www.elfaradio.com | por MARÍA VELASCO

God bless América por haber creado el jazz. Y sí, es verdad que el jazz nace de la influencia europea, africana y caribeña, pero sólo en América semejante mezcla podía dar lugar al regalo que constituye el jazz.

Los afroamericanos que bailaban los domingos en Congo Square, New Orleans, a finales del siglo XIX, no podían imaginar que años después su música arrasaría en media Europa en el periodo de entreguerras, o en pleno siglo XXI, ahora, cuando el jazz, y sobre todo el swing, vive una segunda juventud.

Que el swing está de moda es innegable. Colaboraciones de lindy hoppers en vídeos musicales, anuncios de televisión con bandas sonoras inconfundibles, y toda una estética y estilo de vida. El swing es alegría y diversión, es el jazz más dulce y el lindy hop más loco; es amistad, lucha y rebelión. Y gusta. Mucho.

El viernes, el Palacio de Festivales se quedó sin butacas libres ante el escenario en el que The Original Glen Miller Orchestra deleitó a los asistentes con noventa minutos de “sonido Miller”, por unos coronado como el rey del jazz, por otros disputando la corona con Benny Goodman.

Y la orquesta vino a lo grande, con todo el atrezzo propio del sonido swing de Glenn Miller: bajo la batuta del veterano Ray McVay, The Irresistibles Andrews Sisters hicieron las delicias del público con unas voces armónicas enfundadas en faldas lápiz, pura estética pin up de los años treinta. Colin Anthony y Catherine Sykes consiguieron que, al cerrar los ojos, imaginásemos a Sinatra, Bennet o Ella Fitzgerald sobre el escenario. Y los Jiving Lindy Hoppers nos enseñaron el lado más frenético del swing, el Lindy Hop, la esencia del Savoy neoyorkino en la calle Gamazo.

La música de Glenn Miller transporta al otro lado del charco, un auténtico lindy hop que nos lleva a recorrer el Mississippi en un Natchez con sonido de clarinete, a un garito oscuro de Chicago en los años treinta o a un clandestino en la Europa dominada de los años cuarenta, y The Original Glenn Miller Orchestra, una de las mejores big bands americanas de jazz es el vehículo perfecto para hacer ese viaje. Creada hace casi treinta años, ha mantenido la estructura de la orquesta original, con algún que otro arreglo en su acervo de canciones.

Si bien la carrera de Glenn Miller fue breve, también fue de lo más intensa, con números uno en las listas de música durante semanas. In the mood o Moolight serenade probablemente sean las canciones más reconocibles del sonido Miller, sonido que el pasado viernes inundó el Palacio de Festivales de Santander.