Escrito por Ceciia Toledo | Info News

Cómo obtener de un tablón amorfo una lustrosa guitarra? El proceso de conversión es un trabajo manual, que puede llevar hasta ocho meses de laburo. INFOnews conversó con un joven luthier para conocer los pormenores de un oficio tan apasionante como antiguo

Mariano trabajando

Mariano trabajando

La palabra Luthiers, hace algunos años, era una verdadera rareza. Remitía a un trabajador de antaño, que encerrado en un taller y tapado de aserrín, daba vida a los instrumentos musicales. Hoy, el oficio se ha expandido, y si bien no es un trabajo masivo, su labor encanta a quienes la practican; y hay que decirlo: es un oficio con un dejo de nostalgia y olor a polvo.

Aunque cualquiera podría imaginarse que un luthier es una persona con más de sesenta años –por lo antiguo del oficio- no es el caso de Mariano Delledonne, un joven luthier que desde hace ocho años desarrolla su trabajo en la ciudad de La Plata. Según sus propias palabras, la particularidad de su oficio es que además de mezclar dos disciplinas que lo apasionan –como la música y la estética- es artesanal.

“Me cuesta largar cada instrumento que fabrico, porque es muy artesanal. Además, a cada uno lo charlo mucho con el músico –qué madera usar, con qué diseño- y termina siendo una pieza bien especial, sale con cuestiones que no tiene ningún otro instrumento; y cuando vez que el músico lo toca es muy gratificante”, relató a INFOnews, dando cuenta de la parte más grata de su trabajo.

Pero por mucho que a uno le apasione su tarea, cualquier oficio tiene sus dificultades. Y en el caso del luthier, el asunto se complica cuando durante el armado del instrumento no todo salió como debía ser y se hacen necesarias las correcciones. Pero claro, no es como durante la etapa del boceto, que con goma y papel se soluciona el problema.

“Hay veces que no podés volver para atrás, y hay que ver cómo resolverlo. Los problemas se solucionan, o en el peor de los casos volvés a empezar; si lo haces tranquilo el margen de error es poco. Los arreglos sirven mucho, se aprende mucho”, comentó Delledonne, que además de reparador y armador de instrumentos, es estudiante de antropología.

El comienzo

La inclinación de Mariano por un oficio que casi estuvo en riesgo de extinción, surgió por su propio interés y hasta jugó a favor la casualidad: “Me enteré que en Capital estaban realizando un curso para luthiers y me mandé”, recuerda. Desde entonces comenzó a tomar clases y especializarse en lo que hoy es su laburo: arreglo y confección de instrumentos de cuerda pulsada.

“Siempre toqué la guitarra y me gustó la música. Lo mismo me ha sucedido con el arte, con la plástica, con toda actividad que incluya el movimiento de las manos. Y el arreglo y la fabricación de instrumentos incluye a ambos: logré unir la música con algo manual”, comenta dejando entrever la gratificación que le dio ese descubrimiento. Aunque en el inicio sus conocimientos sobre la madera y el arte de darle forma eran casi nulos, “no me costó tanto porque me gusta mucho”.

El invierno lo encuentra a este joven luthier en la producción simultánea de instrumentos: está abocado al armando de una guitarra eléctrica, un charango y un guitarrón –de doce cuerdas-. Y la simultaneidad del proceso productivo no obedece a la urgencia ni al exceso de trabajo: “Siempre que me pongo a producir lo hago con varios instrumentos a la vez porque cada uno lleva su tiempo, quizá hay que dejarlo encolar bien, o esperar a que el lustre se seque, y mientras tanto avanzo con otro instrumento”, explicó.

Ese mismo ritmo de trabajo es el que trae desde hace ocho años, cuando comenzó con este oficio “y nunca paré”, recuerda. Aunque con el tiempo, algo cambió: “Cuando arranqué tenía que explicar qué era ser luthier y en estos últimos años conocí mucha gente que se interesa más por el tema, y están informados gracias a Internet. Hay también mucha gente que está empezando a aprender, porque se difunde más”.

Y entre la producción de objetos musicales -que le puede demandar hasta ocho meses de trabajo-, y la lectura de material antropológico avanza la rutina de Mariano, una rutina que no tiene forma de tal porque “no soy tan metódico”, comenta. Algo se propone comenzar a cambiar para organizar mejor su tarea, esa que día a día lleva adelante con tanta pasión y empeño.