La Sinfónica Nacional Infantil y Juvenil que luego pasó a ser la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y que actualmente es la profesional Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, conocida cariñosamente como “Bolívar B” o “La Bolívar”, “the bolivars” en inglés o la OSSBV por sus siglas,  bien pudiera ser considerada todo un patrimonio histórico, artístico, social y cultural de Venezuela… hasta va más allá, es una institución de donde han salido varios de los mejores directores de orquestas del planeta y algunos de nuestros solistas más insignes.

Roberto C. Palmitesta
@rpalmitesta
ESPECIAL PARA VENEZUELA SINFÓNICA

Tiene el mérito de haber sido considerada como una de las mejores orquestas del mundo, algo que no ha logrado ninguna orquesta, ni de Venezuela, ni de Latinoamérica. ¿Cuántas satisfacciones le ha dado a su país? ¿Cuántas ovaciones ha recibido en todos los rincones del mundo? ¿Cuántas orquestas del mundo la toman como ejemplo y referencia? Se pierde de vista y es un auténtico tesoro. En nuestro país hay otras orquestas más antiguas, es cierto, pero ninguna reúne siquiera la mitad de los palmares que tiene la “Bolívar B” y que generosamente comparte con toda la juventud de su tierra de gracia.  Sin temor a redundar cierro este párrafo reafirmando que es la orquesta más exitosa e internacional que ha dado Venezuela.

Recuerdo que cuando la orquesta participó en el Festival de Salzburgo edición 2011, en una reunión que sostuvo el maestro José Antonio Abreu con sus directivos y organizadores, uno de ellos comentó:

“La Sinfónica Simón Bolívar es única en el mundo, no hay otra igual, es un verdadero tesoro musical, porque ninguna otra ha sido formada como lo ha sido ella, con años de esfuerzo y educación dirigidos a los mismos músicos, que han crecido estudiando juntos, como una familia. El tiempo, el esfuerzo y la dedicación que se le ha puesto a esta orquesta es algo que solo pasa una vez, difícil de replicar es crear una orquesta que tenga una misma filosofía de trabajo en equipo, como una sociedad y que al mismo tiempo sean capaces de producir música del más alto nivel”.

Recuerdo que cuando vino Sir Simon Rattle a Venezuela, durante una rueda de prensa que ofreció en la ciudad de Caracas comentó algo similar: “Es fantástico ver a tantos músicos talentosos que se han formado y han venido tocando juntos desde niños, como una familia, unida por la música y bajo un mismo ideal”.

Aprovechando que cité al Festival de Salzburgo, recuerdo el momento cuando los músicos de “la Bolívar” salían de ensayar y caminaban al bus, el público corría a buscarlos para tomarse fotos con ellos y pedirles autógrafos; luego recuerdo las largas y ensordecedoras ovaciones que recibían al terminar cada concierto que dieron en dicho festival, así como la gente agolpada esperando a que salieran del backstage también en busca de un souvenir y estamos hablando de una de las audiencias más exquisitas y exigentes del mundo.

¡Que maravilloso el logro del maestro Abreu! Hacer que la aristocracia europea, los críticos musicales más exigentes, el público más estudioso y los maestros de mayor prestigio se rindan a los pies de un grupo de venezolanos provenientes de diferentes estratos sociales, incluyendo las zonas más humildes, así como de diferentes razas, culturas y religiones. ¿Cómo es posible que todos los venezolanos no se den cuenta de lo que esto significa?

Prometo intentar resumir la brillante carrera de la orquesta en dos párrafos, porque si me voy a los detalles este artículo no termina nunca. La OSSBV junto a su maestro Gustavo Dudamel han actuado en más de 30 países de todo el mundo, en giras que incluyeron escenarios y festivales donde solo tocan los más grandes como el Carnegie Hall de Nueva York, los Proms de la BBC en el Royal Albert Hall de Londres, el Festival de Salzburgo, el Konzerthauss de Viena, el Teatro Alla Scala en Milán, la Academia Santa Cecilia de Roma y el Walt Disney Hall de Los Ángeles solo por hacer breve este recuento.

