“Cuando cada polizonte es un criminal y todos los pecadores  son santos, cuando las cabezas son tallos, llámame simplemente Lucifer, porque necesito cierta moderación. Por eso, si te encuentro, ten un poco de cortesía, ten cierta simpatía y alguna consideración…Me alegro de encontrarte, espero que adivines mi nombre; en realidad, lo que te despista es la clase de juego que me traigo…”
Rolling Stones, “Simpatía por el Diablo”


Por: Joaquín López Mujica (*) Venezuela Sinfónica – Especial | El Jardín de las Delicias (El infierno) – El Bosco


Hace ya alrededor de veinte años, releyendo por azar el  Prólogo al Cielo del Fausto, después de haber releído Serafita de Balzac, creí entrever entre estas dos obras una cierta simetría que no llegaba a descifra. Lo que me fascinaba y me turbaba a la vez en el Prólogo al Cielo era la indulgencia y, todavía más la simpatía mostrada por Dios frente a Mefistófeles Von Allen Geistern decía Dios… “ Mircea Eliade . Mefistófeles y el Andrógino

Ciertamente desde que la humanidad encontró una estabilidad existencial, material y psicológica, esto es, al seguir las pautas conductuales que establecía y legitimaba su cosmovisión mítica, el desconcierto de la fatalidad de la existencia humana, al menos se restauró de manera provisional. No había otra alternativa, sino seguir aquellas conquistas de la espiritualidad humana, capaces de conciliar, al menos en ese primer escenario a las contradicciones de la existencia humana: el miedo primario, la indestructibilidad, el vértigo inicial, la invulnerabilidad, el desasosiego y la angustia, en su estado más puro, absoluto y la duración.

¿Cómo separar toda tendencia al desequilibrio, al desorden, como peligroso momento de inestabilidad tanto psíquica como mental? Ha sido la pregunta que desde los primeros tiempos guió la imaginación y la creatividad humana, primera en su intento originario por perpetuarse, y más tarde, con el surgimiento del pensamiento racional; la cruzada en pos del dominio teórico del mundo. Por fortuna, el grado de evolución de las diversas disciplinas, que han intentado dar cuenta del “fenómeno de lo demoníaco” han insistido en ubicarlo como: aquello que es “potencia hostil”, “laberinto”, “inestabilidad”, “turbulencia”, en general, el choque frontal entre las fuerzas creativas y destructivas inherentes a la condición humana y a su destino.

Aparentemente, resulta distante, hacer converger las apreciaciones y juicios a los cuales podría llegar un historiador de las  religiones, (1) con los eternos problemas a partir de los cuales se ha desarrollado el arte musical. (2) Solo bastaría recordar que en ese amplio escenario inicial, donde se decidieron las pautas cosmológicas, antropológicas, empíricas psicológicas, que más tarde guiarían el universo de la actuación social y el pensamiento, tuvo la música un papel significativo, en igual jerarquía  que otras manifestaciones inmediatas de la creatividad espiritual del hombre arcaico: la actividad para-poética, el pensamiento  analógico, las artes manuales y la intuición pre-figurativa. Música llamada por Mircea Eliade “creatividad fonética” o lenguaje según J.J. Rousseau, para designar la siguiente: “Con mayor razón hemos de pensar que la creatividad fonética debió constituir una fuente inagotable de poderes mágicos-religiosos. Incluso antes de la aparición del lenguaje articulado, la voz humana era capaz de trasmitir informaciones, órdenes o deseos, pero también de suscitar todo un universo imaginario mediante explosiones sonoras y a través de sus innovaciones fónicas. Basta recordar al respecto las creaciones fabulosas, paramitológicas y parapoéticas, pero también iconográficas debidas a los chamanes mientras  preparan su viaje extático, o las relacionadas con la repetición de los mantras, durante ciertas meditaciones yóguicas, que implican a la vez el ritmo de la respiración (pranayama) y la visualización de las “sílabas místicas” (3).

La tematización de la figura del demonio en la cultura musical tiene una historia muy compleja y difícil de desentrañar. La historiografía reciente, la crítica e incluso los estudios especializados, han desarrollado amplios trabajos, pero siempre ligados a las artes plásticas, y la literatura. Ello tiene su explicación por tanto que los temas éticos, gnoseológicos y estéticos relacionados con el arte musical han sido objeto de estudio de una amplia tradición investigativa: tratadistas medievales, pensadores renacentistas, enciclopedistas, paleógrafos musicales, musicólogos y críticos. Difícilmente se ha encontrado un camino plural, desde el punto de vista metodológico, capaz de hacer converger, las posibilidades de las estructuras musicales, consideradas como meta-lenguaje, con los modelos socio-históricos. Si esta conciliación no ha operado en el seno de la investigación de la historia del arte, si ciertamente como apunta E.Gombrich entonces existe un vacío en la investigación histórica de la música. Toda tematización de lo demoníaco en las artes auditivas, necesariamente buscaría un apoyo en el punto de vista de la Historia de las religiones y la Antropología, campos que podrían suministrarle, todas las claves necesarias, para abordar los perfiles rituales, de la creación artística en general y del quehacer musical en particular.

