El venezolano Manuel-López Gómez continúa su carrera internacional, desde que cumplió con sus compromisos con la Filarmónica de Bogotá. Recientemente preparó a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela para los primeros conciertos de West Side Story en Salzburgo, bajo la batuta de Gustavo Dudamel, hace dos semanas estuvo con la Rotterdam Phil y un poco antes conduciendo a la Pacific Symphony. Un hombre joven que forma parte del equipo soñado de directores venezolanos formados en El Sistema de Orquestas, determinado a hacer una carrera de renombre. Y no es de extrañar, pues todos tienen el vivo deseo de crear su propia marca basada en su talento.

Esta noticia es sobre su más reciente presentación, en la Casa de la Ópera de Sidney conduciendo a la Orquesta Sinfónica de Sidney, junto al pianista chino Lang Lang. No es la primera vez que trabaja junto a él, ¿y cuántos venezolanos pueden decir lo mismo, sin recordar a Gustavo Dudamel?. Acciones como ésta es la que nos dejan vislumbrar su talento.

La cita fue el Sábado 11 de junio de 2016, y los artículos de reseñas no se hicieron esperar.

Vía: www.limelightmagazine.com.au | Por Clive Paget | Traducido por Luis Contreras | Licenciado en Idiomas Modernos | Profesor de la ULA |

En caso que no lo hayas notado, Lang Lang está en la ciudad. Durante su deslumbrante interpretación de los Scherzos de Chopin, aunado a la imaginativa alusión de las temporadas de Tchaikovsky en el recital del pasado miércoles, el pianista asiático demostró ser capaz de fusionar dominio técnico y creatividad; y aunque quizá no sedujo a muchos, a mi parecer fue capaz de probar ser un claro ejemplo de estilo y esencia. Su aparición junto con la Orquesta Sinfónica de Sídney fue esperada con entusiasmo para interpretar un repertorio ampliamente conocido. Si bien este no es del todo suntuoso, fue una fascinante interpretación capaz de darle vida a un programa tradicionalmente conservador.

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La primera parte estuvo comprendida por los cuatro movimientos de Peer Gynt, Suite n.° 1 de Grieg y la menos conocida Francesca da Rímini de Tchaikovsky. Ésta última fue una gran oportunidad para escuchar un programa bastante conocido con oídos frescos. Por ejemplo, si dejas vagar tu imaginación por el ubicuo Morning Mood, pareciera trazar una línea directa desde la Pastoral – de Beethoven – hasta Tchaikovsky y Wagner, mientras que la Death of Åse alude ciertamente a Sibelius. Estas piezas, interpretadas bastante bien gracias a los gloriosos sonidos de las cuerdas de la Orquesta Sinfónica de Sídney y los sobresalientes solos de oboe de Shefali Pryor, fueron magníficamente ejecutadas por el maestro venezolano, perteneciente a El Sistema, Manuel López-Gómez. El fino brillo en Anitra’s Dance y la emocionante interpretación de In the Hall of the Mountain King consolidaron un buen inicio.

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La ejecución fue igualmente formidable en Francesca, una de los poemas sinfónicos menos melódicos de Tchaikovsky, el cual parece ser demasiado largo luego de 22 minutos (las sombrías y turbulentas cuerdas, los silbantes viento-madera y los recurrentes metales estuvieron bien, pero parecía haber tomado más de lo esperado para finalmente llegar a la “gran” melodía). Aun así, contiene sutiles partes dramáticas a las que López-Gómez logró dar forma de manera armoniosa a partir de un inicio melancólico hacia un final apoteósico.

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La segunda parte, aunque breve, se dedicó por completo a la obra de Grieg: Concierto para Piano. Grieg yace entre los expresivos polos gemelos de Chopin en el siglo XIX y Rachmaninov en el siglo XX, sin embargo hay una fuerte apatía hacia la versión original del noruego, la cual exige cierto reconocimiento. Es música de cualidad honesta y libre, lejos de poder ser sólo interpretada en los salones de París o San Petersburgo. Esto no significa que cuente con algunas libertades interpretativas, sino requiere, además, la capacidad de llevar las riendas y un gran sentido de la forma.

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Lang Lang tuvo un buen comienzo irrumpiendo con pasión y poder. No obstante la primera parte de su interpretación de Allegro molto moderato iba de un lado a otro, lo que parecía ser causado por un conflicto rítmico y sus propias ideas dinámicas. Como resultado, pareció asimétrico con sus suspensiones vacilantes inclinadas más hacia Chopin que a Grieg. El director, obligado a seguirlo, halló a la orquesta en ocasiones presionada, más allá de su poder para llevar la música. Hubo momentos de gran brillo, pero debimos esperar hasta The Adagio para apreciar la grandeza de Lang Lang.

El segundo movimiento fue hermosamente ejecutado, abriendo con un calmo poder su melancólico anhelo evocando una delicada respuesta por el solista cuyas manos oscilaban de arriba abajo sobre el teclado con impresionante ligereza, pero aún firme y poderoso durante el himno en un segundo plano.

El final del Allegro molto moderato tendió a ignorar el moderato (dejemos a un lado el molto). Resultó excitante en ocasiones, pero algunas veces se perdieron detalles debido al uso excesivo del pedal. Incluso se sintió “adornado” –  una cautivadora idea que hace que quieras escuchar a Lang Lang interpretando el Concierto de Gershwin (¡algo que no sucede muy a menudo cuando escuchas a Grieg!). En la segunda parte tomó un rumbo hacia Rachmaninov y hubo un pianissimo radiante interpretado antes de un impulsado y excitante final.

Si todo esto suena como una mezcla de muchas cosas, hasta cierto punto pareció ser así. Lang Lang es un artista considerado y creativo y, para ser honesto, prefiero escuchar ideas que no siempre den resultados a no escuchar ideas del todo. Mientras que la superestrella recibía los eufóricos aplausos – incluso tomándose el tiempo de saludar al timbalero –  me sentí suficientemente intrigado por lo que él elegirá explorar en el futuro y espero que, sea lo que sea, Australia tenga la oportunidad de escuchar un poco de ello.