La OSSBV y su director son artistas exclusivos del sello más importante para la música académica como lo es Deutsche Grammophon, con el que han grabado varios discos, todos éxitos de venta. También fue la orquesta encargada de grabar la banda sonora de la película  Libertador, de Alberto Arvelo, con música compuesta por el propio Dudamel. Sus integrantes fueron designados Embajadores de la Paz por la UNESCO. Íconos de la historia de la música sinfónica han alzado su batuta para dirigirla, entre ellos Simon Rattle, Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Krzysztof Penderecki, Essa Pekka-Salonen, Pinchas Zukerman y Lorin Maazel solo por hacer corto el cuento ¿cuál otra orquesta en el mundo ha tenido este honor? Pocas y se cuentan con los dedos de una sola mano.

¡Tercer párrafo! Perdón, dije que eran dos pero si hay algo que le sobra a la “Bolívar B” es historia, ella ha escrito con letra dorada varias páginas importantes de la historia musical de Venezuela. El problema viene dado en la siguiente interrogante: ¿cómo hacemos para que sobre todo los jóvenes tengan en sus manos estas hojas llenas de hazañas artísticas? Ese es otro tema importante a tratar… pero retomando la palabra historia y valga la redundancia pero la OSSBV protagonizó eventos que marcaron hitos mundiales como cuando en 2012 en el Walt Disney Hall y en el Teatro Teresa Carreño llevó a cabo el Proyecto Mahler; cuando en el Festival de Salzburgo edición 2013 se convirtió en la primera orquesta extranjera en interpretar la Misa en Do menor de Mozart teniendo como escenario a la Abadía de San Pedro; impresionaron en el Teatro alla Scala de Milán presentando su versión de la ópera La Bohème, convirtiéndose en la primera orquesta no perteneciente a La Scala en interpretar dicha obra en semejante localidad. Ni hablar de la anecdótica actuación en los premios Grammy Latinos de 2011 celebrados en el Centro de Eventos Mandalay Bay de Las Vegas, EEUU junto a Calle 13 o el mega-concierto ante 200 mil personas junto a Rubén Blades presentando “Maestra Vida” en la Base Aérea de La Carlota de Caracas. ¿Algo más?, si hay mucho más, pero la idea de este artículo de opinión no es presentar una biografía, además de que “la Bolívar” bien merece un libro completo para tratar cada aventura detalladamente.

Si todos los venezolanos entendieran el peso que tienen estos logros descritos en el párrafo anterior tendríamos una movida cultural mucho más valiosa y constructiva en el país. Estamos hablando de las grandes ligas de las grandes ligas de la música, es triunfar donde se toca al más alto nivel que existe, es hacer música en el Everest, donde solo pocos pueden llegar y ante las audiencias más exigentes, esas que no aceptan errores y es allí donde nuestros músicos salen airosos, cosechando triunfo tras triunfo.

Experiencias únicas

Se percibe la mística, la cordialidad, el compañerismo, la camaradería, el perfeccionismo y el empeño por hacer las cosas lo mejor posible; se puede palpar ese ambiente familiar, todos tienen el mismo tipo de sangre: ORMUSICA+

Solo basta con asistir a algunos ensayos de la “Bolívar B” para percatar que allí sucede algo especial. Se percibe la mística, la cordialidad, el compañerismo, la camaradería, el perfeccionismo y el empeño por hacer las cosas lo mejor posible; se puede palpar ese ambiente familiar, todos tienen el mismo tipo de sangre: ORMUSICA+ … Al menos así lo sentí yo en el tiempo que me tocó trabajar para ellos.

