Disectamos la fórmula del glamour que definió a María Callas dentro y fuera del mundo de la ópera

Vía: www.elnuevodia.com | Por Paola Fernández

“No soy un ángel ni lo pretendo. No es uno de mis papeles. Pero tampoco soy un demonio. Soy una mujer y una artista seria y así es como me gustaría ser juzgada”, – María Callas 1923-1977

La Divina, ésa era María Callas. Soprano, enigma, diosa, artista…  amada,  odiada,  abundan las palabras que encapsulan esta mujer hecha mito en vida e inmortal en la muerte.

Durante este fin de semana y el próximo, los puertorriqueños tendrán en escena la recreación de un pedazo de su vida que captura específicamente las sesiones magistrales que ofreciera a estudiantes de la Escuela Juilliard de Nueva York entre 1971 y 1972, previo a su retiro de la interpretación en 1973.

En la pieza Master Class de Terrence McNally, que se presenta en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, Maria Callas es interpretada por la actriz Jacqueline Duprey quien la describe como “una diosa griega” y añade, “tenía el arquetipo de una Clitemnestra, una Electra. La gesticulación (en escena) es “divine”, le decían La Divina por eso”.

Más que una voz

Aunque no cabe duda que el calibre de la voz y el poderío interpretativo de Callas sobre el escenario en La Gioconda, Aida, Tosca, Norma, La Traviata, Lucia di Lammermoor, Medea, entre otras, cimentaron su carrera y la hicieron una estrella de la ópera, este astro del bel canto supo destacar su magia más allá del mundo artístico.

Una figura presente en el ‘jet-set’ internacional, Callas, cuyo nombre de pila era  María Anna Sofía Cecilia Kalogeropoulos, supo como destacar sus atributos y redefinirse como luminaria del glamour. Su rostro, silueta y estilo son para muchos características  tan reconocibles como su voz.

Inspirados en la elegancia de Callas, particularmente, en el periodo que recorrió la década del cincuenta, desarrollamos este despliegue fotográfico en el que colaboraron Duprey, junto a Ángel Virella y Alexander Class, ambos a cargo de la transformación de la actriz en La Divina para Master Class y la  ‘stylist’ de Por Dentro, Claudia Madrid.

La transformación

En la reinvención de un artista está la clave para mantener el interés propio y el de otros.  Callas comenzó su evolución desde el momento en que empezó a estudiar música y canto a los 7 años en Nueva York y luego en Europa. A medida que sus destrezas, moldeadas y fortalecidas por diferentes maestros y directores crecieron, su imponencia al interpretar personajes la harían una fuerza inolvidable en el mundo de la ópera siendo las décadas del cuarenta y  cincuenta sus años de mayor productividad. A finales de los cincuenta y ya en los sesenta, el poder que una vez tuvo su voz se vio comprometido por problemas de salud.

Sinembargo, la transformación de Callas acaparó más que sus cuerdas vocales viéndose en 1953 un drástico cambio en su peso. Perdió unas 60 libras. El misterio de cómo ocurrió esta baja de peso alimentó la leyenda de Callas. Rumores que aun perduran le atribuyeron su delgadez a un parásito intestinal conocido como “la solitaria”. Comentario que la soprano desmintió explicando que su nueva figura era resultado de una dieta. Se conocía que la misma consistía de mucha carne semicruda lo que pudo haber contribuido a que, en efecto, hubiese tenido algún parásito intestinal.

A partir de 1954, la joven que había sido una niña y adolescente con problemas de obesidad y acné dejó de serlo. “Ella se hace famosa cuando era obesa y adelgaza siendo una mujer famosa y estando con su primer marido Giovanni Battista. Con ese cambio drástico dejó de ser María la artista solamente, era también María la mujer y ahí se enamoró de Onassis (Aristóteles). No creo que es casualidad que ella empieza a encontrarse como mujer en esa pérdida de peso y se divorcia de un hombre viejo como Battista, 30 años mayor que ella. Se enamora de otro hombre (Onassis) que le da otra sexualidad. A ella se le avivó la sexualidad y el sentido de la moda, ambos, cuando pierde peso”, opina Duprey.

Parte de este señalamiento se hace eco en las palabras de Giuseppe Di Stefano en el documental “Maria Callas: Life and Art”.  El tenor italiano, quien compartió memorables momentos con Callas en famosos teatros de ópera y mantuvo una amistad con la diva a lo largo de su vida,  señala sobre Callas que “no solo quería ser admirada como soprano”. Según revela en el documental: “Quería ser bella, quería ser admirada como mujer”.

Las fotos de María Callas apoyan estas afirmaciones, desde mediados de los cincuenta, la vemos vestida de Christian Dior, Givenchy, Balmain y la diseñadora milanesa Elvira Leonardi Bouyeure alias Biki, creadora de muchos de los vestuarios de Callas dentro y fuera de los escenarios. De acuerdo al libro de Cristina Morató, “Divas rebeldes”,  Biki y su socio, Alain Reynaud, fueron responsables de guiar a Callas en su camino al glamour que, en 1956, la lleva a ser nombrada una de las 10 mujeres más elegantes del mundo.