La Historia de la Música en Occidente, parte, al intentar bosquejar su esquema de periodización, de considerar, como punto de partida de la música como disciplina artística, justamente, el momento en que ésta se convierte en un corpus doctrinal, señalando así su notación y demás aspectos y atributos como lenguaje, esto es,  sus códigos, normas, leyes. Reducida asi, a una reion de objeto que solo proporcionaria la mera descripción  de los elementos que la integran, coherencia de su estructura y lenguaje. El universo de la investigación histórica y musicológica se redujo, en mera fascinación de los factores internos que integran las formas del discurso musical. Más con el imperio de la filosofía neopositivista, en el siglo XX, aquellos alcances, recientes de la poética de Stravinsky, novedosos a su tiempo, quedaron excluidos. Había vencido la cacería de brujas, se habrían expurgado todos los presagios metafísicos, en el arte musical.

Eso que hemos llamado mera distracción, es en efecto, el alejamiento de las arte auditivas, de sus fuentes pre-culturales. La formación del corpus doctrinal, que previamente se había confrontado con el microtonalismo y demás presagios de las culturas orientales y en general las no occidentales, no solo había alejado a la espiritualidad del mundo antiguo, de todo aquello que era ya , en las sociedades y civilizaciones pre-helénicas, una solidaridad estructural entre espiritualidad religiosa y condición humana. Ese rasgo recorre todas las estructuras musicales y la creatividad artística del Mundo antiguo y de la Edad media. La formación del corpus doctrinal, demarca la aparición de nuevas formas, la recurrencia y la modificación de los medios y la intencionalidad técnica del arte renacentista: la solfística, la teoría modal y las nacientes pautas del acontecer rítmico. El paradigma del mundo clásico, fue cediendo, en la medida en que no bastaba, la exposición de la mera forma, el continuum sonoro. Por ello, la tematización de todo aquello que se opone, la situación del hombre en el mundo, los nudos de la existencia, las turbulencias, se replantearon en la medida en que encontraron en lo visual, es decir el teatro musical, la escenografía – en la ávida, de una manera de re-capturar, la vivencia del desgarramiento, como una experiencia de reintegración, esto es, de búsqueda de la unidad pérdida. Tal fue entonces la tarea de la sensibilidad romántica desde Beethoven, Berlioz incluyendo Schumann y Lizt hasta llegar al re-planteamiento del combate romántico con Gustav Mahler.

Lo demoníaco, se manifiesta en la música, como el pathos, la fatalidad pero sobre todo, como una energía sonora no potenciada, no realizada. De allí el aporte del sinfonismo de Mahler,  el re-planteamiento del combate romántico. Para ello Mahler trata de oponer a la fatiga del existir, para resolver las tensiones del discurso del noble arte. Recurre y se inspira en las creaciones de la imaginación popular  desde las canciones, leyendas medievales,  cuentos de hadas  y con un nuevo lenguaje, recupera  la acusación a un mundo fragmentado, escindido, hecho pedazos, por el fatum de lo demoníaco.

La unidad del pensamiento musical, las conquistas de este noble arte, se han condensado en la medida en que el flujo sonoro, es decir la energía potencial, encuentra  una instancia de realización, sea en el frenesí de una consciencia desgraciada presente en Berlioz, la exaltación de la espiritualidad colectiva del mundo de Beethoven, la natural ingenuidad del universo de Mozart, el Ethos místico de Mahler, ajeno,  a la ambición titánica, en su obra cumbre también la Novena. Otras conquistas más cercanas a la espiritualidad moderna y la contemporaneidad tardía, fueron anticipadas por el impresionismo, el debate ante el azar, la angustia indeterminada, lo ambiguo, la aparición y desaparición, son tipologías tardías de la figura demoníaca  desde el terror, lo grotesco, horror, hasta el abandono de lo sublime, propio de nuestra sociedad unidimensional. En el discurso sonoro de Ravel, Debussy, está la  verdadera dialéctica de lo sagrado, el tránsito de los polos desde la creación sonora, incesante unida a una inmanente necesidad de detenerse, es el tránsito de la categoría al acontecer sonoro y viceversa. Aquello indefinible, es reconocido como la evocación de un estado sensorial primordial, que como anhelo será virtualmente re-expuesto en el discurso sonoro.