¿Discuten? Si, ¿hay desacuerdos? Si, ¿rivalidades? También, ¿pelean? Claro que sí, pero ¿cuál es el problema? Nombre alguien el ejemplo de alguna orquesta, banda, ensamble o cualquier tipo de agrupación musical en la que no existan diferencias… ¡simplemente no existe!, hasta en las mejores familias hay problemas. Pero en la OSSBV los momentos de crisis o de algún tipo de discordia se usan para mejorar, para superarse, para salir adelante. ¿Cuántas instituciones, empresas, equipos, etc., no pudieran servirse de este ejemplo?                                      

He tenido la oportunidad de trabajar con distintos artistas nacionales e internacionales, pertenecientes a varios géneros musicales, pero más que nada he sido parte del mundo del rock, donde el concepto de estrella va más lejos de lo convencional. Varios colegas cercanos y grandes amigos me han preguntado: “¿Entre todas las estrellas con las que has girado y entro todos los conciertos a los que has asistido cuál o cuáles han sido los más especiales?”. Mi respuesta es inesperada para muchos cuando nombro no precisamente a algún símbolo del rock, porque entre esas “mágicas experiencias” se encuentra algunas de las giras que hice con la Sinfónica Simón Bolívar como su jefe de prensa.

Inolvidable el momento pre y post concierto de cuando presentaron la Sinfonía Nº 2 de Gustav Mahler en los Proms de la BBC en el Royal Albert Hall de Londres en 2011, esa energía que había ese día era indescriptible, ese trabajo en equipo tan inusual, con tanta mística y tan aleccionador para sacar una obra tan difícil es algo que no se puede olvidar, ni hablar la magia que se sintió tras camerino al terminar el concierto, con el público británico enloquecido… y este es solo un breve ejemplo.

Inolvidables los días de residencia en el Festival de Salzburgo 2011, cuando la orquesta se quedó en el campus de una universidad tecnológica (algo así como la USB) cercana a la ciudad. Las partidas de futbolito o las salidas a trotar para relajar y mitigar el estrés, las tertulias en el comedor, las serenatas nocturnas, las salidas para comprar artículos musicales, las reuniones en los pasillos y en los hall de los módulos para hablar desde lo más trascendental hasta lo más inverosímil… simplemente inolvidable y los delegados del festival, así como de la agencia que atendía a la orquesta se sorprendían del comportamiento tan sociable, tan amigable, tan armónico, tan festivo y de tanto compañerismo que existía. Una de las expresiones similares solía ser: “No he visto nada similar en ninguna otra orquesta del mundo.”

Recuerdo que en 2012, durante los conciertos del “Proyecto Mahler” celebrado en 2012 en el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, al terminar cada presentación se acercaban al camerino del maestro Gustavo Dudamel diferentes estrellas del séptimo arte y de la música para saludarlo y felicitarlo, entre ellos vimos al ganador del Oscar Alejandro González Iñárritu y al baterista de The Doors, John Densmore. Estamos mal acostumbrados a ver al venezolano correr tras los artistas de otros países, pero aquí es diferente, son los internacionales quienes buscan al venezolano porque admiran su talento y veneran su calidad.

¿Justo valor?

Falta que buena parte de la población venezolana vea a los músicos de “la Bolívar” como sus ídolos, así como sucede en tantos países del mundo o como pasa con nuestros atletas

¿Recibe nuestra Sinfónica Simón Bolívar el valor que merece por parte de los venezolanos? Tristemente puedo responder y debo decir que no del todo, buena parte de los coterráneos no entiende su importancia y hasta hay quienes no la conocen. Puedo entender que esto se deba a que falta una política de Estado más agresiva para publicitar no solo a esta orquesta, sino a todo El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles, esto es algo argumentable y que tiene solución, pero… existe otro motivo por el cual el sentido de pertenencia se ha debilitado y desgraciadamente es el motivo político. Gracias a ciertas figuras del mundo de la cultura movidas por el resentimiento, así como por un grupo de políticos oportunistas, nuestros músicos son acusados de “enchufados” o de gastarse los dólares de los venezolanos, afirmación que queda a miles de años luz de la realidad. Pero este artículo no es para hablar de política, es para hablar de logros y valores.

