“Tu Patria es Grande
No por Grande sino por Tuya”
Séneca

Lorenzo Batallán, imagen tomada de El-Nacional.com

Lorenzo Batallán, imagen tomada de El-Nacional.com

Una muy dolorosa mega crisis cubre todas las áreas de la Venezuela contemporánea. Algunas realidades satelizan la política de la Nación; una foránea, esteparia, e importada agitación -que no Revolución- dominando y embistiendo con agresividad, contra todo y todos aquellos que, por siglos, nos enseñaron un estilo de vivir, a crecer y a triunfar. Pero con la globalización hay también, de muy variadas geografías, filibusteros que carecen del amor a una patria que no formaron, cuyas injusticias no sufrieron y cuyas muertes no lloraron, pero que con frutos oportunistas –talanquerismos y maletinazos- disfrutan ávida e impunemente bajo los más confortables cielos del planeta. Son virus. Son ovejas disfrazadas con piel de ovejas comiendo burlones los sabrosos pastos que otros sembraron.

Francamente, comprendo a todas esas nobles mujeres, que por las deterioradas calles de la Nación, soplan y chocan sus “vuvucellas” criollizadas en unos peroles cocineros de real y medio.

Tengo 90 años y estoy medio ciego. Mi ignorancia sobre los modernos instrumentos electrónicos de la comunicación que no manejo, me impidió conocer en el oportuno instante un desafortunado símil, expresado por la pianista venezolana Gabriela Montero, rimando el hundimiento del “Titanic” con su profetizado, espero que no deseado, naufragio del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

Nadie me pidió mi voz al respecto, pero me autolegitimizo espontáneamente porque hace 40 años, escuché al Maestro Abreu diseñar una superlativa idea, sembrarla, crecerla, cuidarla y defenderla para que, el sólido Sistema, sin la ayuda entonces, de quienes hoy la cuestionan, pueda exhibir actualmente “Urbi et Orbi”, los triunfos que heroica y colectivamente ha alcanzado.

Desde la aurora de los tiempos existe una lucha histórica de los pueblos avanzados. El fruto esencial era alcanzar el poder militar, económico, territorial, político y artístico. Esta ambición de avanzada civilizadora exigía la posesión y explotación de esenciales materias primas. Nada ha cambiado. En Venezuela el petróleo es una materia prima y el Sistema Nacional de Orquestas también.

Jamás aplaudí y siempre critiqué la súper vertiginosa velocidad que el Maestro Abreu imprimió a la 4ta. Sinfonía de Tschaikowsky dirigiendo a la muy noble, pionera y venerable Orquesta Sinfónica Venezuela,. Pero ello no me impide recordar su grandioso “Manfredo”, con el actor Franklin Virguez, recitando intercalado con la Orquesta el Poema de Lord Byron o la espléndida voz de Gustavo Rodríguez narrando a Goethe en Egmont de Beethoven, presentado por RCTV. A veces dirigió sentado en silla de ruedas, en el pódium, con la pierna derecha enyesada por fractura doble tibio peronea; no estaba reposando en un hospital. Estaba al frente de su personal obligación, ofreciendo una magistral interpretación de las Variaciones para Clarinete y Orquesta de Rossini. Perfecto también el Ave Verum Mozartiano producido por Grau-Guinand así como las Variaciones Enigma de Elgar, con Eduardo Marturet. Todo un calendario semanal de títulos hasta la consagración actual de un Sistema de trabajo absoluto. Para este certificado, Sir Simon Rattle, quien vino de Europa dirigió la epopeya Sinfónico-Coral 2da. Sinfonía de Gustav Mahler. Esto es la “Resurreción” de un civismo cultural venezolano y jamás la “Defunción” de un Titanic.

