Vía: La Nación.com.ar, Escrito por Pablo Gianera | El principal peligro de los discos -también de los conciertos- centrados en el encadenamiento de arias consiste en que, desvinculadas de su situación original -la ópera a la que pertenecen-, las piezas elegidas, por más logradas que sean individualmente, sufren un menoscabo dramático y se convierten en simples canciones que transcurren en el vacío. Villazón/Verdi , CD recién publicado por Deutsche Grammophon, podría haber sido uno más de los innumerables discos de ese tipo grabados por innumerables cantantes. Pero, imprevistamente, pasa lo contrario: Rolando Villazón logra la proeza de que se resignen esas reticencias.

Rolando Villazón (Verdi)

Rolando Villazón (Verdi)

El dramatismo intransigente de Villazón no es ninguna novedad, pero se revela aquí algo más: la inteligencia para transmitir musicalmente el sentido de la palabra cantada. En un video promocional, Villazón decía que si fuera posible encontrarse con Verdi le formularía una única pregunta: ¿cómo debe hacer un artista para ser servicial a su música? Villazón demuestra haber develado ese secreto por sus propios medios. Esto se advierte ya en la manera conmovedora en que quiebra la voz y rompe la línea de canto en el aria “Ciel, che feci!” que canta Riccardo en el segundo acto de Oberto, Conte di San Bonifacio , la primera ópera de Verdi: pocas veces habrá resultado más estremecedora la palabra “sangue” que como la canta aquí el tenor mexicano. Una buena porción del mérito le corresponde al director Gianandrea Noseda, que al frente de la orquesta del Teatro Regio Torino restituye admirablemente esta atmósfera en la que cada aria necesita respirar.No faltan por supuesto dos pasajes de Rigoletto : la ineludible “La donna è mobile” y, sobre todo, una electrizante lectura de “Questa o quella”, en la que Villazón exhibe una fantástica sensibilidad rítmica. Tampoco La traviata queda excluida. Pero el viaje que propone Villazón tiene con todo paradas menos previsibles. Ahí están entonces un aria de Don Carlo (“Fointainbleau! foresta inmensa e solitaria!”), “Ingemisco tamquam reus” de la Messa da Requiem y, especialmente, dos romanze en la orquestación de Luciano Berio. Por un lado, la festiva “Brindisi” y la nostálgica “In solitaria stanza”; por el otro, “L’esule”, con su orquestación magistral y verdaderamente verdiana. La imaginación colorista de Berio brilla especialmente en la detallista versión de Noseda .

El disco, que se inicia con Oberto , concluye con la última aria que Verdi escribió para tenor, “Dal labbro il canto estasiato vola”, de la tardía Falstaff . El orden cronológico es otro acierto. Si se escucha Villazón/Verdi de principio a fin, el efecto que depara es el de un gran paisaje sonoro, con sus cambios de color y de trazo, en el que cada aria puede entenderse como la instantánea de una maduración.