Es uno de los más grandes compositores. Ganador de tres Oscar, creador de la banda sonora de más de 200 películas, ha grabado con Barbra Streisand, Miles Davis y dio forma con Boris Vian al primer ‘rock and roll’ en francés. A los 84 años, continúa imparable.


Vía: elpaissemanal.elpais.com | Por Carlos Galilea

Su amigo Jacques Demy, el director de cine con el que creó Los paraguas de Cherburgo y Las señoritas de Rochefort, de la que se cumple medio siglo, aseguraba que Michel Legrand no es un compositor, sino una fuente de música. Legrand trabajó para Maurice Chevalier, Yves Montand, Claude Nougaro y Henri Salvador; grabó con Miles Davis, Bill Evans y Aretha Franklin; con Boris Vian escribió los primeros temas de rock and roll en francés, y han cantado sus composiciones desde Barbra Streisand, Frank Sinatra y Ray Charles hasta Lena Horne, Tony Bennett y Liza Minnelli. Algunas de esas canciones, como The Windmills Of Your Mind o You Must Believe In Spring (La chanson de Maxence), forman ya parte de la historia de la música popular. En el cine firmó las bandas sonoras de películas de Orson Welles, Robert Altman, Joseph Losey, Sydney Pollack, Louis Malle o Jean-Luc Godard. Y tiene tres Oscar por sus músicas para El caso Thomas Crown (Norman Jewison, 1968), Verano del 42 (Robert Mulligan, 1971) y Yentl (Barbra Streisand, 1983).

“NECESITO CAMBIAR DE DISCIPLINA CADA 10 AÑOS. CUANDO HACES LO MISMO TODO EL TIEMPO, PIERDES INTERÉS Y EL RESULTADO COMIENZA A SER PEOR”

A unos 120 kilómetros de París, en dirección sur por la A6, luego la A77 salida 18 a Montargis, carretera comarcal, y por un largo camino recto de tierra entre dos hileras de árboles, se llega al château. Son los dominios –250 hectáreas– de Michel Legrand desde hace 10 años. “Camino mucho y soñaba con tener un terreno lo bastante grande para poder hacerlo sin salir de mi casa. Además, trabajo sobre todo por la noche y no puedo vivir en un piso en París. Que yo moleste a los demás, en última instancia, me importa un carajo, pero si ponen la televisión y oigo música se acabó, ya no puedo hacer nada”. En el salón hay dos pianos, uno de cola y otro de pared, junto al que se sienta para la entrevista. Las tres estatuillas de Hollywood están en la salita contigua sobre una repisa blanca. A sus 84 años, Michel Legrand, que actuará con su trío en el Festival de Jazz de Barcelona (Palau de la música, 11 de noviembre), anda enfrascado en varios proyectos. “La música es mi razón de vivir”, dice. En Francia, monsieur Legrand tiene fama de no morderse la lengua.

¿Todavía le quedan ganas de trabajar? Nunca he producido tanto, estoy desbordado, pero me gusta lo que hago. Y adoro escuchar el resultado. Soy un artesano perezoso. Y, como todos los perezosos, trajino sin parar. Me siento culpable cuando no lo hago porque tengo un montón de cosas que contar en música y escribir lleva tiempo.

Dice que busca sus límites en todo lo que emprende. Soy muy curioso. Y quería probarlo todo. Cuando salí del conservatorio podía ser concertista de piano o pianista de jazz, podía escribir música clásica… Podía hacer lo que quisiera. Así que decidí hacer de todo. Y he hecho de todo.

Incluso aprender a pilotar aviones. Una semana antes de subirme a un avión ya no dormía. Tenía miedo porque pensaba que debajo había un centímetro de metal y 10.000 metros de vacío. Yo era muy amigo de Danny Kaye, que pilotaba aviones, y me dijo: “Solo hay una manera de dejar de tener miedo y es que aprendas a pilotar”. Un día, años más tarde, me dije: “Voy a intentarlo”. Y no he vuelto a tener miedo. Me he dado cuenta de que el miedo es la ignorancia.

¿De verdad le cansa trabajar siempre en lo mismo?Muchas personas lo hacen toda su vida. Sí, ¡y se aburren como ostras! Los músicos en el cine, por ejemplo, son magníficos durante unos años y luego caen en picado. Yo empecé a trabajar en los cincuenta como pianista de acompañamiento y muy rápidamente me convertí en orquestador y estuve haciendo muchos discos. Hasta que me harté. Cuando haces lo mismo todo el tiempo, pierdes interés, pones menos energía y, finalmente, el resultado comienza a ser peor. Necesito cambiar de disciplina cada 10 años.

Pudo conversar con Stravinski. Había venido a París para dirigir sus obras en el teatro de los Campos Elíseos. En lugar de dar la clase en el conservatorio, íbamos a los ensayos. Verle trabajar era maravilloso. Un día, Nadia Boulanger me lleva a un restaurante y acabo sentado entra ella e Ígor Stravinski. Yo tenía 17 o 18 años. Le dije: “Maestro, ¿ha leído usted el libro del compositor Pierre Boulez sobre La consagración de la primavera?”. “Bueno”, dijo, “lo he ojeado. El hombre ha encontrado razones para cada nota y que la línea de clarinete de la página tres es el contrapunto invertido de la trompa de la 19. Yo nunca he pensado en eso. Te voy a hacer una confidencia: cuando eres un verdadero creador, no sabes muy bien lo que haces”.

Afirma que cuantas más obligaciones tiene un creador, más libre es… Aunque parezca paradójico, es la verdad. Boulez y su gente quisieron hacer tabla rasa con toda la música escrita. “Vamos a hacer algo libre…”. ¿Y qué han hecho? No hay una sola obra de música contemporánea. Ni una. Que hagan sus búsquedas está muy bien, pero que no nos jodan. Porque durante 40 años fue la única música que hubo en París. Yo no habría podido vivir de la música sinfónica en aquella época. Había que hacer música contemporánea. La desprecio porque cualquier cosa vale. Cuando más difícil es, ahí es donde, de repente, la música empieza a nacer.

Se habla del Legrand compositor, orquestador, pianista, pero no tanto del cantante. Canté durante 15 años porque me hacía feliz. A Jacques Brel le gustaba mucho cómo entonaba. Éramos muy amigos y un día me dijo: “Tengo el Olympia dentro de tres semanas y quiero que interpretes en la primera parte del recital”. Le dije que nunca había cantado en público. Y me contestó: “No te pregunto si quieres hacerlo, te digo que vas a hacer mi primera parte”.

A LOS 17 AÑOS, ÍGOR STRAVINSKI LE DIJO: “TE VOY A HACER UNA CONFIDENCIA. CUANDO ERES UN VERDADERO CREADOR, NO SABES MUY BIEN LO QUE HACES”

Sabe que varias de sus canciones forman ya parte del patrimonio colectivo… Pues todavía tengo un centenar inéditas. Acabo de grabar en Londres, con Natalie Dessay y la London Symphony Orchestra, Between Yesterday And Tomorrow, un oratorio sobre el ciclo vital de una mujer. Lo tenía que haber grabado hace 40 años Barbra Streisand, pero decía que esa mujer que muere en el escenario era demasiado duro. Que, si quitaba el nacimiento y la muerte, lo hacía. Le dije: “Barbra, piensa un poco, si eliminamos eso ya no tiene sentido contar la historia de una mujer”. Le dije que todo o nada. Y no lo hizo.


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