Ya era un gran maestro cuando realizó mi examen de admisión para la entonces prestigiosa escuela “José Ángel Lamas”, fue además el primer director de un coro, el “Juan Vicente González que me invitó a cantar, y con ello para mí, la ponderación de la compleja voz humana y su proyección compositiva para el incierto futuro, fue además el único que quiso correr el riesgo de estrenar la recién premiada “Toccata Sinfónica” cuando un acto de esa naturaleza significaba un oprobio para aqueeeeella comunidad dogmática y colosalmente retrógrada de la cual el gran maestro Carreño nunca participó por su naturaleza esencialmente Unamuniana. Carreño toca el complejo tema de la estética propia que debió acompañar a muchos en la difícil “Vía Dolorosa” de la creación mostrándose primero como parte de la tricotomía Estévez, Carreño Castellanos, santísima trinidad del dificilísimo período “Nacionalista” presentando su “Margariteña” en el modelo de la gran forma Sinfónica muy lejos de los abominables joropos sinfónicos donde la ignorancia y la sed de la lisonja iletrada confunde lo nacional inagotable (inmanencia del folklor y de las tradiciones populares) con la polifonía coral de Juan Bautista Plaza, la polifonía guitarrística de Antonio Lauro, la Cantata Criolla de Antonio Estévez, Santa Cruz de Pacairigua de E. Castellanos y por supuesto “La Margariteña” de Inocente Carreño y hasta ahí. Todo un período estético con muchas variables muy difíciles de copiar o repetir. Contextualidades sociales, políticas y vivenciales acompañan ese período nacionalista, “Laberinto de Creta” de casi toda la musicología venezolana, período injustamente descalificado por el ejército de pobres de espíritu que jamás comprenderían los inmensos riesgos y luchas de esos años extremadamente valientes.

Pero creo que ese panorama iletradamente pro-europeo y profundamente “snob” que se extendió y se sigue extendiendo desde los 80´ hasta nuestros días no ha logrado ni logrará omitir la historia científica, es decir aquella que puede mostrar lo inmanente de un documento irrefutable por estar inserto precisamente dentro de esas variables antes mencionadas. Nada es comparable con la fuerza descomunal de un gran discurso Sínfónico capaz de sostenerse en el tiempo expresando el devenir de una nación, de un pueblo, que como diría el mas excelso mentor de la generación del 28´Don Rómulo Gallegos espera….espera y espera un destino trascendente. Destino repleto de riesgos, abismos y transiciones, ingredientes todos de hombres convencidos y creyentes en la necesidad de persistir y permanecer como lo evidencia la totalidad de la obra de Inocente Carreño. Sus Oberturas, iletradamente omitidas de las ofertas de nuestras instituciones orquestales, sus canciones con poesía de Manuel Felipe Rugeles y Marcel Roche, sus hermosos himnos y toda su valiosíma obra coral nos colocan ante un compositor universal que ostenta a mi juicio una de las utopías que mas ferozmente califican a un gran maestro, la certeza de poseer el mas preciado de los tesoros en el arte: Una estética propia, irrepetible, pero sobre todo inmanente a un pueblo.

Juan Carlos Núñez