Los legados de personas que trascienden y se perpetúan en la historia, no son aquellos cuya vida fue exitosa, sino aquellos cuya vida impactó y transformó positivamente la vida de otras personas.

Legado y trascendencia

Leonardo Montúfar, director de Orquesta venezolano y gerente Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela

Hay países que tienen la fortuna de ser ricos en minerales, recursos naturales, infraestructura, economía… pero la mayor riqueza que puede ostentar un país es su gente, y cada cierto tiempo surgen personas con el don de transformar a una persona, a una familia, a una comunidad, a una ciudad, a una región, a una sociedad o a un país, pero los hay incluso más extraordinarios, aquellas que son capaces de impactar y transformar vidas y sociedades en el mundo entero, y esa fortuna, esa riqueza, esa bendición la tuvo Venezuela a finales del siglo XX y principios del XXI, específicamente a partir de 1975, en un ser humano, un ciudadano, un patriota y un ser profundamente religioso llamado José Antonio Abreu Anselmi, nacido en Valera, estado Trujillo, en los Andes venezolanos

Pero surge la pregunta, ¿y que se necesita para trascender, para dejar un legado?, la respuesta es muy sencilla, hacer lo que hasta ese momento se considera imposible, tener la convicción y poder de convocatoria para que otros confíen en su ideal a ciegas, ser constante, visionario, persuasivo, y sobretodo valiente. La respuesta es clara, lo realmente difícil es la práctica, y fue precisamente esa práctica la que le tomó al maestro José Antonio Abreu 43 años de su vida para trascender, para dejar un legado a través de un proyecto utópico denominado El Sistema.

Todos quienes tuvimos la dicha de ser cobijados y amparados por este proyecto, llegamos a el por casualidad, por referencia, por derecho, por invitación, por ilusión, por necesidad… y una vez dentro comprendimos de primera mano el significado de una de las más célebres frases del maestro José Antonio Abreu que reza “vamos a mostrar a nuestros hijos la belleza de la música y la música revelará a nuestros hijos la belleza de la vida”. De esa manera impactó el maestro José Antonio Abreu en nuestras vidas, mostrándonos la belleza de la vida, inculcándonos valores, principios, sentido de pertenencia y compañerismo a través de la práctica musical colectiva, enseñándonos un noble y digno oficio, confiándonos un instrumento musical o un cargo de altísima responsabilidad apenas conociéndonos, incorporándonos a una gran familia independientemente de nuestras habilidades o discapacidades, abriéndonos el mundo y con el los mejores escenarios y maestros, haciéndonos patriotas y embajadores de nuestros país, enseñándonos a través de su ejemplo, entre muchas otras cosas más.

Hoy nos embarga el dolor por la partidos física de nuestro maestro, padre y líder, nos duele saber que ya no estará físicamente para el consejo oportuno, para la indicación y corrección necesaria, para el llamado de atención obligatorio, para la ayuda segura, para el regaño merecido, para la diligencia y resolución de un problema, o simplemente para su sola presencia física que lo cambiaba todo, pero debemos entender que su legado ahora radica en convertirnos cada uno de nosotros en un José Antonio Abreu. Preservando sus ideales y convicciones, en tomar su ejemplo y maneras de actuar cuando las circunstancias nos obliguen, en ser dignos ejemplo de su proyecto.

José Antonio Abreu, el maestro Abreu, no ha muerto, se ha multiplicado en millones de niños, niñas, jóvenes, padres, profesores, ciudadanos, maestros, presidentes y líderes mundiales que hoy día reconocen en él a un luchador incansable que logró consolidar a través de su esfuerzo, sacrificio, habilidad y astucia, un proyecto que se consideraba utópico, y que ha servido de inspiración y hoy es replicado por más de 50 países.

Gracias a la providencia divina por haberle dado a Venezuela un ser como José Antonio Abreu Anselmi, fuimos y somos privilegiados de haberlo tenido, de haberlo seguido y de haberlo dejado influir en nuestras vidas. ¡Todo el honor y toda la gloria querido maestro Abreu!