Comparar los músicos del “Titanic” con el Sistema de Orquestas es un frívolo enfado, como cuando se pierde el cupo en la peluquería; una ligereza sin soporte argumental, pero que hiere al conjunto de sus Integrantes de quien Gabriela Montero dice –le creo- amar selectivamente tanto. La Deutsche Welle debe saber que los Integrantes del Sistema no son agentes políticos y no reparten panfletos como algunas voces ventrílocuas señalan. Lo que sí reparten es el orgullo de su filosofía humana y artística, a veces amparados en su vestuario tricolor que ellos iniciaron, inspirados en el vestuario de un deportista, en Cumaná en 1995, como identificación cívica la cual gobiernos y sociedades imitaron. Para algunos una hermosa decoración, pero para el Sistema es el corazón exultante de unos espíritus juveniles venezolanos. Esa es una melodía patriótica y pura de su arte; asimilando el apotegma de Stravinsky: “El pájaro no canta porque tiene una respuesta, el pájaro canta porque tiene una canción”
En el film “Titanic” (1991) aplaudimos el simbolismo de su Director James Cameron, mostrando a unos músicos tocando “Can Can” en una realidad imposible, cuando la muerte trabaja a destajo arrasando las cubiertas de la nave, mientras se enfría, en su taza, el té de un desdichado Capitán. El Director Cameron nos avisa que la súper tecnología electrónica hunde ya la vieja impresionante y agotada civilización industrial de la cual el “Titanic es emblema; pero sobre todo retrata, la fatiga conformista de unas generaciones simbólicas sumergiendo toda su agotada filosofía de vida en las frías y mortuorias aguas del océano. Esta era su mentalidad. Recordemos, en medio de un caos apocalíptico, el diálogo entre un multimillonario elegantemente vestido, bien afeitado y perfumado, con el camarero que le entrega un salvavidas el cual rechazó contrariado diciendo: “si hay que morir lo haremos como caballeros; bota esa basura de salvavidas y tráeme un Brandy”.

La súper tecnología de hoy, rescata al Titanic pescándolo del fondo del mar dirigiéndolo electrónicamente a su antípoda, a la estratósfera. Ya tenemos estación espacial habitada. Ya estamos en Marte. Pero cuidado, es el mismo James Cameron, quien nos advierte que puede hacer el corazón metálico con mente de titanio, de “Terminator” (1984).
Una violencia demencial, escrita por Anthony Burgess y difundida en el cine por Stanley Kubrick, violencia modelo “Naranja Mecánica” está invadiendo todos los pueblos del mundo. Faltas de consenso, ausencias de diálogo, libertades discutidas, negativas fundamentales, restricciones arbitrarias, desabastecimientos primarios y armas mortales en manos de algunos ilegales… esta es parcialmente la filosofía de “La Naranja Mecánica”, más el corolario de muertes causantes del mismo dolor colectivo.

Pero la educativa lectura del Titanic, cuando hay buena fe en buscarla y conocerla, está en una de las más bellas escenas de toda la historia del Cine. En esa singladura cinematográfica, se encuentra, a plenitud, toda la filosofía conceptual humana, artística, musical, social y funcional del Sistema de Orquestas.

Una anciana señora, Gloria Stuart, todavía más bella que cuando la vi actuar exhibiendo su hermosa juventud, en el film “The All Dark House” (1933), del Maestro James Whale; conmueve verla en 1991 -cuyo muy merecido Oscar le fue negado por los aburridos marrulleros de Hollywood- caminar por la cubierta del barco de la vida, como el Sistema de Orquestas, con sus arrugadas manos ocultando un tesoro, avanzando lentamente en la soledad del alba con clámide de sacerdotisa oferente y descalza como la Sibila. Se sube a una baranda-altar referencia elíptica a aquella donde, con los brazos en cruz, en la proa que marca siempre la ruta del futuro, su poderosa juventud gritó “somos los amos del mundo” y con lento movimiento arroja a los infiernos marinos, la pureza celestial de su noble y bendito corazón. El fabuloso collar que azarosamente poseía, no lo utilizó para reforzar su elegante y transitoria belleza, sino la joya, que en el abismo, ilumina la amorosa soledad de su amante compartiendo generosamente su luz, con la serena eternidad comunitaria, no selectiva, de aquellos muertos. Esa es la filosofía, la dación vital educativa, social y redentorista también del Sistema de Orquestas.
Viajar a Disneylandia con los dineros de papá es un derecho legítimo; otra cosa es viajar desde los cerros de El Manteco, Nirgua, o Jacadadiva de Abajo, hasta París, Londres, Roma, Madrid, Viena, Tokio, o Dubai, abriendo culturalmente mentes juveniles, que jamás tendrían esa oportunidad, relegados a un futuro con horizontes solamente virtuales. Niños a quienes el largo de la vara del trombón rebasa la cortedad de su brazo infantil, niñas a las que el arpa que tocan las rebasa en altura y las supera en peso, hasta actuar en las salas musicales más consagradas del mundo, obras latinoamericanas. Es una auténtica integración. Una sorpresa jubilosa ante un público que pregunta entre ovaciones sostenidas de dónde son los tocantes y de qué país la bandera que los cobija. Estos son los vitalistas Integrantes del Sistema de Orquestas.