Falta que buena parte de la población venezolana vea a los músicos de “la Bolívar” como sus ídolos, así como sucede en tantos países del mundo o como pasa con nuestros atletas, pero hay optimismo y he visto muchas personas que nunca antes habían ido a un concierto sinfónico y ahora, tras ver a la orquesta tocar la primera vez no faltan a sus conciertos. Hay sectores de nuestra sociedad que han sido permeados por el talento de estos hombres y mujeres, que han cambiado realidades y le han dado un rumbo positivo a la vida de niños y jóvenes, pero queda mucho trabajo por hacer y depende entre muchas otras cosas a una política diferente de promoción. También está el hecho de que nadie es profeta en su tierra, sobre todo en Venezuela, y le pasa a toda clase de artistas en diversas disciplinas, así como a otros talentos del área de las ciencias y el deporte.

Un ejemplo que ilustra a lo expuesto anteriormente se presentó cuando se estaba planificando el histórico concierto junto a Rubén Blades en la Base Aérea de La Carlota y la empresa privada co-productora del evento adelantó la promoción, colocando el nombre de la orquesta mal escrito y en letras pequeñas en las piezas publicitarias. Enseguida se convocó una reunión de emergencia a la que asistieron directivos de la Fundación Musical Simón Bolívar, e inclusive el propio maestro Gustavo Dudamel estuvo presente en dicho encuentro promovido para buscar solución al error de la mejor manera. El maestro Dudamel con la humildad que lo caracteriza y con su buena energía comenzó su exposición de motivos, y en un momento dado yo tuve la osadía de interrumpirlo para decirle a los directivos de la empresa productora: “estamos hablando de una de las mejores orquestas del mundo, y es inaceptable que las piezas publicitarias de un evento como este aparezca su nombre en letras pequeñas, en forma secundaria!”… como jefe de prensa en aquel entonces iba seguir mí reclamo, pero el maestro Víctor Rojas, quien en aquel momento era gerente de la orquesta me hizo una seña y en voz baja me dijo: “tranquilo Roberto, todo se va a arreglar”.

Al final de la reunión representantes del departamento de prensa y promoción de la empresa productora en tono amistoso me comentaron: “¿tu pretendes que el nombre de la orquesta vaya al mismo nivel de tamaño y relevancia que el de Rubén Blades y Franco de Vita?” y yo le respondí: “¡Claro! Al igual que en todos los países del mundo donde se presenta, cuando toca en los festivales más importantes, esta no es una orquesta de acompañamiento, ella comparte el protagonismo del evento”.

Pero sus logros artísticos como orquesta no son los únicos méritos, porque la OSSBV ha tenido un efecto multiplicador incalculable, ya que sus integrantes se han dedicado a distintas actividades: algunos son directores de orquesta de gran prestigio, otros son solistas, otros han emigrado y dejan en alto el nombre de su país en otros territorios; hay quienes se dedican a la música de cámara o a practicar y desarrollar otros géneros como el jazz, los ritmos latinos o la música tradicional venezolana; y están aquellos aplicados al área gerencial dentro de la propia Fundación Musical Simón Bolívar. Pero de manera relevante y con la filosofía del “todos para todos”, los integrantes de “la Bolívar” se dedican a la docencia, sembrando nuevas semillas y compartiendo sus conocimientos como acaba de suceder con la nueva Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil.

Las hazañas musicales tanto de la OSSBV como de otras excelentes orquestas deben ser contadas a nuestra juventud, para que sepan de qué son capaces los venezolanos cuando trabajan en equipo, por el bien de su país. Así como cuando la vinotinto de fútbol o de béisbol ganan sus partidos y son vanagloriadas, así deberían ser narrados los triunfos alcanzados por nuestras orquestas.

Estas líneas son un breve tributo de quien trabajó para todos sus integrantes durante varios años… otras orquestas como la Sinfónica Simón Bolívar A, la Sinfónica de Caracas o la Sinfónica Teresa Carreño también merecen un capítulo aparte al cuál pronto me dedicaré.