Vía: cultura.elpais.com/ROSA SOLÀ

El regista italiano Davide Livermore figuraba como intendente y director artístico del Palau de les Arts de Valencia desde finales de enero, pero con un contrato provisional. El día 29 firmó el definitivo, que le confirma en ambos cargos. Se le libera de la exclusividad, que sí obligaba a la anterior intendente, y la gestión económica queda en manos de Francisco Potenciano (quien ya la llevaba en la última etapa de Helga Schmidt).

Livermore no quiso extenderse en detalles de la programación para la próxima temporada, pues prefería esperarse a la rueda de prensa convocada para este miércoles. Pero sí que anunció el nombre de las cuatro nuevas producciones: Idomeneo (Mozart) , El sueño de una noche de verano (Britten), Café Kafka (del valenciano Francisco Coll) y Silla (Händel). Anunció que habrá asimismo una nueva producción para el Ballet de la Generalitat. Se harán, además, dos coproducciones y el resto, hasta 14 títulos, vendrán en régimen de alquiler. Dos títulos irán al Auditorio superior, otros dos a la sala Martín y Soler (pequeño teatro de cámara) y diez a la sala principal.

Antes había hablado de su pasado. Cantó como tenor desde 1992, y fue asomándose a la dirección teatral y operística hasta que se vio obligado a elegir. Comprendió entonces que la dirección de escena le permitía, a él en concreto, expresarse con un grado mayor de creatividad.

Preguntado sobre la conveniencia de programar algunas óperas poco conocidas por el público, contesta convencido: “En un teatro de ópera tan joven como el de Valencia, se necesita formar al público en el gran repertorio, pero también abrirlo, porque la gente de aquí no ha tenido la oportunidad de escuchar en su ciudad títulos que son ya fundamentales en otras partes del mundo” “Hay que programar obras que sean importantes por su gran belleza, aunque no sean conocidas, y hay que hacer accesible la belleza al chico del último barrio”. La palabra “belleza” y una cierta vena redentorista respecto al arte fueron constantes de su discurso.

Comentó que desearía traer a Vladímir Jurowski en futuras temporadas, que Zubin Mehta volviera a Valencia, y también habló de sus directores de escena favoritos: Paul Curran, Graham Vick o David MacVicar, entre otros. Alguno de ellos ha visitado o visitará Les Arts. En cuanto a los cimientos donde apoya su trabajo como regista, además de su querencia por el cine (tan evidente en las producciones de La forza del destino o el reciente Narciso), responde acudiendo a la historia del arte o la literatura… “La maravilla de la ópera es que puede utilizarlo todo…”

Sobre el nuevo contrato y las diferencias con el de la anterior intendente, indica que se ha eliminado la exclusividad, y que cobrará lo mismo que Helga Schmidt: 67.000 euros anuales más dietas. Christina Scheppelmann, directora artística del Liceu, ganará este año 135.000 euros, y Pedro Halffter cobró 317.000 euros en 2013 al compaginar la dirección artística de la Maestranza con la titularidad de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.

A Livermore se le permite mantener su actividad como director de escena dentro de la casa, que cobrará aparte, aunque reduce su caché en un 50%. “Valencia ahorra dinero con este contrato”, apostilla. También podrá dirigir en otros recintos operísticos, pero disminuyendo significativamente el número de títulos, contando con los ayudantes de dirección (en las reposiciones, el regista muchas veces ni siquiera está), y utilizando los dos meses en que Les Arts se mantiene cerrado. Livermore ha hecho en 2015, además de su trabajo en Valencia, Carmen, Tosca y Billy Budd en Génova, y aún le queda este año una Bohème en Roma y Las bodas de Fígaro en Bergamo. Preguntado al respecto, aporta rápidamente nombres famosos que han compatibilizado la gestión de un recinto operístico, un auditorio o un festival con su propia labor artística, dentro o fuera del mismo: Plácido Domingo, Cecilia Bartoli, Emilio Sagi, Giancarlo del Monaco, Graham Vick, Lluís Pasqual, Valery Gergiev y un largo etcétera.

Cuando se le mencionan los 19 millones de euros citados en varios medios como presupuesto de Les Arts para 2015, Livermore puntualiza, asombrado: “¡Yo no manejo 19 millones! Eso será para nóminas y mantenimiento… el presupuesto artístico asciende a 3.545.219 €. (con esto se realizan o alquilan producciones, se paga a los cantantes y los derechos de autor, se compran partituras, se contratan los refuerzos de la orquesta, etc)” El director turinés quiere hacerse con más patrocinadores, y lo cree posible:“Esta casa es muy fotografiada, y se puede potenciar el patrocinio privado introduciendo algún cambio en el proyecto artístico. Por ejemplo, incluyendo el musical en la programación, pero un musical de calidad que esté a la altura de un teatro de ópera”. Antes, al pedirle su opinión en torno a la infrafinanciación que sufre la ópera valenciana en los Presupuestos Generales del Estado –Les Arts recibe 400.000€ frente a los 8,7 millones del Real de Madrid, los 6,9 del Liceu de Barcelona, o el 1,4 de la Maestranza de Sevilla-, algo denunciado por Compromís en la comisión de cultura del Congreso de los Diputados (septiembre de 2014), señaló que, sin duda, debía trabajarse eso con el gobierno central.

Sobrevolaba toda la entrevista una frase pronunciada por el regista turinés cuando se empezó a hablar de números, y también al hilo de los cambios políticos que se habían producido el día anterior con las elecciones: “Es necesario que los políticos de derecha o los de izquierda contesten a esta pregunta: ¿quieren un teatro de ópera? ¿es ello un valor para la política o, simplemente, un altavoz para la misma?