Una memorable noche, años ha, con el Sistema de Orquestas aún “jojoto”, aún naciente, pero sólo pensando en grande, como piensa siempre la juventud criolla, el Maestro Abreu tuvo la feliz y atrevida osadía de estrenar el el Aula Magna de la UCV el Oratorio de Handel “El Mesías”. Entre tanto nerviosismo por el inmenso desafío sinfónico coral, y porque además el tenor solista que inicia vocalmente el Oratorio no había llegado aún, el Maestro Abreu, muy consciente de la responsabilidad para con el público que ocupaba todo el aforo, incluso los pasillos y escaleras, era el único sereno. Entre tanta agitación que le ofrecía una dorada y legítima oportunidad para poder exhibir su humana vanidad, humilde y silenciosamente le entregó la batuta a su colega y competidor musical Juan Carlos Núñez. ¿Cuál Titanic?.

Cuando el tenor al fin llegó, casi jadeante por el apuro y después de la muy corta obertura orquestal, cantó “a solo” la primera frase del Oratorio “Comfort ye, Comfort ye my people” (Confórtate, confórtate pueblo mío), en ese instante el Aula Magna se convirtió en una respetuosa Catedral oyendo una frase que le afectaba y señalaba política y socialmente. Pero cuando arrancaron los conocidos compases orquestales que anteceden al “Aleluya”, el hoy ya inmortal Maestro Antonio Estévez, apoyado en su bastón, se paró y con él todo el Aula Magna en pie. Aquello no era un exitoso espectáculo musical, aquello era un país, era el alma venezolana saludando respetuosamente tan noble melodía…¿Cuál Titanic?.

Por las cercanías de la actualidad artística se escucha el ruido de un tsunami de pianistas asiáticos, jóvenes y adolescentes cuyas manos, movidas con talento, son arañas con digitación casi electrónica, sin notas falsas y prometiendo arrasar a las estatuas prefabricadas del pianismo contemporáneo, con las excepciones de los argentinos Daniel Baremboin y Martha Argerich, el ruso Eugene Kissing, la japonesa Michiko Ushida, la china Yuja Wang, entre otros

Los chinos vienen imparables, incluso hay un joven adolescente japonés, ciego de nacimiento, que tocando, CIEGO, el Piano Concerto Nº 1 de Chopin y el Nº 2 de Rachmaninoff, obtuvo una Medalla de Oro en el concurso Internacional de Piano “Van Cliburn”. Es con estos niveles, con quien está compitiendo el Sistema Nacional de Orquestas. Es Venezuela rivalizando mundialmente con la Historia. ¿Cuál Titanic?

En la película “All About Eve” (1950), el dramaturgo de ficción le grita furioso a la suprema Bette Davis que exhibe con soberbia su vanidad actoral: “recuerda Margo que no es el piano quien escribe el Concierto”. Pero quien sí lo escribió es quien inventó el Instrumento que hizo posible tocarlo.

El Sistema Nacional de Orquestas no inventó la música, pero sí creó una inmensa plataforma donde toda la población venezolana de todas las edades, independientemente de su condición social, se integren solidariamente, en el mutuo conocimiento, amistad, respeto y ayuda donde fuera posible, para que todas esas culturas regionales diseñen un país de espíritu sano y poder mostrarse orgullosos al mundo entero. ¿Cuál Titanic?.

Hace más de 30 años, cuando yo me subía despreocupado a todo objeto en movimiento, aterricé en un pequeño pueblo Checo, con una Praga hermosa, pero gris, triste y con ausencias cívicas elementales para la vida cotidiana. Allí visioné –por cierto- el mejor cine cubano naciente del momento. Visité una explanada con un mínimo y lúgubre cine. No quise entrar. En su pantalla se proyectaban los crímenes que los Nazis habían ejecutado durante la ocupación. Para honrar el dolor sentido ante aquel horror, Latinoamérica había ideado unas parcelas donde sembraban flores nacionales respectivas; muy destacada –por cierto- la de Colombia. Busqué ávidamente la parcela venezolana y me encontré con la más bella flor que un país puede tener: su generoso corazón. Ante aquel pueblo checo, pobre, arrasado, masacrado y vejado con la mayor crueldad, Venezuela rescató el pueblo devastado y lo injertó con amor y con su mismo nombre en uno de los barrios más importantes de nuestra Capital. El pueblo murió y el barrio caraqueño donde resucitó se llama Lídice. ¿Cuál Titanic?.

