulmanes vivir juntos, pero no se hasta qué punto saben eso los políticos que critican ese proyecto”.