Budapest, Hungría (23 enero 2015).- Este martes 20 de enero, poco después del mediodía y ante una selecta veintena de invitados procedentes de todo el mundo, nos fue develado el secreto mejor guardado de Hungría. Un verdadero “secreto de Estado”, dado el papel que asumió el Gobierno local al brindar el soporte necesario para las investigaciones que fueron pertinentes para gestar este proyecto, cuyo prototipo hemos podido escuchar finalmente: un nuevo modelo de piano creado acorde a los altos ideales sonoros de uno de los más grandes pianistas húngaros de la actualidad: Gérgely Bogányi (Vác, 1974).

Cuando retiraron el manto que cubría el instrumento las reacciones no se hicieron esperar: hubo muchas cejas levantadas y miradas que iban de la negación al asombro. Más que un piano, ¡aquello parecía un batimóvil! Una vez asimilada la impresión, la sinuosidad de sus líneas acabó por remitirnos, efectivamente, a un vehículo cuya mera mención es también sinónimo de excelencia en la alta ingeniería: el Lamborghini.

Ya desde el siglo 19, Lajos Beregszászy (1817-1891) había sentado los precedentes para revolucionar el piano pero han debido transcurrir cerca de dos siglos para que otro compatriota suyo encabezara al equipo que, por fin, lo lograría.

Para dar vida a ese sonido clarísimo, casi etéreo que Boganyi tenía en la cabeza, se contó por más de una década con la entrega absoluta de tres reconocidos expertos: Attila Bolega, que fue el constructor en jefe; el diseñador Attila Péter Üveges, quien además de idear su forma revolucionaria -de entrada, este piano de cola posee solamente dos patas, en lugar de las tres proverbiales- desarrolló el policarbonato del que está recubierto y que, más allá de darle un bello acabado, le beneficia manteniendo mucho más tiempo su afinación al aislarlo y protegerlo de los cambios de temperatura, la humedad, la resequedad y el polvo.

Al afamado técnico Jozsef Nagy se le debe que a las más de 18 mil partes que conforman éste instrumento y de manera similar a lo implementado por la casa Bösendorfer, se sumaran teclas adicionales al extremo de su registro grave, cuya resonancia por simpatía añade una mayor riqueza armónica a su voz; virtud que se suma a la notoria cualidad “cantábile” de su sonido que, aunque ya no lo parezca, sigue originándose por percusión y para ello se emplean los mismos mecanismos Renner que utilizan otros prestigiados fabricantes de pianos.

Tras escuchar sobre las innovaciones que le distinguen y al propio Bogányi tocando obras de Bach, Mozart, Liszt, Chopin y Debussy, el jazzista neoyorkino Gerald Clayton fue invitado al escenario a probar el instrumento para demostrar su versatilidad y, tras esta presentación, a especialistas; ampliamente cubierta por los medios locales, las expectativas del público por asistir a los diferentes recitales que tendrán lugar durante el resto de la semana en la capital húngara con el nuevo instrumento como punto focal, han agotado prácticamente el boletaje.

Tal y como los mejores violines de la Crémona del siglo 17 son conocidos por el nombre de su fabricante, éste piano, del cual todavía no se sabe qué precio tendrá (“si acaso, será un poquito más caro que cualquier piano de primer nivel”, me confía Gérgely) y que tardará siete meses en ser surtido a quien desee el suyo, pues solamente se fabricarán sobre pedido, lleva ya, por nombre a manera de marca, el apellido de quien se atrevió a soñar un sonido más allá del tiempo: Bogányi.