El texto de Carmina Burana comprende una serie de cancioneros goliardescos escritos en latín que combinan la sátira, la política, la blasfemia, el erotismo y la alegría etílica. Datan del medioevo y fueron recopilados por un clérigo alemán desconocido del siglo XIII. Este poemario alcanzó fama mundial en 1937, cuando Carl Orff estrenó en Frankfurt su versión, una cantata escénica para solistas, coro y orquesta. Desde entonces ha sido versionada numerosas veces en todas partes del mundo y este año llega a Venezuela con una propuesta renovadora e integradora de las artes escénicas y musicales.

Prensa Venezuela Sinfónica | Las imágenes son cortesía de Amarú Producciones 

Carmina Burana, Cantata de los sentidos promete ser un espectáculo multisensorial y multidisciplinario, y es que detrás del proyecto está nada menos que uno de los directores más destacados del panorama escénico venezolano, Miguel Issa, cuyo trabajo desde hace mucho tiempo se concentra en lograr una sinergia de disciplinas artísticas para lograr espectáculos integrales e innovadores.

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Los talleres del Teatro Teresa Carreño trabajan a plena máquina, culminando los últimos detalles tecnológicos, plásticos y de producción de este gran espectáculo, dirigido musicalmente por Christian Vásquez, uno de los jóvenes directores más importantes de Venezuela. En vísperas de su estreno (el próximo 17 de junio) conversamos con Issa sobre las propuestas que junto a su equipo preparan para la presentación de sus 3 únicas funciones en la Sala Ríos Reyna del complejo cultural caraqueño.

¿Cómo logró trasladar el imaginario de la cantata Carmina Burana a un espectáculo escénico?

– Mi trabajo como creador tiene mucho que ver con la imagen. La imagen me lleva a desarrollar determinada creación. Aquí hay varios elementos, primero está el factor musical, que sin ni siquiera entender lo que se dice ya te genera una cantidad de imágenes, movimientos, energía, y de esa manera puedes comenzar a visualizarlas en un escenario. Ese es el punto de partida como detonador. Luego se suma el texto, donde se puede entrever la relación texto-música, que retroalimenta también ese imaginario. En esta oportunidad yo estoy trabajando con un joven coreógrafo que invité, se llama Roberth Aramburo, con quien empezamos a escuchar la música, a leer los textos, y a partir de este trabajo comenzamos a imaginar cosas, a desarrollar un imaginario y a visualizar el trabajo.

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En esta versión, ¿qué se conserva de la obra original, qué elementos nuevos son incorporados y de qué se prescinde?

Se conserva la música en su esencia, no hay modificaciones. Puede ser que haya entre uno y otro canto algún hilo musical que sirve de transición. Fuimos muy respetuosos con eso. Ya se han hecho muchas versiones escénicas, se han hecho hasta películas. Yo en un principio visualicé mover a los cantantes y al coro, que ha sido un reto importante, y es precisamente el riesgo que estamos asumiendo, sumado,  por supuesto,  a toda la parte tecnológica, visual, que se me ofrece para hacer el trabajo. ¿Qué dejamos de hacer?, dejamos de hacer el espectáculo en formato de concierto. Inclusive yo quería a la orquesta y al público en el escenario, esa era la idea original. Cuando me hablaron del proyecto de la cantata de los sentidos yo imaginé más gente en el escenario que en el público, por las capacidades que da el escenario. Entonces lo quisimos trasladar de una manera frontal. Sin embargo hay elementos visuales, sonoros y también táctiles que van a permitir que la gente tenga un contacto sinestésico con la obra.

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¿Cómo el espectáculo multidisciplinario y sinestésico enriquece el planteamiento original de Carl Orff?

– Yo no conozco el tratamiento original de Carl Orff, pero estos son unos cantos escritos entre los siglos XII y XIII que eran profanos, oscuros, y en los que él se permitió detonar ese imaginario con la música. Ahí hay una propuesta muy contundente. Yo no sé qué imaginó él, más allá de hacer una cantata en su momento, pero eso es justamente lo interesante de la universalidad del arte. Son obras que pueden pasar siglos y siguen vigentes. En este siglo XXI detona con un imaginario relacionado con lo que estamos viviendo.

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Considerando que se trata de una versión multisensorial, ¿crees que comprometerá al espectador de una forma determinante? ¿Cómo crees que la obra puede generar nuevas interacciones?

