Vía: Dossier33

En invierno, la aurora boreal se despliega a cielo abierto todas las noches. No hay carreteras para moverse entre las poblaciones. Todo está cubierto por una espesa capa de hielo, donde la única forma de trasladarse es a través de trineos, impulsados por blancos lobos con mal carácter. Los viajes pueden durar entre cinco y seis horas. En estas condiciones bajo cero, la única forma de sobrevivir es envolverse con incómodos trajes de foca. En Groenlandia la realidad es blanca nieve.

El Sistema en Groenlandia

El Sistema en Groenlandia

A Ron Davies Álvarez le importó poco la distancia que existe entre las tierras calientes caribeñas y las gélidas temperaturas escandinavas. Hace un año se mudo al corazón del ártico para unirse al proyecto musical que se levanta en la isla Uummannaq, en Groenlandia, donde trabaja con los niños de un orfanato reproduciendo el modelo del Sistema de Orquestas de Venezuela. 

Todo comenzó cuando fue seleccionado para realizar una gira junto al maestro Joel Spielgeman, importante compositor y pianista, actual director de orquesta en Moscú. Con su violín lo acompañó en varios recitales que realizaron en Copenhague, Dinamarca y en varias ciudades de Groenlandia. Así se topó con el proyecto Uummannaq music y con la directora del programa, Galya Morrell, periodista norteamericana que le invitó a repartir sus conocimientos musicales entre los niños del orfanato.
Uummannaq significa corazón”, señala Álvarez al preguntarle sobre la isla donde está viviendo desde hace un año.
“Atiendo un grupo de 35 chamos, víctimas de historias difíciles, con familias desintegradas. Mi función es llevarle alegría, porque más allá de que toquen bien los instrumentos, el trabajo emocional es lo más importante”.
Cuenta que el primer choque fue cultural. En poco tiempo tuvo que aprender danés, groenlandés e inglés para poder comunicarse. “Ahí me di cuenta que la música es un lenguaje universal”, recuerda con una sonrisa, porque sus primeras clases fueron en español y nadie le entendía.
Llevar el modelo del Sistema, sin embargo, no fue fácil. La enseñanza de la música en grupos no es muy común en Europa. “Por eso fue un éxito, porque ves los resultados de inmediato. Esa es la virtud del modelo venezolano”.
La experiencia le ayudó al momento de enfrentarse a las historias de violencia de estos niños. Su trabajo en Venezuela está atado a los barrios de Guatire, “por eso sabía que la práctica orquestal era la forma de ayudarlos, porque aprenden valores como el respeto por el otro, a escuchar a tu compañero. La enseñanza se da por imitación, si en Venezuela uno hace metáforas pedagógicas con los árboles, aquí debía decirles que tomaran el arco como si fueran las garras del oso polar. Pero lo mejor viene al final, con los aplausos, cuando ves las caras llenas de orgullo por lo que hacen”.

La visión de Ron funcionó. Tanto que ahora en Groenlandia hay un núcleo del Sistema venezolano, que trabaja con una temperatura media anual de -31°C. La idea es quedarse un par de años más y luego entregarle el testigo a alguien que viva en Uummannaq. “Porque mi trabajo está aquí en Venezuela. Yo no he pensado en irme, aquí falta todavía mucho por hacer”, sentencia.