Se dice que cuando Gustav Mahler componía su ovacionadaSinfonía N°2, entre 1888 y 1894, atravesaba por un intenso momento de conflictos interiores, y que esta potencia emotiva dotó a esta obra de gran eficacia estética. “¿Con qué propósito has vivido? ¿Para qué has sufrido? ¿Ha sido todo una broma terrible? Debemos responder a todas estas preguntas si hemos de seguir viviendo, y si hemos de morir después. Yo doy mi respuesta en el último movimiento de esta sinfonía”, dijo el genio checo- austríaco en su momento. Su obra maestra, también conocida como Sinfonía Resurrección, se estrenó en 1895 por la Filarmónica de Berlín, bajo la dirección del propio Mahler.

Vía:  www.latercera.com/ Por Constanza Troncoso M.

Hoy y mañana, la Orquesta Sinfónica de Chile abordará esta compleja obra en el marco de su concierto N°10 de la temporada 2016. En esta ocasión, la agrupación estará acompañada del Coro Sinfónico de la Universidad de Chile, -dirigido por el maestro Juan Pablo Villarroel-, la soprano Patricia Cifuentes y la contralto Claudia Lepe.

El concierto será dirigido por el maestro ruso Leonid Grin, quien cuenta con una trayectoria de primera línea: fue director general de música de la Saarländisches Staats Theater, de Saarbrücken, en Alemania; director de la Orquesta Filarmónica de Tampere en Finlandia, y asistente, durante 10 años, de Leonard Berstein en el Instituto Filarmónico de Los Angeles, EE.UU. Actualmente, se desempeña como titular de la Orquesta Sinfónica, cargo que ocupa desde 2013.

En términos técnicos e instrumentales, ¿Cuál es la complejidad de afrontar una obra como la Sinfonía Resurrección?

“La mayor complejidad de esta obra tiene que ver con las cuestiones filosóficas de la vida y la muerte, y qué sigue después. Es una cuestión tan profunda que uno de los grandes trabajos del director es el de convencer a cada músico de la filosofía detrás de la obra. Además el lenguaje musical de Mahler es tan rico que requiere una preparación especial de cada músico del conjunto. Parte de ese trabajo es encontrar los propios énfasis en la partitura, lo que requiere un análisis de ella a fondo por parte del director y pasar por el proceso de ensayo haciendo a todos conscientes de sus funciones específicas en la realización de la obra. A través de este proceso se encuentra el equilibrio también entre las diferentes fuerzas”.

Gustav Mahler ha llegado a ser hoy casi tan popular entre los aficionados a la música clásica como Beethoven. Sus sinfonías se tocan y se graban constantemente y la propia Sinfónica de Chile volverá a abordar su obra a fin de año, donde tocarán la Primera Sinfonía.

¿A qué cree que se debe este fenómeno? ¿Cuál es ese ‘encanto’ que Mahler provoca en el público y los directores de orquesta?

“Todos los compositores, incluso los grandes, esperan tener su tiempo. Beethoven y Mozart durante sus épocas tenían sus propias dificultades para que su música fuese tocada. Mahler tuvo un destino similar. A su vez, su música fue considerada por algunos como vulgar, provincial y de mal gusto. Creo que la música de Mahler representa de manera elocuente el estrés de la vida a finales del siglo 19 y principios del 20. Hacia el final de su vida, su música se tocó más frecuentemente”.

De las nueve sinfonías que Mahler compuso, la Segunda Sinfonía es una de las más populares ¿Por qué cree usted que logra tanta conexión con la audiencia?

“Yo diría que el principal atractivo para el público es la grandiosidad y la magnitud de la obra. Es la declaración del triunfo de la resurrección, la idea representativa detrás de la obra, y que siempre resuena con cualquier alma humana”.

Como director de orquesta, ¿Qué enfoque le dará, romántico como Leonard Bernstein o cerebral como Pierre Boulez?

“Mi enfoque de este trabajo es tan romántico como intelectual. Creo que la interpretación de la música de Mahler de Bernstein sirve como el mejor defensor para el compositor”.

¿Qué conclusiones saca después de casi tres años al frente de la Orquesta Sinfónica de Chile?

“Me gusta mucho mi trabajo con la Orquesta Sinfónica de Chile. Es un grupo de destacados músicos que toman con seriedad y responsabilidad sus puestos de trabajo. Por desgracia, la sala de conciertos actual no es adecuada para la calidad de nuestra orquesta nacional.