– En los procesos creativos como éste trato de no determinar qué puede pasar con el espectador, porque pueden pasar muchas cosas. Puede haber sala llena y el espectador ni respira ni siente nada. Como puede estar la sala a medio llenar y tienes a los espectadores prestando toda su atención. En este sentido se está haciendo un gran esfuerzo de inversión humana y económica, donde uno aspira, más que esperar, a que el espectador salga tocado de alguna manera. Porque creo que todos los involucrados estamos conectados con la obra y creo que eso se transmite y el espectador lo recibe.

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Con tantos artistas y tantos detalles en escena, ¿cómo logró darle coherencia al conjunto partiendo de sus particularidades?

– Está el trabajo físico de los bailarines que se manejó de manera conjunta con el trabajo físico del coro. Paralelamente a eso, estoy trabajando con los solistas buscando esa relación entre solitas, coro y bailarines. Mi responsabilidad es hilar todos esos elementos y que se sostengan. Eso está sucediendo en la propuesta afortunadamente, hay coherencia en la simbología que estamos proponiendo a nivel de gestualidad, de movimiento, y creo que eso está bastante avanzado. Ahora viene la etapa de incorporar el vestuario, los elementos, los accesorios, y yo debo evaluar las transiciones entre los cantos para los cambios de vestuario y demás, para que eso se incorpore al trabajo plástico. Estamos trabajando con un diseñador de vestuario venezolano, Efrén Rojas, que está en México, quien de alguna manera con su propuesta estética de diseño hace que el espectador se transforme en una escenografía también. El vestuario está pintado a mano, está muy elaborado y va a enriquecer muchísimo lo que ya está bastante avanzado con el trabajo físico.

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Háblenos un poco del carácter sinestésico de la propuesta escénica

– Esta es una propuesta que viene de la producción. Se trata de ver cómo el espectador puede percibir los cambios de las estaciones, entre otras cosas, que influyen en las emociones, sensaciones y en las conductas humanas. Yo imaginé montar a los espectadores al escenario, extender el escenario hasta los espectadores, pero técnicamente no era fácil, entonces se decidió hacer una interacción previa al espectáculo y luego en la salida para complementar. Sin embargo estamos apuntando a que cierto efecto visual y olfativo se logre con esencias que serán arrojadas durante el espectáculo por los ductos del aire acondicionado para lograr la percepción de distintos aromas, así como algunos efectos de iluminación, para que el público se sienta como en un sueño.

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¿Cuál fue el mayor reto como director de este espectáculo? ¿Cree que alcanzarán las expectativas?

– Mi mayor reto es lograr dentro de un gran espacio mucha limpieza. Este es un trabajo casi minimalista. El reto es lograr la pulcritud escénica en los movimientos de los bailarines, de los cantantes y del coro. Que haya sobriedad, porque no se debe abusar de los elementos escénicos. Yo tengo que tener el ojo, y ese es el reto, para usar con efectividad cada recurso en el momento justo. Entonces, el reto es alcanzar pulcritud escénica, alcanzar una administración sobria de los recursos escénicos y de la emotividad del espectáculo.  

¿Cómo llegaste a este proyecto? ¿Qué te cautivó al momento de aceptar esta propuesta?

– Al principio no estaba muy seguro cuando me llamó la productora, porque Carmina Burana ha sido muy versionada. Pero la invitación de la Coral Juvenil Simón Bolívar al espectáculo me sedujo, así como la participación de Christian Vásquez como director musical, con quien yo no había trabajado antes. Me dieron plena libertad. Hay mucha juventud en este proyecto, yo soy uno de los mayores. Hay gente talentosísima a la que auguro un futuro prometedor, solistas de muy noble espíritu y muy dóciles como intérpretes. Hay mucha emoción, todas las personas involucradas están enamoradas del proyecto, es un trabajo muy laborioso. Se hizo una audición para 30 bailarines y se presentaron 95. La gente quiere hacer cosas. Todo el apoyo de Aranguren (coreógrafo) junto con su asistente ha sido determinante en este proyecto. Este es un ejemplo a seguir y demuestra que sí se puede a pesar de las vicisitudes.

¿Cómo lograron llevar a cabo un proyecto de semejante envergadura ante la crisis que atraviesa el país? ¿Con cuáles obstáculos se enfrentaron?

– El equipo de producción ha conseguido buen financiamiento para llevar el proyecto a cabo. Entre los obstáculos que encontramos está el ahorro energético, las marchas y ese tipo de cosas, por las que se pospusieron ensayos. Se dificultó en una oportunidad el traslado de los niños que participan en la obra, al ensayo. Sin embargo, todo lo demás se ha estado moviendo contra viento y marea.