«Si analizamos las músicas populares de todo el planeta, nos damos cuenta de que el Barroco nunca murió», asegura García Alarcón

Vía: www.lanacion.com.ar | Por Helena Brillembourg
Crédito fotografía Silvana Colombo

Quizás su nombre no sea muy conocido aquí, salvo para aquellos que aman y estudian la música compuesta entre los siglos XVI y XVII, pero en Europa todos conocen a este argentino, a quien muchos consideran el referente barroco de la actualidad y también el responsable del éxito que están teniendo las óperas compuestas durante ese período. Tanto es así que luego de haber dirigido en 2016 Eliogabalo, de Francesco Cavalli, que se presentaba por primera vez en la Ópera Garnier, templo musical de Francia, producción que tuvo un éxito tremendo (y que también significó tener por primera vez a un argentino dirigiendo en ese lugar icónico), al año siguiente su director, Stéphane Lissner, le propuso estar al frente de la producción con la cual se celebrarían los 350 años de la Ópera Nacional de París (que también marcaría la celebración de los 30 años de la Ópera de la Bastilla) y que se estrena el 27 del mes próximo. Una decisión que no ha debido de ser nada fácil, puesto que Lissner, quien también estuvo al frente del Teatro della Scala en Milán (primer director no italiano en la historia) lo seleccionó, aun sabiendo que muchos directores franceses hubiesen querido estar en ese lugar.

Desde que en 1669, bajo el reinado de Luis XIV, se dio inicio como tal a la Ópera Nacional de París, siempre ha sido considerada una institución de referencia dentro de la lírica. Por tal razón, el título para conmemorar este aniversario debía tener un significado muy especial. Compuesta en 1735 por Jean-Philippe Rameau, Las Indias galantes es una ópera-ballet en la cual se muestra esa mirada ambigua que en Europa se tenía de los «otros mundos», esos que estaban lejos de la corte y que están presentados a través de cuatro actos que tienen lugar en Turquía, Perú, Persia y algún otro lugar «salvaje» de América. ParaGarcía Alarcón, hacer esta producción (es la primera vez que una ópera barroca va a ser representada en la Bastilla) va a representar una gran batalla. «Hay algo muy fuerte para decir: ‘Vamos a llevar a estas Indias galantes a un nuevo milenio y se las vamos a mostrar al público parisino’. Van a cantar los mejores cantantes franceses que nunca lo habían hecho juntos. Con Cappella Mediterranea seremos 65 músicos. Jamás se había visto una orquesta barroca tan grande, será toda una revolución. Ya me puedo imaginar la reacción, habrá quienes nos tirarán cosas y otros que gritarán contentos. Cuando uno dirige en esos lugares se siente una gran presión, pero por suerte Francia tiene todavía esa pasión para defender su patrimonio cultural».

El régisseur, Clément Cogitore, es un joven director francés, de 33 años, cineasta y artista plástico con una propuesta explosiva. Va a trasladar la acción a la París de hoy para mostrar que ese «otro» que consideramos lejano hoy lo tenemos en nuestras mismas calles. García Alarcón confiesa que quedó transformado luego de escuchar su idea y que han hablado mucho sobre ella. «De alguna manera es la síntesis de la globalización y del miedo que puede generarse cuando hay lugares que piensan generar fronteras en este momento de la historia en que lo que se busca es abolirlas. Su trabajo es fascinante y está en la línea de lo que hago. Yo lo llamo ciencia ficción, está la parte de la ciencia, en que el músico tiene la obligación de conocer todos los documentos que rodean la obra y lo que pasó en torno a ella, para luego, y esto sería la ficción, hacer el discurso que quieras con ella. Reconstruir una pieza de museo no lleva a nada, reproducir la música como se hacía en el Barroco es algo que nunca vamos a poder hacer, basta con ser un poco inteligente para saber que nunca podremos tocar como Bach o Rameau y eso es muy importante para estar fuera de la pretensión».

Cuando a los 8 años recibió el folleto 24 (venía con casete) de la Enciclopedia Grandes Compositores de Salvat -que cada semana le regalaba su abuela-, que correspondía a Johann Sebastian Bach, se embarcó en un viaje de vida del que jamás volvió. Apoyado siempre por sus padres, el director afirma que al principio ese camino fue de estudio propio y que fue gracias al Bachillerato de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata que pudo continuarlo. «Este sistema que existe en mi querida ciudad debería de replicarse en todas las ciudades, fue lo que me dio la plataforma para mi carrera. Al terminarlo mi deseo era ir a estudiar clave con Christiane Jaccottet en Ginebra, me fui con 19 años y solo 500 dólares, pensando que no me aceptarían. Pero lo hicieron y desde 1997 hasta 2005 estuve dedicado al estudio. Hice el Máster de Dirección de Ópera Barroca, algo que no existía, pero es de esas cosas increíbles de Ginebra, en donde se adaptan a las necesidades del alumno. Al recibirme, pensando que tendría que regresarme de nuevo a la Argentina, me ofrecieron ser el profesor de esa cátedra que se inauguraba conmigo, así que me quedé».

