Vía: diariouno.com.ar | Por Fernando G. Toledo

¿Representa para el Estado un “lujo caro” contar con una orquesta sinfónica? Esa pregunta flota por el aire desde hace mucho, pero la bruma de la duda parece haber regresado con toda su fuerza esta semana a Mendoza.
La Filarmónica provincial está luchando por mantener en el puesto a su directora titular, la prestigiosa Ligia Amadio. Una irregularidad legal le quitó la batuta: fue votada su continuidad automática el año pasado, pero hace unos días, el Ministerio de Cultura comunicó que eso quedaba sin efecto. Y que debía, si quería seguir en su puesto, presentarse por quinta vez consecutiva a concurso.

Ligia Amadio

Ligia Amadio

Con los músicos en pie de guerra –denuncian una interpretación errónea de la ley de parte del ministerio–, otra explosión acalló la música el jueves: la Fiscalía de Estado detectó una incompatibilidad prevista por la Constitución provincial, que prohíbe a los músicos que integran ambas orquestas cobrar dos sueldos estatales.

Así, la semana inicia con una incógnita para ambos organismos: en 10 días, los músicos “incompatibles” deberán optar por sólo uno de los dos ensambles y dejar vacante su cargo, y su sueldo, que puede oscilar entre los 10.000 y los 20.000 pesos.

En el caso de Amadio, además del “vicio legal” que, a ciencia cierta, no debería dejarla fuera del podio de la Filarmónica, parecen jugar otros factores.

La conductora es, para muchos, una de las más brillantes de Latinoamérica. Pero por eso mismo es reclamada por otros organismos que quieren tenerla al frente. Pagar ese prestigio no parece ser del agrado total de una administración de Cultura que pretendería que la directora (o cualquier otro que esté al mando de la orquesta provincial) dirija más conciertos de los que dirige Amadio. Y que, si se lo compara con otras realidades, entran en lo que es la media de un director titular.

La conclusión parece ser clara: la directora brasileña le queda grande a la Filarmónica. No por la calidad de los músicos que la integran, sino por la realidad económica de Mendoza. No se explica, de otro modo, que por un simple vericueto haya tanta tirantez. Si se cuenta que una directora como ella requiere de pasajes internacionales y alquiler de un departamento, parece que eso eleva demasiado lo que el Gobierno provincial está dispuesto a pagar.

De esto puede hablar a las claras la Sinfónica de la UNCuyo, que luego de un largo trabajo en pos de elegir su titular, cuando se decidió por el estadounidense Stefan Lano, este pidió dolarizar su sueldo y fue así que tuvo que marcharse casi sin mover la batuta.

El factor económico pesa, y mucho, en la vida y la continuidad de las orquestas, sean públicas o privadas, de aquí o de allá.

Claro está que algunas son más prestigiosas y generan, por eso, mayor flujo económico. Pero aún en lugares con mayor tradición, la crisis afecta a todos los organismos.

En octubre del año pasado, los músicos de Alemania (epicentro, junto con Austria, de la música clásica) hicieron huelga como protesta por el vaciamiento de las orquestas. En un país que forma a numerosos músicos de enorme nivel, las últimas dos décadas han significado la pérdida de 2.500 puestos de trabajo debido a la desaparición de las orquestas o a la fusión de unas con otras para ahorrar presupuesto.

La paradoja de todo esto es que muchos directores prestigiosos hoy en día cobran sueldos estratosféricos. Lorin Maazel, Zubin Mehta o nuestro Daniel Barenboim no cobran menos de 50 mil euros por concierto, por ejemplo. Si un artista puede conseguir ese caché es, simplemente, porque alguien lo puede pagar. ¿Cómo lo consiguen?

Quizá la cuestión está en decidirse. Las orquestas en Mendoza pueden no ser masivas, pero tampoco generan la atención de unos pocos. Hay un público: una parte de él formada y otra en formación (gracias, entre muchas otras cosas, al Festival de Música Clásica por los Caminos del Vino, que arranca en seis días). Si trabajan en su perfeccionamiento, y aumentan su calidad y cantidad de músicos, es probable que las orquestas también amplíen su convocatoria.

Fuera de eso, la decisión de que sigan vigentes, como un símbolo de lo que representan para el arte en la historia, queda en manos de gobernantes y administradores. Si bien una orquesta es cara, lo son también muchas otras iniciativas.

Justo en el momento en que, merced al gran nivel de la Escuela de Música y de las orquestas infantiles que han empezado a pulular, la decisión que se tome al respecto marcará en buena medida la posibilidad de que los mendocinos (y turistas) oigan también música orquestal. O que para hacerlo deban viajar a Alemania. Siempre y cuando también allí alguien, aún, permita que sigan existiendo.