Vía: El Universal | Por Ángel Gómez
“Los músicos vemos las cosas desde otra perspectiva, somos muy melancólicos a veces” “Mis temas hablan del desamor, de despedidas, de mis procesos… son letras sencillas”, señala la trompetista y cantante.

Linda Briceño

Linda Briceño

Valaida Snow (1904-1956) se llamaba una de las pocas mujeres en el jazz que cantaba y tocaba trompeta de forma virtuosa. La afroamericana aprendió a tocar muchos instrumentos de niña: violín, cello, contrabajo, arpa, acordeón, saxo, clarinete, banjo y trompeta, y además de cantar, bailaba. La venezolana Linda Briceño no llega a tanto pero sí arrebata por igual con su voz y con su instrumento.

La trompetista y cantautora de 25 años recién cumplidos en octubre, presenta mañana, a las 8:00 pm, en el Teatro Chacao, su disco Tiempo, en el que agrupa temas propios, donde el jazz es una constante pero siempre coqueteando con otros géneros como el pop, el funk, el gospel y hasta cuatro y percusión afrovenezolana se cuelan en una de sus canciones.

En mayo, a propósito del Rock&MAU en el Teatro Teresa Carreño, conversaba sobre su vida, expectativas, amores y temores. “Los músicos vemos las cosas desde otra perspectiva, somos muy melancólicos a veces, muy profundos para los tiempos que estamos viviendo, en los que todo es tecnología, donde todo es práctico”, reflexionaba entonces.

Linda Briceño es de hablar pausado. Piensa antes de responder, siempre en tono reflexivo. La primera impresión es la de una chica muy seria, pero al rato suelta una que otra sonrisa y hasta anécdotas de este tipo: “Mi primer sueño de niña era trabajar en una pizzería en San Antonio de los Altos, porque estaba enamorada del chamo que trabajaba allí, pero después crecí y en todo momento quise ser música (sonríe)”.

Hija del virtuoso baterista venezolano Andrés Briceño, Linda fue percusionista antes que trompetista. “Mi papá quería que mi hermana y yo desarrolláramos una conciencia de tiempo casi perfecta, por eso él dice que la mezcla del ritmo con la melodía es sumamente importante. Entonces hizo que estudiáramos dos instrumentos melódicos a la vez y un instrumento de percusión. Yo tocaba el tímpano con las orquestas, pero al mismo tiempo estaba como escondida estudiando clásicos”.

Tenía 7 años cuando ingresó a la Orquesta Sinfónica Juvenil La Rinconada -en la sección rítmica- y tres años después ya estaba grabando como trompetista en un disco producido por Latin World (Tocando tierra). A los 17, Linda Briceño se atrevió a cantar en público…

“En sexto grado sentí curiosidad por la guitarra y empecé yo sola, repetía, componía canciones… descubrí que tenía condiciones pero mi papá nunca me tomó en serio, porque se supone que la que debía ser la cantante de la casa era mi hermana”, recuerda la joven, quien pasó por varias etapas antes. “Dejé la trompeta como por tres años y me dediqué a ser adolescente, al liceo, a que me quedaran materias y me llamaran al representante. Me decido a hacer jazz porque mi papá siente que me estoy desviando: me dio por ser rockera, por ser rapera… entonces me dice para tocar con él en la Simón Bolívar Big Band Jazz”.

Su relación con la trompeta es de amor-odio, como si fuera con otra persona. “La gente piensa que yo estudio horas y horas, pero en realidad hay momentos en que la trompeta y yo tenemos que darnos un espacio para yo dedicarme a la composición, a mi vida, a ser joven. Y los reecuentros son los mejores momentos porque pasan cosas súper emocionantes”.

Sobre su faceta como compositora siente que cada vez la canaliza mejor, aunque, dice, no le interesa hacer música compleja. “Mis temas hablan del desamor, de despedidas, mis procesos de chama a adulta, son letras sencillas, sin esas metáforas sólo accesibles a los compositores; son sencillas porque yo soy una persona sencilla”.

Linda Briceño, quien desde agosto está en Nueva York becada por la New School of Music, quiere hacerse un espacio más allá de la sombra de su padre. “Ser su hija tiene sus pros y sus contras; yo he tratado de alejarme, no en lo artístico, sino en lo que la gente conozca de Linda, lo que ella misma está haciendo, de hecho, me fui de mi casa hace mucho tiempo y estoy tratando de conseguir mi propia voz, es un proceso duro, pero él lo ha sabido entender”.

La artista cierra con una aspiración: “Por ser hija de Andrés Briceño y sobrina de Rolando Briceño, la gente está esperando yo me convierta en una gran artista de jazz, espera grandes discos, canciones súper complejas, pero yo soy todo lo contrario: quiero llegar a mucha gente que no tenga idea de lo que es el jazz”.