La injusta agresión al Sistema por parte de algunas voces nacionales colide con la noble generosidad, a veces anónima de ciudadanos extranjeros. La Señora Elisa Barreto de Wilson, sobrina mía, espontáneamente y por decisión personal, acompañada por su hija Wendy, estudiante de violín, recorrieron un gran número de Escuelas de Londres, solicitándoles regalasen los violines sobrantes, por cambio de grado. Consiguió treinta y tantos de varios tamaños y recibidos por nuestra Embajada en Londres, se los enviaron como regalo al Sistema, para que niños y niñas venezolanos tuvieran para sus estudios un Instrumento tan imprescindible. Madre e hija renunciaron ese día a sentarse cómodamente en el mítico Covent Garden, para obsequiar con amor a unos niños que ni siquiera conocen.

Los Reconocimientos Internacionales al Sistema de Orquestas agotan a los habituales del reconcomio. Más aún, si los galardones de alto nivel académico, – que no son los que risueñamente entregan las buenas señoras que coleccionan mariposas – premian al Maestro Abreu individualmente, a fin de cuentas a Venezuela, el país del que es nativo; entonces, surgen unos reclamos superlativos y gritando como las hidras, olvidan en su inútil y amarga incapacidad que los Premios no se conquistan, se conceden y lo importante no es alcanzarlos sino merecerlos.

Para herir por vía indirecta al Sistema de Orquestas se le reprocha al Maestro Abreu contactar la mano, en los Actos Oficiales de Estado, del Presidente Maduro. Bien, también Maduro estrechó la del Papa Francisco, y nadie pidió romper relaciones con el Vaticano. Ni Abreu se arrodilló ante Maduro ni el Papa prometió canonizar al Presidente.

También increparon al Sistema por lo ocurrido en La Victoria conmemorando en un Acto, también de Estado, pre programado, el Día de la Juventud venezolana, en memoria de los soldados seminaristas y estudiantes inmortalizados en la gesta. Por otra parte, fue con la Cantata Criolla, la doble genialidad del poeta Arvelo Torrealba y Antonio Estévez interpretada en el Centro Nacional de Acción Social por la Música, en Caracas con la Orquesta Sinfónica Juvenil e Infantil de Lara, conmemorando, simultáneamente el 39 Aniversario de la creación del Sistema de Orquestas. Y sí, en efecto, un niño músico de la Orquesta pidió al Director el Mambo (“West Side Story” de Leonard Bernstein) jubiloso y agitado ritmo, ignorando –me informaron- las lamentables muertes que en ese momento ocurrían en otro lugar de la Capital. Pienso y creo que el Mambo no fue solicitado para celebrar ningún deceso. Nadie consciente celebra la muerte de nadie.

Aparte del ocasional suceso el azar quiso subrayar la unión,
como país, de toda la ciudadanía venezolana. Curiosamente, 200 años después de la hazaña de La Victoria (Aragua), los coincidentes dos últimos e idénticos dígitos de una fecha memorable, liga un continuismo espiritual entre ambas generaciones: 1814 – 2014. La injusticia de criterio comparó un suceso ocasional con el naufragio del Titanic. El Destino fue más generoso.
También azarosamente se programó la Cantata Criolla, o sea, el espíritu juvenil, poético y combativo entre Florentino y el Diablo. En esta fáustica contienda literaria, como un rezo colectivo para las dos generaciones cantemos la coda final de la criolla Letanía Mariana acompañando amorosamente su memoria: … ¡Virgen del Carmen Bendita, Santísima Trinidad!

Todos los países inteligentes y modernos envían al cosmos buena nota de su existencia. No tanto a través de su gastronomía o política interna, sino de sus realizaciones artísticas, eso sí, con calificación. La antigua URSS, una semana antes de que el Jerarca de turno hablase en la ONU, mandaba a Nueva York al Bolshoi con boletos “sold out”. La República Dominicana se fortifica como país con el talento de Juan Luis Guerra. Perú ofrece al planeta su excepcional “bel cantista” Juan Diego Florez. Cuba, además de la serena y glamorosa artista, hoy ciega, Alicia Alonso, venerada por todos nosotros, incluso en los Estados Unidos donde jamás le exigieron que abandonase su ideología revolucionaria sincera desde los inicios; el Ballet Nacional de Cuba, por ella fundado, presenta a una joven Vingsai Valdés, que es la más extraordinaria “Kitri” en el Ballet Don Quijote; y qué decir del también cubano Carlos Acosta, cuya genialidad musical y técnica le permite hasta el asombro colectivo, bailar todos los Títulos de cualquier estilo.

