Vía:www.elmundo.es/ Por DARÍO PRIETO

Mariss Jansons (Riga, 1943)nació en una Letonia en la que su madre y otros judíos estaban condenados al exterminio bajo el dominio nazi, y se crió en una Unión Soviética en la que convivían la salvaje persecución de la disidencia con la presión a los creadores. Luego ha desarrollado su carrera en países como Holanda o Alemania, dirigiendo algunas de las orquestas más importantes del mundo, como el Concertgebouw de Ámsterdam o la Sinfónica de la radiotelevisión bávara. Su biografía es como un micro-resumen de la historia reciente de Europa, y por ello hay pocos conductores tan capacitados como él para enfrentarse a la tradición musical europea que se presenta cada 1 de enero en el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena. Mañana subirá por tercera vez (las anteriores fueron en 2006 y 2012) al podio del Musikverein el maestro letón para abrir el año. Una celebración que verán 50 millones de personas a través de su retransmisión televisiva y que será recogida en un álbum publicado por Sony Classical pocos días después.

“Me encuentro muy emocionado. Es un gran honor dirigir este concierto de Año Nuevo que despierta tanto interés en todo el mundo y que tiene este componente de festividad y de disfrute”, responde Jansons en primer lugar, de manera formularia y sin dejar atisbar ningún indicio de acaloramiento especial por esta nueva ocasión que se le brinda. “En todas las ocasiones que me han ofrecido dirigir este concierto de Año Nuevo se han despertado en mí los mismos sentimientos”, ataja.

“La Filarmónica de Viena”, explica a continuación, “es una de las mejores orquestas del mundo y, para mí, que la llevo dirigiendo de forma regular desde hace bastante tiempo, supone un motivo de gran felicidad cada vez que me pongo frente a ella”. El letón va abandonando la frialdad a medida que habla de la formación que dirigirá mañana: “Son músicos con una enorme educación musical, con un estilo sonoro excelente y un enorme repertorio a sus espaldas, tanto de ópera como de música sinfónica. Consiguen además un sonido maravilloso, muy específico, y es, además, una orquesta vivaz. Tienen las mejores cualidades que se precisan para una formación musical de primer orden», asegura.

Jansons será el encargado de dirigir la 75ª edición de este concierto de Año Nuevo, una tradición que comenzó en 1939 (entonces era un recital de Nochevieja), cuando Austria había sido anexionada a la Alemania nazi bajo el ‘Anschluss’. De hecho, la relación entre la Filarmónica y el nazismo ha sido una mancha en el brillante historial de la orquesta.

Pero, para Jansons, frente al horror que ha crecido en Europa, está la belleza del repertorio escogido. “Por supuesto, en el programa del concierto el lugar más importante lo ocupa la dinastía Strauss. Pero, obviamente, también tenemos que introducir piezas de diferentes compositores, que hagan más interesante el programa”, explica. Así, este año se escuchará el vals ‘España’, de Waldteufel, y ‘La marcha de las Naciones Unidas’, de Robert Stoltz.

Todo ello, dice, como bálsamo para intentar calmar los dolores de una época convulsa, como se puede notar en todas las esferas de la vida, desde la política a la cultura. “Los países europeos han sido líderes en lo referente a arte y cultura. Lo fueron y lo siguen siendo. Se puede comprobar en lugares como Austria o Alemania, en los que hay una gran tradición musical y sigue manteniéndose el interés por ella. La música puede enseñarnos que existe una Europa mejor”, sostiene. “Y estamos viendo cómo este interés se reproduce en otras regiones, como China, Japón y Corea del Sur, donde la música es muy popular y hay muchísimos niños y jóvenes entre el público, lo cual es muy positivo”.

“Por supuesto», concede Jansons, “estamos viviendo tiempos muy problemáticos en todo el mundo. Y eso ha provocado que el dinero sea mucho más importante ahora que en cualquier otra época anterior, una situación que no me agrada especialmente. Pienso que debemos ocuparnos más de nuestro desarrollo espiritual que del material, pero es la época que nos ha tocado. Y esto se traduce también en la música, y en Europa estamos viendo cómo cada vez hay más problemas para interpretar o representar determinadas obras”.

Frente a ello, el director advierte con energía: “La música es el arte más poderoso que existe. Es capaz de dar voz al alma y al corazón. Y tiene una enorme influencia sobre los seres humanos, sobre nuestro carácter y nuestra ética”. Y recuerda: “Cada vez que acudes a un gran concierto, éste te termina dejando en un nivel superior. Y al día siguiente te ayudará a enfrentarte mejor a los problemas, porque tendrás un condicionamiento más positivo tras haber escuchado música maravillosa. Por eso la música debe estar muy presente, especialmente en las escuelas, para entender cómo es nuestra existencia en este mundo”.

SACAR EL MÓVIL EN EL CONCIERTO O EL ARTE DE HACER EL GANSO EN AÑO NUEVO

La primera vez que Mariss Jansons dirigió el Concierto de Año Nuevo, seleccionó en el repertorio una polka de Eduard Strauss, ‘Telephone’, durante cuya interpretación sacó su teléfono como golpe humorístico. Las bromas de este tipo son una de las constantes de esta celebración y cada director se esfuerza en hacer una payasada diferente con la que quede asociado en la memoria su trabajo con la orquesta. “Para este tipo de conciertos el humor es maravilloso”. explica Jansons. “En el aire flota este buen ánimo general y todo el mundo está tan esperanzado por las posibilidades del nuevo año que resulta estupendo poder hacer bromas. El humor es crucial para nuestra vida, en general, y la mayoría de las cosas se pueden resolver gracias a él”. A la espera de la nueva ocurrencia del letón, un recorrido por la historia reciente del concierto deja un buen número de anécdotas. Por ejemplo, la de Daniel Barenboim, penúltimo en dirigir a la Filarmónica al comienzo del año, que en medio de la interpretación se ubicó entre los músicos y dirigió a la orquesta desde el interior, rodeado de los violines. Un año antes, Franz Welser-Möst se colocó un gorro de cocina y cambió la batuta por una cuchara de cocina, en un juego que no fue del todo entendido por el público. Más recordado es el trabajo de Georges Prêtre, primer francés en dirigir este concierto, en 2008, año de la Eurocopa en Austria y Suiza. Con una orquesta ataviada con bufandas de la selección austriaca, Prêtre sacó el balón de fútbol oficial del torneo, se colocó un silbato de árbitro y llegó a sacarle una tarjeta amarilla al concertino. También fueron igualmente aplaudidas las aportaciones de Zubin Mehta en 1998 (que se colocó una gorra de ferroviario austriaco)o de Lorin Maazel en 1999 (que sacó a un payaso).