El choque con lo demoníaco en el mundo moderno, la contemporaneidad tardía -lo post-moderno me parece una categoría inexacta- es frontal, es contra  la irracionalidad del acontecer, es el combate con aquello que ha crecido con la concepción de progreso de Occidente. Sin embargo,  desde la propuesta desde Stravinski a Cage y de aquí hasta el universo de la música popular moderna y contemporánea, sus expresiones más radicales y acabadas revelan el itinerario de algo, que se revela contra lo imposible, la mueca, la pesadilla e incluso la locura.

El camino hacia la no-dualidad de la libertad, el flujo libertario de discurso sonoro, como lo que representa las improvisaciones magistrales de Keith Jarreth, representan la victoria ante lo demoniaco. El fluir sonoro realizado y calmo está encontrando un modo de ser todavía inédito y paradójico. Es probable, que en la conciliación del arte musical actual con sus propios problemas, encuentre las salidas que le permitan la abolición de estos condicionamientos, su combate final, con las figuras de lo demoníaco, que aún no abandonan, los perfiles de la condición humana universal y la revaloración{on de las sonoridades locales y viceversa, su recreación, es la cúspide del arte musical.

Citas y Notas:
ELIADE, Mircea: Historia de las Ideas y las Creencias Religiosas. Tomo I. Capítulo II. Editorial Cristiandad.
Madrid. 1978.
JULES COMBARIEAU: “La musique et la Magia:
Stude sur les Origines populaires del l’art musical sur le influence et le function dans les societes”
París 1978.
ELIADE, Mircea: Ob. cit. pag. 44.

JOAQUIN LÓPEZ MUJICA

Nacido en Caracas en 1957. Filósofo, músico, escritor y diplomático.. Graduado en la Universidad Central de Venezuela. Miembro fundador del El Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Profesor durante 16 años. Estudios de Sociología y Economía.  Profesor en la UCV de Teoría Estética, Critica Musical e Ideas Estéticas en América Latina y otros seminarios. Estudios de Postgrado en la Universidad Simón Bolívar. Estudios de Especialización en Política Exterior y Diplomacia Cultural en el Instituto de Altos Estudios Diplomáticos ¨Pedro Gual¨. Profesor en el postgrado de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez en la Especialización en Gerencia Cultural. Fue profesor fundador del IUDEM –Filosofía del arte, historia de la cultura y la música moderna. Miembro fundador de la Orquesta de Instrumentos Latinoamericanos ODILA. Trabajó como Asesor Adjunto a la Dirección del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas. Ha sido miembro del Programa de Personalidades Extranjeras de Francia y su trayectoria aparece en la Enciclopedia de la Música en Venezuela. Ha dictado conferencias en Venezuela, Países Bajos, Portugal, Inglaterra  y Noruega. Como escritor  y editor –pionero en ediciones electrónicas en su país- ha publicado numerosos ensayos, escritos y entrevistas sobre arte, cultura y política. En  el 2006  publicó  en Venezuela  La Proclamación de lo Sagrado, 2006  y escribió el prólogo de Crítica a la Evolución de la Pintura Occidental en Ortega y Gasset de Ángela Calzadilla, 2005. Se desempeñó como Director del Programa Cultural (Flor de Venezuela) en la Expo Universal Hannover 2000.  Entre el 2004-2005 fue integrante del equipo de Análisis Estratégico de la Vicepresidencia de la República y en 2005-2009 fue Encargado de Asuntos Culturales y Prensa de la Embajada de la República Bolivariana de Venezuela en el Reino de los Países Bajos. Como curador de Artes Visuales ha realizado exposiciones en Alemania, Holanda, Reino Unido, Portugal y Venezuela, en esta última en el Museo de Arte Contemporáneo donde ha sido musicalizador, programador y adjunto a la dirección.  En el 2012, fue merecedor de una Mención Honorífica del Premio Nacional de Literatura. Mención Ensayo por su obra intitulada Teoría Crítica de la mentira Mediática.  En la actualidad, como especialista en Política Exterior y Diplomacia Cultural  es invitado permanente a dictar Cátedras, Cursos y Conferencias -en Instituto de Altos Estudios Diplomáticos “Pedro Gual- los cursos de Política y Gestión  Cultural y  Diplomacia Cultural Bolivariana. Desde su regreso en el 2012, de su Misión Diplomática en Europa se desempeña como Asesor de Comunicaciones de Fundamusical Simón Bolívar-El Sistema, simultáneamente con el Centro Latinoamericano de Música-Celam manteniendo columnas en diferentes periódicos del país, dictando conferencia y participando en diversas iniciativas editoriales e intercambio cultural internacional.