Argentina muestra al mundo la “ballerina assoluta” Marianela Núñez, excelente en Bayadera, Lago de los Cisnes, Fille Mal Gardée, danzando las tremendas síncopas musicales de Shostakovich e inmensa, con Carlos Acosta, en Sherezade.

Brasil, donde todo es vitalismo, risa, mar y música tiene una sobrada colección de futbolistas que exporta, pero también a Herman Cornejo, el más fabuloso “Puck” que Nueva York ha visto bailar en el “Sueño de una Noche de Verano”; sin olvidar al correcto bailarín solista , también brasilero, Thiago Soarez, etc. etc.

Cuando tantos, todos los países solicitan al Sistema de Orquestas venezolano imitar la educación social, cultural, musical y redentorista de sus programas como pedagogía de gran ciudadanía y civismo, entonces, surge una automática y espontánea negativa de valores a todo lo que en Venezuela sea digno de reconocimiento. Son los que tienen el alma titanizada con devaluada singladura por el mar de una absurda destrucción. Hace años que no converso directamente, en persona, con el Maestro Abreu. Pueda que yo no tenga talento pero sí tengo la memoria de un ciudadano común y anónimo para agradecerle el prodigioso monumento de la civilización que le proporcionó al país. Gracias Maestro.

Venezuela siempre ha sido históricamente generosa, sobre todo de alma. No puede titanizarse a los herederos de un pueblo que renunció a muchos e importantes objetivos locales para servir en otros mapas. El Maestro Don Andrés Bello viajó al Sur y enseñó a los chilenos, sin desdeñar el lenguaje mapuche, a leer y a escribir pronunciando vocal y rítmicamente el mejor español que se habla en todo el planeta. No puede asombrarnos que Chile sea el único país suramericano que tiene dos Premios Nobel de Literatura en español: Gabriela Mistral (Nobel 1945) y Pablo Neruda (Nobel 1971). Dos pseudónimos geniales, nacidos Lucila Godoy Alcaya y Neptalí Ricardo Reyes. Gracias Don Andrés.

Y es que vivimos en etapas históricas vertiginosamente mutantes que trastornan todas las estrategias puntuales. El ejemplo más notorio es el actual Papa de la Iglesia Católica. Ante el Cónclave se autobautiza, es su derecho, como Francisco, el más humilde y sereno Beato Santo de todos los Santos Beatos. Pero el Papa es Jesuita, pertenece a la Compañía de Jesús, Compañía es un término militar creado hace 500 años para enfrentar la Reforma de Lutero. Pareciera que estos soldados de Dios viven en un éxtasis, ajenos a las duras vicisitudes de las realidades cotidianas. Pero, como nos lo advierte la Biblia: “no te fíes de las aguas mansas”.

Hemos visto al “Franciscano” Pontífice mientras leía una epístola, acariciar tolerante y sin mirarlo, la cabeza de un niño inocentemente rebelde, que incluso se sentó en la Silla Papal. Pero también contemplamos al Jesuita blandir una sólida espada, descabezando a toda una excesiva, mafiosa y corrupta Curia Vaticana de ese momento. Con ello demostró, además, que el manchego Don Quijote tenía toda la razón: no eran Molinos, eran Gigantes. ¡Y de qué tamaño, Santidad!

Hace unos días murió, ya es inmortal, el gran Maestro Simón Díaz, el más grande trovador en la historia de la música popular venezolana. El Maestro Simón que me honró con su amistad, fue también mi profesor en las charlas, a sala llena que daba con frecuencia en el Centro Cultural de La Pastora “Gustavo Meyrink”, hoy –creo- lamentablemente desaparecido para la cultura venezolana. El Tío Simón inventó una genialidad llamada “El Loco Juan Carabina”. De loco, nada y su apellido es sinónimo de un arma que sólo dispara balas de amorosa belleza literaria.
En su obra está en gran parte la solución para un pueblo agitado “que no obedece al freno ni lo paran falsas riendas”. Como nos exige el Maestro Simón, hay que romper el amarre del corazón y evitar que el caballo se desboque.

El Maestro Simón nos ofrece a todos juntar las ganas para que, entre el reverdecido carutal y el florecido guamachito, caminemos unidos, el cuatro afinado al brazo y bajo la luz de la luna llanera, avancemos hermanados por el luminoso camino de San Fernando, es decir, por los caminos fraternales de una Patria en Paz.

No destruyamos pues, irresponsablemente, las ilusiones futuristas y juveniles de la Nación.

LORENZO BATALLAN