Leonardo García Alarcón: la batuta argentina de la que habla toda Europa

Su carrera la ha desarrollado en lo que García Alarcón describe como el triángulo francófono: Ginebra, París y Namur. Algo que al principio no parecía posible puesto que son tres ciudades con administraciones diferentes, pero que han logrado coincidir a través de estos proyectos musicales. «Integrada por argentinos, franceses y belgas, en 2005 fundé Cappella Mediterranea, y con ella empezamos a grabar con el sello del Festival de Ambronay (el más prestigioso de música barroca). La prensa francesa comenzó a hablar de nuestro grupo y comenzamos a recibir premios y recibir ofertas para hacer óperas. Empezaron a contactarme como director independiente de mi orquesta, incluso con orquestas modernas, y me ofrecieron, también, ser el director del Coro de Cámara de Namur (Bélgica). Todo esto ha significado mantenerme en varias tareas, en un camino que ha ido creciendo y que hoy nos tiene parados frente a esta celebración de la Ópera Nacional de París».

A pesar de que en la Argentina hay excelentes profesores y músicos dedicados a la música antigua, para el director, quien quiera dedicarse a vivir de esto no tiene otro camino que ir a Europa. «Acá no existe un sistema de producción para que los artistas puedan vivir de su música. No se puede vivir haciendo solo 3 o 4 conciertos por año. Se necesita mucho más que eso».

Entre el clave y la dirección musical y vocal, García Alarcón también se dedicó a la investigación y ha recuperado obras de compositores que estaban olvidados y que son joyas compuestas durante los siglos XVI y XVII. «Me he comido las bibliotecas como una verdadera rata. He conocido maravillas (desde partituras guardadas en iglesias, hasta las del Vaticano, Venecia, Lisboa, Madrid y las bibliotecas particulares de grandes familias patriarcales) y puedo decirles que allí hay ópera para rato. Por ejemplo, la partitura de El diluvio universal, de Michelangelo Falvetti, me la entregaron completa y estaba olvidada en Sicilia. Ese oratorio ha tenido un éxito increíble y ya vamos por la representación número 50. Las óperas de Cavalli están todas en la Biblioteca Marciana, en San Marco, y hay 20 que nadie ha tocado nunca. Y hay muchos otros ejemplos: La Finta Pazza, El Prometeo y muchas otras. A Francia he llevado obras de su propio patrimonio que ellos desconocían. La mayor parte de esta música que se encuentra en estas bibliotecas aún no está digitalizada, es un mundo al que le falta todavía mucho por descubrir».

Para el director, seguir haciendo grandes obras -como la Misa en Si Menor, de Bach- resulta una catarsis transformadora, algo que no se siente con cualquier cosa, pero, además de estas, tiene también la necesidad de llevar al público las de compositores desconocidos. «A ellos los defiendo como una militancia, son todos genios que fueron olvidados por problemas económicos, básicamente. Hoy podemos hacerlos gracias a la difusión de las grandes obras que fueron abriéndoles el camino a estas otras. Mi trabajo lo completo con obras de música popular que escuchaba en mi infancia, algo que he comenzado a hacer de a poco. Allí está De vez en cuando la vida, el disco que hicimos con canciones de Serrat y música antigua catalana. Pero en realidad cuando grabo Serrat siento que sigo haciendo Rameau, aunque diferente».

Es que este músico afirma que en realidad no le gustan las diferencias de razas musicales. «Soy un admirador del fenómeno musical y este es el mensaje que con Cogitore vamos a llevar con Las Indias galantes: en arte no existe la posibilidad de catalogar seres humanos e inteligencias, porque es muy peligroso. Ni los grandes compositores aceptarían eso, Monteverdi y Mozart iban a los pubs a tocar música popular. El Barroco construye de manera centrífuga con todo lo que existía para convertirse en un laboratorio de emociones humanas en música. En realidad, si analizamos las músicas populares de todo el planeta, nos damos cuenta de que el Barroco nunca murió».

Una idea de colores para un gran proyecto

Como si todos los logros alcanzados hasta ahora no fueran importantes, hay un deseo que García Alarcón lleva adentro desde el mismo instante en que empezó a hacerse conocido en Europa y a darse cuenta de que iba a poder vivir de su pasión por la música: darle oportunidad a tanto talento que existe en la Argentina y que no encuentra la plataforma adecuada para desarrollarse.

«Va a ser muy difícil hacer una síntesis de esto que con tanta fuerza quisiera que sea una realidad: se trata de crear un sistema, al que me gustaría llamar Arco Iris, que una a Europa y América Latina (en principio, sería en Brasil y la Argentina) para el estudio, el desarrollo y la cooperación musical. No es una simple idea, hay algo ya trabajado y sé que hay grandes mecenas dispuestos a formar parte de esto. Se necesitaría, antes que nada, una legislación adecuada que garantice que a esos recursos asignados no se les va a dar ningún otro uso y que [el proyecto] va a mantenerse fuera de toda orientación política. Estoy dispuesto a reunirme con quien sea necesario para llevar esto a buen término».