Además de Biki, otro diseñador que vestiría a Callas con frecuencia en los sesenta y compartiría con ella,  fue Yves Saint Laurent. Pero, además, su  guardarropa contenía  piezas de Pucci, Gucci, Lanvin, Arnell,   Malcom Starr, Oleg Cassini y Fendi.

Aunque la vestimenta de Callas mantuvo desde temprano en su vida una línea clásica y elegante, los escotes (“strapless”, V, “scoop” y  asimétricos) y estilos ceñidos que favoreció luego de rebajar la hacían foco de miradas llevando el ojo a apreciar su esbeltez. Se dice que Callas llegó a pesar 119 libras con una estatura de 5’8”. Duprey opina que, en ese momento, la estrella estaba “más segura de su cuerpo y de su sentido de mujer, se sentía más bella, más segura desde la moda”.

Al recrear el aura glamuroso de Callas en los cincuenta, la ‘stylist’ Claudia Madrid comenta que se enfocó en la búsqueda de vestidos  “ultrafemeneninos, con una silueta que acentuara la cintura unidas a  joyas y pieles muy presentes en su  imagen”.  En 2011, el estilo de La Divina fue  celebrado en la   exhibición  “María Callas: una mujer, una voz, un mito”  curada por Bruno  Tosi, coleccionista y presidente de la Asociación de María Callas.

La esencia de su elegancia

El glamour acompañó a Callas hasta el fin de sus días. Es recordada como epítome de gracia y estilo. “Era una mujer que su sentido de glamour, y de clase y de gusto no era ‘fake’. Creo que eso le venía como por osmosis. No sé si era el asunto mediterráneo, ese sentido griego. Tal vez se debe a exponerse a ese mundo de la ópera, ese mundo de compositores refinados. Había un refinamiento en ella y era como un ‘second nature’ y lo llevaba a la moda, aun de obesa, aunque no le permitía lucirlo al nivel que lo logra lucir cuando rebajó”, afirma Duprey.

Callas, según allegados, aborrecía la vulgaridad y  no escatimó para revelarse como la estrella que era y que brillaba a la par con figuras Hollywoodenses como Marilyn Monroe y Grace Kelly con quienes aparece en fotos de esa época.

Entre las piezas claves que definieron su estilo en los cincuenta figuran los zapatos con taco de aguja, las pieles, los guantes, los tocados y sombreros y las joyas. Siendo una de las prendas mas fotografiadas, una gargantilla de diamantes y rubíes que le obsequiara Battista y que en 2004 subastó Sothebys por $280,000 (el doble de lo estimado). De hecho muchas de las exquisitas alhajas de casas como Harry Winston, Van Cleef & Arpels y Bulgari así como ‘bijouterie”  elaborada con cristal Swarovski por Ennio Marino Marangoni,  ajuares  y otras  pertenencias de la  diva fueron  subastadas.

Belleza mediterránea

La fisonomía de Callas, de padres griegos, y nacida en Nueva York, reflejaba sus raíces mediterráneas: grandes ojos color café, labios carnosos, nariz prominente,  cejas espesas todo esto enmarcado en una cabellera negra y abundante. Rasgos que serían, exagerados con maquillaje teatral para sus presentaciones y acentuados en su rutina diaria, así construyendo la huella indeleble del rostro de Callas en la cultura popular.

Para la puesta en escena y la transformación de Duprey en Callas, Angel Virella diseñó un maquillaje basado en esta descripción. “No hay mucho en cuestión de colorido vamos más bien a definir las facciones y la forma del ojo a través del  ‘eyeliner’ negro con el  ‘cat-eye’  que ella siempre usó, porque lo usaba en escena y fuera de ella también”.  El maquillaje que toma una hora en realizarse, ayuda a agrandar rasgos de Duprey. “María tenía los labios, la nariz  y los ojos más grandes que Jacqueline y jugamos con luces y sombras al maquillar para lograr el mayor parecido entre las dos”.

Por su parte, Alexander Class, a cargo del arreglo del cabello de la actriz, destaca que Callas realzaba, a través de  peinados con volumen, su elegancia. “Ella hacía más dramáticas sus facciones, cuello y altura. Acuérdate que cuando estás ‘on stage’ quieres que ese público te vea grande y los peinados altos con cierto volumen ayudaban a lograr eso”.  Para Master Class, “hice un medio moño con volumen en la parte de arriba que  es el  peinado  usado para la  puesta en escena en pasados años. Pero igual, volvemos a lo mismo, es el uso de volumen para aportarle elegancia. Esa imagen imponente de diva”, puntualiza el estilista.

Esa imagen  unida a un gran talento y una personalidad gigantesca han hecho  María Callas inspiración y obsesión de miles a través del tiempo. Desde Amy Winehouse a Isabella Rossellini, Paz Vega, Tyne Daley, Dolce & Gabbana, Norma Aleandro, Yolandite Monge, son muchas las interpretaciones y reencarnaciones de La Divina pero solo una daría vida a la leyenda.

Ella, en palabras de Duprey, “no era una mujer común. Pienso que  sabía  que no vino al mundo a pasar desapercibida”, vino a ser  La Divina.