El israelí Lahav Shani, que en septiembre de 2018 y con solo 29 años se convertirá en el director más joven de la historia de la filarmónica de Rotterdam, llevará la batuta de la orquesta holandesa en el año de su centenario.


EFE | Rotterdam (Holanda) | María López Fontanals

“Un director tiene que ser capaz de comunicar a la orquesta para que surja la magia”, explica a Efe Shani (Tel Aviv, 1989), cuya carrera despegó en 2013, con el prestigioso premio internacional Gustav Mahler, galardón alemán dirigido a promocionar la carrera de jóvenes directores.

Desde entonces, la crítica ha destacado su labor como director por su “capacidad de liderazgo y madurez” y su “musicalidad natural e intuitiva”, aunque el joven prodigio no cree que la edad sea una condición especial.

Para Shani, que hasta el momento solo ha trabajado como director invitado y no titular, “la primera vez, es siempre la primera vez” y se siente “muy feliz” de que su salto profesional ocurra en una orquesta en la que desde el primer momento se sintió “muy cómodo”.

“Me sentí como en casa, por lo que creo que de aquí pueden surgir grandes cosas”, dijo Shani, que debutó con la orquesta de Rotterdam el pasado junio.

El precoz talento musical asegura que “hubo comunicación desde el primer momento” con los músicos.

“Nos dimos cuenta desde el principio que funcionaba”, explica, antes de añadir que también la audiencia se dio cuenta de que hubo una “conexión real” entre los músicos y el director, por lo que “la respuesta del público fue de gran entusiasmo”.

“Las energías explotaron en el escenario, como dos átomos que explotan”, aseguró.

Más allá de la gestualidad y movimiento que los melómanos pueden apreciar cuando un director sube al escenario, la tarea de este profesional “es mucho más complicada de lo que parece”, pues ha de ser capaz de “unificar bajo su propio concepto de la musicalidad el criterio de todos los músicos que componen la orquesta”, algo que tiene un gran “componente psicológico”.

Empezar a trabajar con una orquesta es como “una cita a ciegas” que nunca sabes si va a funcionar, relata este joven músico.

No obstante, un aspecto muy importante a la hora de elegir una orquesta es, además de la profesionalidad, que “los músicos y el director trabajen en una misma dirección”.

“Al final todo va sobre la conexión entre personas, no hay reglas, a veces funciona y a veces no, pero lo importante es usar el mismo lenguaje y que los músicos quieran explorar todas las posibilidades de la música y trabajar en la misma línea que tú”, comenta.

Por eso, en su opinión, “una orquesta debe trabajar para conseguir la mejor calidad, pero sobre todo debe haber inspiración, que se note la energía y que no teman a la hora de explorar la musicalidad lo máximo posible”.

Shani empezó su carrera en la música como pianista y más tarde como contrabajista y, aunque conoce bien la profesión porque su padre también es director, durante mucho tiempo ni siquiera se planteó “la dirección como una opción”.

Sin embargo, llegó un momento en el que sintió que debía explorar esa línea porque se “enamoró” de esta “magnifica experiencia humana” que es una orquesta, resultado de un “esfuerzo colectivo”.

“Pocas cosas son similares a dirigir una orquesta, pero probablemente algo que lo hace único y seguramente incomparable con cualquier otra cosa es que debes conseguir que cientos de personas actúen al unísono y busquen el mismo objetivo, respetando sus peculiaridades”, explicó.

“Creo que hay mucha emoción en algo así y quiero formar parte” de ello, añadió.

Shani sustituirá al canadiense Yannick Nézet-Séguin, quien seguirá como conductor honorario a partir de 2018, año en el que la filarmónica de Rotterdam celebrará el centenario de su fundación.